La manera de practicar la masonería revela el estado de espíritu del masón, y su desarrollo revela la finalidad con la que uno se ha incardinado en la masonería


lunes, 31 de octubre de 2016

1 DE ENTRE LOS 9 MAESTROS EN LA BUSQUEDA DE HIRAM


Reçueil

Encontré leyendo un Ritual del Grado de Maestro, fechado en 1788, un pasaje insólito que despertó toda mi curiosidad, porque no recuerdo haber escuchado o leído en ninguna otra parte algo similar.

Por tanto, investigué y no encontré nada de particular en los rituales de hoy día implementados en el seno del Rito Francés Moderno o Tradicional, ni en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado o el Rito de Emulación, pertenecientes a distintas obediencias.

Pero aún todo, el simbolismo que vi en ese pasaje me hace pensar sobre la desaparición de textos en las versiones sucesivas del Rito Francés, y como no, de otros ritos que se vienen produciendo desde finales del siglo XVIII, lo cual no deja de ser lamentable. Digamos que es una verdadera pérdida, y producto de una lamentable ignorancia.

Tal vez alguien pueda pensar que esto es producto de lo que yo pienso, y para contrarrestar esto voy a sintetizar mi breve investigación histórica, no sin antes indicar que me he beneficiado con la ayuda- puntual pero muy útil- de algunos historiadores, archivistas o conservadores, tanto del GODF como de la GLDF.

Mi interpretación simbólica del pasaje de la elevación al tercer grado hallado el ritual de 1788, cuyo título exacto es «Reçueil des trois prémiers grades de la Maçonnerie, sous la denomination d´Apprenti, Compagnon et Maitre, Colección de los tres grados de la masonería, bajo la denominación de Aprendiz, Compañero y Maestro) fechada en 1788 y firmada por “ un ex Vble.” que dedica ese documento “ a todos los Venerables M. de las Logias Regulares»  y cuyo documento es denominado comúnmente  como el Ritual Berté que fue su descubridor.

El documento en sí, consta de 184 páginas y efectivamente abarca los tres grados de  la francmasonería llamada simbólica, y cuya reproducción facsimilar se debe a la atención que presta a estos temas un historiador francmasón como Pierre Mollier, Bibliotecario del GODF, que lo publicaba en 2001 en Editions A l´Orient.

El episodio al que me refiero comienza en la página 151, cuando Hiram ya ha muerto, y su cuerpo enterrado por los tres malvados compañeros en el monte Sinaí, el rey Salomón se inquieta por los tres días consecutivos de ausencia del arquitecto. Los MM. le proponen partir en su búsqueda, pero Salomón, para evitar llamar la atención de los asesinos, designa a Nueve Maestros, a suertes, los cuales parten en búsqueda de Hiram por los alrededores de Jerusalén.

Estos convienen en encontrarse en el Monte Sinaí- denominado «de las acacias» recorriendo nueve leguas a la redonda, tres partiendo de la puerta del Norte, tres por la del mediodía y tres por la de occidente.

En este punto del relato, el Muy Respetable Maestro, abandona el Oriente y viene a ubicarse al pie del ataúd, dando a su alrededor tres vueltas junto a los otros HH, sondeando la tierra con la punta de su espada.

Terminados estos viajes, el Muy Respetable Maestro, vuelve al Oriente y prosigue el relato.

Los 9 Maestros Masones han viajado durante el peído indicado y el noveno día, se encuentran en el Monte Sinaí como habían convenido.

Se lamentan unos a otros de su infructuosa búsqueda, y es entonces entra en juego el episodio que tanto me ha interesado: Los 9 Maestros Masones que buscaron a Hiram durante 9 días, tres por tres, 9 leguas a la redonda, sin encontrar nada, de todos ellos, 8 deciden regresar a Jerusalén.

Por tanto, uno de ellos, el noveno rehúsa (página 152-153), asegurándoles que no partirá sin haber revisado hasta el más pequeño de los rincones del Monte.

Y así sucede el noveno, dicen algunos rituales que fatigado (aunque el Recuil… nada indica al respecto), y decide sentarse ante su infructuosa búsqueda tomando una rama de acacia. 

De este modo, de repente, descubre que la tierra alrededor estaba recientemente removida, y se preguntó: ¿por qué será eso?

Analizando las distintas posibilidades, llamó a los demás, y cavando hallaron un cadáver cubierto con un paño ensangrentado, con una escuadra en la cabeza y un compás a los pies, el cadáver estaba con la mano derecha representando el signo de Compañero, y el brazo izquierdo a lo largo del cuerpo, y la pierna derecha en escuadra, estando la otra extendida.

Ante la sospecha de que pudiese tratarse de Hiram, levantan el paño y descubren que efectivamente es el Maestro Hiram.

El ritual sigue desde aquí según los ya conocidos pasajes conocidos en el Rito Francés.

En este sentido encuentro este pasaje destacable por varias razones simbólicas que voy a exponer pero además porque pienso que es la primera vez que leía un relato circunstancial sobre estos eventos que entrañan el descubrimiento del cadáver del Maestro Hiram, cuando en general la mayor parte de los rituales antiguos o contemporáneos son- a mi entender- bastante pobres y parcos en ese aspecto del hallazgo del Maestros Hiram.

Y al ir al Recuil de 1788”, encontré que este pasaje no fue considerado como anecdótico por el Venerable redactor y/ o sus predecesores.

En efecto, en el catecismo que sigue (páginas 170-171), el episodio y su enseñanza se recuerda (dejando la ortografía de la edición):
  • P. ¿Qué hizo después Salomón? (después que consideró probable el asesinato del su arquitecto)
  • R. Como todos los Masones se dedicaban con celo a esa búsqueda, el sabio rey les dice que no podían ausentarse todos sin levantar sospechas y en consecuencia hizo elegir nueve a suertes y reenvía a los demás a sus talleres.
  • P. ¿Qué decisión tomaron los nueve maestros que cayeron en suerte?
  • R. Convinieron en separarse de tres en tres, de revisar los alrededores de Jerusalén nueves leguas a la redonda y encontrarse todos en el Monte Sinaí.
  • P. ¿Cómo partieron?
  • R. Tres por la puerta del Norte, tres por la puerta del Mediodía y tres por la de
    Occidente.
  • P. ¿Qué éxito tuvo su empresa?
  • R. Viajaron por nueve días sin hacer el menor descubrimiento.
  • P. ¿Dónde se reencontraron?
  • R. Sobre el Monte Sinaí.
  • P. ¿Cuál fue su resolución?
  • R. Ocho de entre ellos resolvieron retornar a Jerusalén, pero el noveno, más celoso, protesta (en el sentido del siglo XVIII significa declara, promete) que no retornará antes de haber revisado toda la montaña.
  • P: ¿Qué ocurrió entonces?
  • R. Que después de la partida de los ocho Maestros, el noveno se vio necesitado de descansar y se apoyó sobre una rama de acacia que se le queda en la mano; esa fue la causa para que examinará más de cerca el lugar y observando que la tierra había sido recientemente removida, llamó a los Maestros.
  • P. ¿Qué hicieron?
  • R. Se pusieron a cavar y a cinco pies de profundidad hallaron un cadáver con el signo del Compañero, cubierto con un paño teñido de sangre con una escuadra a la cabeza y un compás a los pies y habiendo uno de ellos levantado el paño que le cubría el rostro, reconocieron Adonhiram asesinado. Etc.
Simbolismo de este episodio ritual
Estoy tan interesado en el origen de este pasaje del Ritual de Elevación a la Maestría del Recuil de 1788, y es debido a que dicho descubrimiento me ha hecho considerar nuevas formas del compromiso masónico y sobre todo un soporte ritual y simbólico para la comprensión simbólica que pueda tener.
  • ¿Qué me dice ese pasaje?
  • ¿Cuál es su enseñanza?
Observemos con un poco más de cuidado la redacción en la Colección (Recuil) de 1788., cuyo pasaje sugiere muchas enseñanzas esenciales; y por tanto la interpretación no podrá estar muy apartada respecto a las formulaciones adoptadas.

Ese pasaje nos indica cosas esenciales acerca de la manera en que ha sobrevivido la Tradición, sobre la manera en que la Luz prevaleció y sobretodo en la manera en que la transmisión se efectúa, a pesar de los ascetas y de sus renuncias.

Este pasaje, a su vez nos hace tomar conciencia de nuestro poder en el escalón individual masónico, pues con que uno solo asegure la transmisión y con que uno solo prosiga… la Orden resurgirá con su ideal.

Todo esto no sería comprensible si se imaginase como un ejercicio filosófico de pensamiento en un mundo en que el ideal masónico verdaderamente desapareciera junto con nuestro ideal de verdad dentro del espíritu de cada cual y de fraternidad entre todos.

Un mundo en el cual no sería posible de realizar materialmente y de concebir en nuestros espíritus eso que nos reúne aquí hoy… ¿Qué sería ese mundo? Si ninguno de nosotros hace nada, pues bien  ese mundo bien puede llegar. 

Cuando renunciamos a un esfuerzo útil para la Fraternidad, nada, absolutamente nada nos puede garantizar que alguien lo hará en nuestro lugar; y si decimos que de todos modos habrá alguien que lo hará … bueno, pues no sucederá.

El simbolismo del Noveno Maestro recuerda eso que le decimos ante todo al nuevo iniciado en nuestro ritual de Iniciación al Rito Francés «Cada ocasión de ser útil, que él (como francmasón) no aprovecha, es una infidelidad, cada vez que se rehúsa, comete perjurio».

Dicho de otro modo, nosotros todos, aunque no de la misma forma, llevamos toda la masonería sobre nuestras espaldas cuando nos convertimos en Maestros Masones. Y aun así renunciáramos, no estoy seguro que pudiésemos escapar al Deber que libremente pactamos.

El Noveno Maestro, se niega a renunciar, conscientemente y deliberadamente.El Noveno Maestro está, al igual que los otros ocho elegidos, fatigado, exhausto.

Pero su conducta nos describe un Maestro Masón que no usa su fatiga como argumento, ni sus dudas o incertidumbres para renunciar o abandonar, y sobretodo no emplea el clásico argumento ese de que sus esfuerzos son infructuosos o que son inútiles. No busca excusarse para cesar en sus esfuerzos.

Él ha adoptado una postura radical, comprometida que no le deja otra elección que se justamente lo que ha elegido ser: un maestro, un «buscador», para hacer todo lo posible en encontrar, completar su misión.

Los otros ocho maestros, «estaban afligidos ante la inutilidad de su búsqueda: así es que (ellos) resolvieron retornar a Jerusalén». 

El Noveno Maestro no pretende retener a los otros ocho Maestros: su decisión está tomada, implícitamente desde el principio. Él no les juzga ni les retiene. Su comprensión y ayuda no le son necesarias para determinar su conducta. Nada hay que le indique lo que debe hacer ni le anima. Es soberano en su juicio y sin el deseo de convertir al otro por autoridad o por convicción, para tranquilizarse por ser numerosos.

Si él no les juzga, el episodio ritualístico subraya en qué punto su actitud es en sí misma, una crítica: la búsqueda de los otros ocho, a sus ojos, está incompleta y sería necesario ir más lejos para lograr su propósito.  Así que los eventos que siguen le dan la razón a esa crítica.

Los otros ocho, habían decidido abandonar. Desde ese punto de vista, el Noveno Maestro nos indica «donde» debemos centrar nuestra crítica del mundo y como: en y por nuestros actos y no por la simple palabra.

La crítica formulada en palabra no cambiará nada. Formulada en actos, cambia al mundo existente, es decir demostrando que eso que estimamos necesario y justo, es posible.

Se trata entonces de una crítica por el estado de hecho, una enunciación en el acto de nuestro rechazo.

Se puede considerar que el Noveno Maestro deviene en Hiram rehusando renunciar a encontrar su cadáver, lo que simboliza el rechazo de ver morir la Tradición que llevaba y encarnaba, decidiendo unilateralmente convertirse en el puente entre los Maestros pasados y los por venir. 

La búsqueda y el descubrimiento del cadáver de Hiram simboliza entre otras cosas la continuidad de la Tradición masónica y del conocimiento del arte de la construcción (de hombres y sociedades humanas) a pesar y gracias a la muerte del Maestro.

Las cualidades que hacen a un maestro Constructor, ¿no son justamente las que permitieron encontrar a Hiram?

El mito simboliza esa continuidad, no importa la adversidad: Hiram debe ser asesinado y el cadáver debe ser encontrado.

Es interesante estudiar la estructura del mito en sí.

En el fondo, Hiram renace en el nuevo Maestro, el Noveno porque es el que realiza las cualidades que hacen al Maestro que se niega a abandonar la búsqueda, el que encuentra al Maestro. Se encuentra una enseñanza parecida en el extremo oriente donde se diseñaron las iniciaciones con la ayuda de un ideograma (dô en japonés, tao en chino) que literalmente designa la ruta, el camino, la vía. Como si los motivos y las condiciones del caminante se confundiesen con el objetivo….

También hay que interrogarse sobre las otras posibilidades rituales imaginables implementadas en otros rituales, pero me parece que hay por lo menos tres escenarios tipo» alrededor del descubrimiento del Maestro:

1. La casualidad o la providencia permitieron a los buscadores encontrar el lugar.
Es la tesis que la mayor parte de los rituales actuales recogen. Se encuentran indicios de una manera que parece efectivamente providencial. Sin embargo, esa tesis a menudo-no siempre- apela a la perspicacia de los HH: ellos deben detectar cualquier signo que les permita dar un resultado favorable a su búsqueda: hallar la tumba del maestro.
2. La investigación. Esto necesita hallar culpables, hacerles confesar, recolectar indicios, testimonios, etc.
Es la opinión sostenida por diversas formas de los Altos Grados, especialmente los de Venganza.
3. La obstinación o dicho de otro modo, el compromiso. Es la tesis original de la Colección de rituales del Marques de Gages de 1788. El Recuil

Aquí los detalles que parecían providenciales ya no lo son, puesto que todo  deviene en un asunto de tiempo, esfuerzo, compromiso en el sentido de rehusarse a abandonar.

Queda solo una cierta dosis de perspicacia en las reacciones del Noveno maestro.

Pero el punto original es la introducción de la obstinación en los factores y donde las cualidades aseguran la perennidad de la Orden. Esa tenacidad se disimula detrás de la terminología del siglo XVIII.

La enseñanza por preguntas y respuestas, a modo de catecismo indica: que el noveno, mas celoso, protesta que él no retornará antes de haber revisado toda la montaña”.

Celoso, ¿no es acaso la antigua palabra para «comprometido»? y la pregunta sería: ¿podemos traducir «Celo» como “compromiso radical”? en el sentido etimológico de «radical», o sea: aquello que está en la raíz de las cosas o de los seres? 

Se puede ver que la comparación de rituales permite identificar los factores que permitieron el descubrimiento del Maestro Hiram…en nosotros mismos.
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Esas cualidades están en número tres: el Método, la Tenacidad y la perspicacia.

Se discierne una dosis sutil de cualidades psicológicas- la tenacidad u obstinación- y los efectos del ejercicio de la razón- el Método.

La última cualidad- la perspicacia- proviene de dos registros pues ella es tanto el ejercicio de las facultades de razonamiento del espíritu humano como de las facultades más intuitivas más ligadas a lo emocional.

En todo caso, el destino de la búsqueda del Maestro Masón no se abandona más al azar o a los caprichos de la providencia.

Es interesante poner esas cualidades en paralelo con los tres personajes encarnados por los tres malvados Compañeros- la Ignorancia, el fanatismo y la Hipocresía- y con las tres facultades principales del espíritu enunciadas durante la Iniciación: el Sentimiento, la Inteligencia y la Voluntad- o sea el Corazón, el Intelecto y la puesta en acción, el hecho. 

En la filigrana de nuestros rituales y de nuestro simbolismo existe toda una teoría de la acción- eso que se denomina la praxiología- de y sobre el espíritu humano y de las ideas prácticas para dirigirse hacia la Luz.

Este episodio del Noveno maestro participa por la puesta en escena de las cualidades necesarias para la búsqueda de la maestría masónica que no se a abandonado a otras interpretaciones al azar por la pobreza de las versiones contemporáneas de otros Rituales de Elevación a la Maestría.

Nuestro ritual del Rito Francés no es inofensivo.

Puede leerse en él la necesaria tenacidad en la búsqueda, la importancia del método (recomenzad vuestra búsqueda poniendo un cuidado más minucioso), con el ejercicio de la perspicacia (con el descubrimiento de un montículo con una rama de acacia, calificada de «indicio»).

Pero la escenografía no permite la personificación de tales cualidades como lo hace el Recuil de 1788 del Marqués de Gages.

Esta personificación es una de las técnicas que permitirían la identificación, es decir ese proceso de interiorización por el cual hacemos nuestras las nuevas cualidades, sino que propone una formulación ritualística más poderosa.

Se puede ver en el Noveno Maestro  la figura mítica del Compromiso del Maestro Masón, que jamás renuncia y sobre todo a ser lo que es: el sucesor de Hiram, Hiram mismo; por lo menos debe hacerle renacer progresivamente en sí, por su trabajo, compromiso y sus obras de Constructor. La soledad no le desorienta.

El compromiso y el abandono de los demás no le hace desviar de la conducta que le impone su condición, esa condición que él ha buscado y aceptado.

El Noveno Maestro es el Hermano por el cual la Tradición sobrevive, porqué él es la Tradición.

El descubrimiento del cadáver de Hiram simboliza la transmisión de la Tradición y del Conocimiento, la búsqueda del Maestro, indisociable de enfrentamiento con la muerte y de la emancipación del terror que inspira a los humanos.

En sentido literal, los 9 Maestros Masones «buscan al maestro» y ellos encuentran en la Muerte la última enseñanza de Hiram, esos 9 Maestros Masones que lo eran tienen una última enseñanza en el Noveno Maestro, gracias a la cual el Maestro accede, a través de esa muerte, la cual le permite escapar al miedo tiránico que inspira, al estado último de la Maestría: la Libertad.

Conclusión:
A veces nos hemos equivocado al reformular, desarrollar y adaptar los rituales a las circunstancias, digamos que con ello se han empobrecido, por un proceso que se está dando en toda la masonería a través de un profundo proceso que se está como es «mundanidad» o, que consiste en estandarizar, y simplificar.

Tenemos como ejemplo, la introducción de nuestro ritual., podría ser de interés estudiar esa reintroducción. Pero para ello tiene que seguir siendo libre y permanecer así. 

Ser libre de ajustar la formulación de nuestras herramientas al entorno en el cual nuestra Orden opera, ser libre de hacer renacer eso ha estado perdido. 

Surgen otras cuestiones tan fundamentales como saber ¿cuándo decir no? ¿Cómo decir no? ¿Cómo fijar la diferencia entre compromiso y obstinación? O ¿cuándo abandonarlo todo?

En ese momento el Noveno Maestro aparece y responde a esas cuestiones.

Su actitud no es la de rehusar «totalmente» o sea volverse y abandonar si la búsqueda se muestra infructuosa o imposible.

Simplemente él ve aun la posibilidad de llevar a cabo una cosa y juzga que debe hacerla. Desde ese punto de vista, el Noveno Maestro no es simplemente un «buen» hermano que se opone a los otros ocho que serían los «malvados» Hermanos, débiles, perezosos, indiferentes o aún negligentes. 

Por el contrario, eso pone de manifiesto que a veces se nos coloca en el bando de «los ocho» como la viva representación de la falta de discernimiento, la negación, de no ver eso que todavía puede hacerse antes de renunciar, o que nos define: nuestra Búsqueda y las razones para hacerla.

El Noveno Maestro es el maestro que asume su compromiso y por tanto es el hombre por el cual la tradición masónica sigue viva. Su compromiso radical, pero sereno y reflexivo, su determinación definitiva y su “celo” del cual nos hablan los antiguos escritos, son la marca del Maestro.

He dicho, V.M.

Con la autorización de : http://montaleau.over-blog.com/

miércoles, 19 de octubre de 2016

Regularidad y Universalidad masónica. Una aproximación

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cierto es que el concepto de «regularidad» supone cuando menos y de antemano para buena parte de los masones del orbe mundial el canto rodado del camino, ese en el que todos tropezamos alguna vez; pues supone de una u otra forma que pese a los reconocimientos que como masones nos debemos unos con respecto a los otros en lo individual, sin embargo nos encontramos que en muchas ocasiones no podemos trabajar juntos en lo institucional u obediencial debido a esa concepciones al uso de «regularidad» e «irregular»

Esta noción de la «regularidad» es digamos unidireccional, en tanto que deviene en base a los edictos que emanan de una determinada entidad masónica, que parte de los presupuestos de considerar como medida patrón de la regularidad, lo siguiente:
  • · La legitimidad de origen
  • · El respeto a las Antiguas Reglas.
  • · Reconocimiento
  • · Exclusividad territorial
Esto es lo que ha conllevado a que se acuñe como definitorio, que aquellos que nos estén en línea con la medida «patrón», sean considerados algo así como los «Hermanos Separados».

Lo cierto es que la masonería tiene interesantes e importantes proclamas tendentes a querer alcanzar tanto la fraternidad como la universalidad; lo cual paradójicamente choca de frente con ciertos sofismas nacidos generalmente en el seno de las Antiguas Tradiciones en cuyas fuentes beben aquellas organizaciones masónicas que proclaman ser Obediencias Regulares, por el hecho de estar legitimadas mediante ese extraño concepto y proceso de la «regularidad» emanante de la GLUI.

Se debe exponer que en lo filosófico dichas organizaciones se desarrollan más bien en el concepto de un cierto «paternitas» medieval, y ejemplifican su acción mediante el ejercicio de la caridad, que se nuclea a través de su diversa identidad religiosa más que a otros conceptos de carácter más universalista o racionalista que tienen más fácil acomodación en otro tipo de organizaciones con sede en el Continente y que se enraízan más bien en el mundo de la Razón. 

Esto último digamos que está más bien instalado en las masonerías y Obediencias alejadas de la Traditio, las cuales se embarcan con mejor o peor fortuna, en lo que supuso la fundación de la masonería de 1717, o sea el renacimiento de la masonería moderna.

La nueva creación masónica de 1717 fue ante todo un proyecto de renovación sobre los pilares de una cierta razón universalista que al pasar por el crisol de Las Luces terminó acuñando como resultado conceptos más modernos y contemporáneos, como el avance que supuso pasar de ser considerados vasallos a la condición de ciudadanos, o la que devino de la caridad a la «fraternidad»; o de la «universalidad» un tanto confesional del Centro de Unión andorsiano al Centro de la Unidad más contemporáneo. 

Por tanto la famosa querella de los «antiguos y los modernos» cobra desde esta visión mucho más sentido; sobre manera en el plano de que el nacimiento de 1717 resultó ser un choque cultural masónico de primera magnitud.

Por lo cual podemos decir que la fundación de 1717, no fue un proyecto de transición de una masonería operativa a una masonería especulativa, sino muy al contrario significó el rompimiento con la traditio de un mundo anclado en los «Centros de Unión» medievales, donde la religión protestante tenía todo un peso social y confesional de primera magnitud y cuya plasmación tanto organizativa como conceptual se plasmó en la fundación y quehacer de las logias, tal y como se puede ver en muy diferentes referencias, en lo institucional, en lo Obedencial y como no, en lo ritual. En este último caso las diferencias conceptuales entre lo «antiguo» y lo «moderno» las obtenemos al comparar los viejos catecismos y divulgaciones y los distintos rituales que la historia nos ha ido legando a los largo de todos estos siglos.

Tal vez para comprender la verdadera dimensión de todo esto haya que revisar nuestro propia observación de la historia masónica, para verla de otra forma y bajo otro prisma, fuera, como no, de los contextos tópicos e historicistas tan al uso.

Por cual será necesario para entender el fenómeno de la eclosión de 1717, verlo y examinarlo como el fruto de una auténtica ruptura, como la quema de naves por parte de las logias que secundaron a Desaguliers a Payne, o a Sayer en el proceso de modernización en el que se embarcaron estos Hermanos en 1717.

Su nacimiento se tradujo en un objetivo cuasi único y es el que no hubiera para ello punto de retorno; tal vez desde esta perspectiva se pueda entender la comentada quema de textos rituales por parte del pastor Anderson; personalmente soy de la creencia que Desaguliers, tenía muy claras las ideas al respecto de la obra en la que estaba embarcado, y como tal, lo dejó plasmado al redactar los Reglamentos de las Constituciones de Anderson, intentando crear dentro de la componente religiosa y confesional que asolaba a las logias y a los propios masones ingleses del siglo XVIII, un espacio neutral, un hueco para la Razón, espacio ideal para aquellos que no querían estar bajo el yugo de la confesionalidad y confesionalización individual y logial de aquellos momentos de tener que expresarse en función de sus creencias intimas y personales. El respeto a las creencias religiosas e íntimas en el ámbito masónico será producto del crisol que supuso Les Lamieres en suelo francés. 

  Sin embargo el pastor Anderson, más dubitativo y menos planificador, pivotaba entre un cierto conformismo asentado sobre dos orillas, por un lado su querencia e inclinación hacia la vieja tradición noaquita y los distingos heráldicas con que premió a la naciente masonería, y que retrató con toda la magnificencia en su introducción en las llamadas Constituciones, con la intención de mantener cierto cordón umbilical con los Antiguos Deberes. 

  Sin embargo su otro pie alcanzaba la otra orilla gracias al empuje de sus otros compañeros imbuidos del espíritu modernizador de la Royal Society, impregnados de un universalismo en cuyo atanor racionalista que se irá cociendo con los años se van nucleando singulares conceptos como los que adornan a la masonería: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Conceptos que no tenían cabida en el mundo medieval del «fraternitas» operativo, de cuyas bases conceptuales en buena medida beben los «Antiguos» con Dermott como cabeza de puente en ese primigenio retorno a la Tradición y con el forzamiento a posteriori de los cambios habidos en las Constituciones de Anderson, amparando el deseado confesionalismo de los masones, que paradójicamente va poner de manifiesto Dermott con la publicación de su Ahiman Rezón , y ya de un modo más definitivo y definitorio con la creación de la Gran Logia Unida de Inglaterra, lo cual sellará para la eternidad la dicotomía entre ambas corrientes masónicas, la llamada «regular» y la denominada «liberal» y más despectivamente por algunos como co-masonería, o entre la mal llamada masonería «espiritualista» y la «social» o la masonería de Tradición y la Moderna. 

  Esta corriente masónica nacida en el marco de la Traditio, y reflotada de la mano de Dermott, y sobre manera, cuando se rompe con la lógica de las guerras de religión y se deshace la melé confesional, abriendo otras posibilidades de inclusión en la masonería fuera del confesionalismo religioso, pese a la presión mediática de llevar adelante las diversas modificaciones de los textos andorsianos, más pegadas a la Traditio y por supuesto menos agnósticas, va suponer la creación como ente ganador de una guerra de conveniencias y socioeconómica, pese a las apariencias religiosas, y con ello marcar un patrón de conducta, un reglamento de relaciones sujeto al tan cerrado concepto de la «regularidad». 

  Proceso que se culmina con el «Act o Union» de 1813, constituyéndose de este modo una masonería enraizada en un fuerte sentido de interiorización, y en una prepotente confesionalidad ritual, cuyo desarrollo desemboca en una cultura del «Espíritu» cuya idea central va a ser ocupada por el Gran Arquitecto del Universo (GADU) fuera de contextos neutros o de connivencia.

Lo cual lleva a este tipo de masonerías a inscribirse en una lógica cerrada en la cual el Espíritu lo es todo, aunque luego veamos que un Diputado Gran Maestro de la GLUI a finales del año 2011[1] nos indique que «la francmasonería no se ocupa ciertamente de la espiritualidad»; aún que tal y como nos indica un buen conocedor de la masonería inglesa como es el ex- Gran Maestro del GODF Alain Bauer en su trabajo La Crise du Contenu, dentro del libro de Les Promesses de L´Aube: «la masonería (regular no tiene otra ambición que hacer buenos ciudadanos, buenos padres de familia y buenos maridos»

Para poder ver estos cambios del tender puentes hacia ese confesionalismo masónico del que vengo escribiendo es bueno referirse a las viejas Constituciones de Anderson y sus respectivas modificaciones:

Arti. 1 (1723) Un Masón está obligado por su título a obedecer la Ley moral y si comprende bien el Arte, no será jamás un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso. Sin embargo, en los tiempos antiguos los Masones fueron inducidos en cada país a pertenecer a la religión de ese País o de aquella Nación, cualquiera fuese, no obstante, se le considera ahora como aceptable de someterlo a la Religión que todos los hombres aceptan, dejando a cada uno su particular opinión, y que consiste en ser hombres buenos y leales u hombres de honor y de probidad, cualesquiera fuesen las denominaciones o creencias que pudiesen distinguirlos; de este modo, la Masonería deviene el centro de unión y el medio de anudar una verdadera amistad entre personas que hubiesen debido permanecer perpetuamente alejadas entre sí 

  Arti.1 (1738) Un masón está obligado por su título obedecer a la ley moral en tanto que verdadero noaquita y si comprende bien la profesión, él no será nunca un ateo estúpido, ni un libertino irreligioso ni actuará en contra de su conciencia. En los tiempos antiguos, los masones cristianos eran llamados a actuar de acuerdo con las costumbres cristianas de cada país donde ellos viajaban. Pero la masonería existente en todas las naciones, aun de religiones diversas, lleva a que los masones adhieran a la religión según la cual todos los hombres están de acuerdo (dejando a cada hermano sus propias opiniones), es decir, ser hombres de bien y leales, hombres de honor y de probidad, cualesquiera sean los nombres, religiones o confesiones que ayuden a distinguirlos: pues todos se articulan sobre los tres artículos de Noé suficientes para preservar el fundamento de la Logia. De este modo la Masonería es el centro de la unión y el feliz medio de unir a las personas, quienes, de otro modo, habrían permanecido perpetuamente desconocidas entre sí.

Arti. (1813) En lo que respecta a Dios y la Religión: un masón está obligado, por su título, a obedecer la ley moral y si comprende bien el Arte, él no será jamás un ateo estúpido ni un libertino irreligioso. De todos los hombres, él debe comprender mejor que Dios ve de otra manera que el hombre, pues el hombre ve la apariencia externa, en tanto que Dios ve el corazón. Un masón está, en consecuencia, restringido a no actuar nunca en contra de los mandatos de su conciencia. Cualquiera sea la religión del hombre o su manera de adorar, no está excluido del Orden, considerando que el cree en el glorioso arquitecto del cielo y de la tierra y que él practica los deberes sagrados de la moral. Los masones se unen a los hombres virtuosos de todas las creencias en el lazo sólido y agradable del amor fraternal, que les enseña a ver los errores de la humanidad con compasión y a esforzarse por la pureza de su propia conducta, de demostrar la alta superioridad de la fe particular que ellos profesen

Leyendo atentamente los textos andorsianos y siendo un punto atrevidos se podría concluir que estamos hablando de un francmasonería que se constituye como una nueva mística occidental, con independencia de que siempre se hace un gran esfuerzo en remarcar la cuestión de que la masonería no es una religión, lo cual no niega que vista la cuestión desde una perspectiva moderna, percibamos a día de hoy esta Masonería de Tradición que se podrá calificar como de una cierta mística masónica, que al fin y al cabo, es como se presenta este tipo de masonería, como una mística del Espíritu, entendido esto desde esa parcialidad neoconfesional que deja fuera a tantos otros hermanos. 

  Tomando como punto de partida la filosofía de los «Antiguos» se ha ido desarrollando una masonería basada en un triángulo que vertebra de arriba abajo a la “regularidad” y cuyos tres vértices son el Gran Arquitecto del Universo, el Espíritu y la Tradición, y los adheridos a esta masonería se constituyen a modo de una gran élite masónica, podríamos decir que conforman una aristocracia místico- iniciática en base a ese protocolo que se desarrolla en el unilateral marco de la «regularidad».

Ese gran triángulo de esencias, tangibles e intangibles, se construyen en el determinado espacio sostenido por varios vértices que lo constituyen, por un lado “Espíritu y por otro el Conocimiento” y un tercer pilar que lo representa la Iniciación, lo cual conforma la filosofía masónica regular, que tiene su mayor expresión en un espacio, en una palabra y un tiempo, basados en un acierta sacralidad y confesionalidad.

Un tiempo, y una palabra que se desarrollan en un espacio sagrado que compondría en epicentro de estos tres vértices: el Templo, diseñado por David, dirigido por Salomón y que reconstruirá de forma figurada a modo de parábola para la masonería el Maestro Hiram, y cuyos referentes míticos se van a encontrar en la Biblia, tanto en la Crónica de los Reyes, como en el Evangelio esotérico de San Juan, construyendo de este modo un arquetipo en enlaza muy bien con la Traditio, y tras cuyo recorrido conformará el gran atanor alquímico que es lo que constituye la «regularidad»

Todo un conjunto que la masonería regular revivificará de forma cotidiana en cada Tenida en el Templo considerando a este como el fruto del reencuentro del Conocimiento de los hombres y lo Trascendente, entre el plano humano y el plano divino. Lo divino se revela en lo humano, y lo humano se eleva a divino, y el templo por tanto se transfigura en un lugar de trasmutación de la metanoia de la transfiguración del hombre”
Pero si bien esta sería la expresión filosófica de la «regularidad», la expresión práctica se plasma en la Legitimidad de Origen. Una Gran Logia necesita para ser «regular», la transmisión de una Tradición, y para ello tendrá su label de origen por el hecho de haber sido instalada por otra Gran Logia.
Esto no deja de ser un modelo de clonación endogámico de los gremios medievales, y que además persigue un objetivo final como es el control férreo de la estructura obediencial de forma unilateral, ya que por ejemplo la supuesta «regularidad» del Gran Oriente de Francia no valdría como moneda homologadora dentro de este sistema patrón creado por la Gran Logia Unida de Inglaterra; como tampoco tendría validez en el caso de una Gran Logia espuria, aunque esta estuviera constituida por masones regularmente reconocidos entre sí y como tales y tuviera una demostrada practica masónica.

Todo ello al final conforma un estrecho embudo en el cual la pretendida universalidad que tanto se exalta en las Constituciones de Anderson queda reducida al «Centro de Unión» de los iguales dentro del confesionalismo de creencias.. 

  Pero si este embudo fuera demasiado ancho el estrechamiento del canal se cierra más aún al constreñir la consecución del patrón regular a la cuestión del respeto a las Antiguas Reglas, que paradójicamente e estas, al menos las más principales, fueron definidas en el año 1929, en un documento admitido por todas las Grandes Logias Regulares del mundo, citaremos a continuación los 6 primeros puntos, como los más importantes de ese Decálogo de Reglas y Usos.
  • 1. Creencia en un Ser Superior-Dios-Gran Arquitecto del Universo.
  • 2. Absoluto respeto a los “Antiguos Deberes o Land-Marks”.
  • 3. No se puede aceptar más que a hombres libres y respetables que se comprometan a poner en práctica un ideal de Paz, Amor y Fraternidad.
  • 4. Su objeto es el perfeccionamiento del hombre y en consecuencia de la humanidad entera.
  • 5. La Francmasonería impone a todos sus miembros la práctica escrupulosa de los Rituales como modo de acceso al Conocimiento por las vías Iniciáticas que le son propias.
  • 6. La Francmasonería impone a todos sus miembros el respeto a opiniones y creencias de cada uno. Prohíbe en su seno toda discusión o controversia política o religiosa.
Está claro que parte de esa «regularidad» se pierde, máxime si partimos de la discusión en cuyos términos la plantea, quien fue uno de los grandes referentes para la Masonería de Tradición, como René Guenón, el cual nos transmite que una organización es válida, si la organización es «regular» y esto viene definido por los ritos, la organización y el origen.

Para que una organización sea «regular »sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos deben contener un elemento «no-humano», que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella.

A la atenta lectura de este guenoniano texto, podemos decir que pocas grandes logias se pueden considera «regulares», pues continuamente vemos que los landmarks han ido creciendo y cambiando su faz, que los ritos y rituales han sido esencialmente alterados en el fondo y en la forma, no hay nada más que hacer trabajos comparativos entre los ritos y rituales para ver que se han ido reconstruyendo en base a interpretaciones y mutaciones, y la trnasversalidad de las escuelas o corrientes de pensamiento que han halado buen acomodo en toda la masonería.

Estamos por tanto ante una masonería, la «regular» que es elitista y jerarquizada, y por tanto se da por supuesto no es igualitarista ni democrática; y al final todo ello se sujeta y alambica bajo el concepto de la «regularidad» 

Por tanto, desde esta compleja cuestión de la construcción de un mundo universalista masón, se puede argumentar que es imposible de lograr por más bonachonas ideas que medien de acercar el desarraigo entre Hermanos; ya que desde una perspectiva histórica, filosófica y de praxis, ambas dos corrientes masónicas están situadas en un antagónico discurso, y como no en el enraizamiento de bases conceptualmente distintas.

Por más que la confusión reine entre unos y otros, y utilicen indiscriminadamente los modismos, los tópicos al uso, y toda la construcción lógica de una corriente masónica sea la tramitadora de «regularidad» hacia otra, a modo de una torre de babel, digamos que la estructura jerárquica y la conceptualización que la sostiene, hace imposible que ambas dos corrientes masónicas se den la mano, o se encuentre al final del largo camino del debate.

De suceder tal eclosión ello significaría otro «Act of Union» de tal calibre que tendría que deshacerse todo el nudo gordiano de la «regularidad», con su landmarks, tradiciones y exigencias, para de este modo poder enmarcarse en el rupturista concepto moderno de la Razón, y si tenemos en cuenta lo que nos plantea el gran pensador francés de la regularidad: Marc Halévy, «la Masonería es pots moderna o simplemente no será masonería», por más que unos (regulares) fuera del contexto histórico hablen de Fraternidad, de Igualdad; y los otros los «liberales» hablen de Tradición y Espíritu en un intento de congraciarse, y no quedar fuera de los campos del debate.

Solo habrá un aparente reconocimiento entre iguales por las bases logiales, poco sujetas unas a las tradiciones, y otras deseando ejercen un cierto buenismo supondría dejar de lado los conceptos de co-masonería y los criterios más excluyentes de la «regularidad», para de este modo tender puentes de cara al reconocimiento como masones de unos por los otros y viceversa.

Pero pese a los intentos de algunas organizaciones masónicas y fraternales de acercar mundos y posturas, creo que el gran nudo gordiano que se ha establecido en el seno de toda las masonerías hace imposible cualquier acercamiento, ya que hablamos de «universalismos» distintos, con bases filosóficas distintas, unas enraizadas en la Razón y otras en cierta trasmutación espiritualista, que sirven para enmascarar conceptos un tanto antiguos, que hoy se quieren presentar como algo moderno, pero cuyo planteamiento responde al mundo de las conveniencias y los intereses. 

  Por tanto no se podrá avanzar hasta que las partes en liza, y de forma cruda, como lo hace Marc Halévy por parte de la «regularidad», y como lo hace Alain Bauer por la parte de la masonería «liberal» muestren sus credenciales, sus arraigos y sostenimientos filosóficos, y como no sus autocríticas; sin ambages y sin enmascaramientos, definiendo en qué cuestiones están dispuestos a tirar por la borda en pro de llegar a un entendimiento, o al menos aun un cierto ecumenismo, que no sé si a estas alturas de la película interesa a unos y a otros.

Ya es tan grande la estructura obediencial de unos y otros, tan grandes sus intereses, tan diversas las masonerías, tan cosmopolitas, y tan desinformadas, que plantear sobre el tapete ecuménico, si es que ello fuera necesario, que este nuevo «Act of Union» crearía un auténtico bing-bang masónico, que hoy por hoy es inimaginable, porque posiblemente ya no estaríamos hablando de Masonería, sino de otra cosa distinta.

Para complementar este texto es bueno un libro de Roger Dachez: Franc-maçonnerie: Regularite et reconnaissance

[1] Página 2 del libro: Freemasonry: What´sit Al About?. 

  Víctor Guerra . MM.:. Rito Moderno

martes, 4 de octubre de 2016

RITO FRANCES OU RITO MODERNO. Un desafío…desde Brasil.

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Hace unas semanas llegaba la noticia de la publicación de un libro dedicado al rito Francés, y cuyo punto de edición era Brasil, lo cual fue toda una sorpresa para todos.

Al final tras la amabilidad y trueque de publicaciones  el Hermano Aveline tuvo la amabilidad de enviarme un ejemplar de tal libro, que hoy me propongo reseñar.

El libro en cuestión en un trabajo fruto de la coordinación de Luis Arthur Aveline e Isaque Gomez Correa, los cuales han llevado adelante el encargo de la Respetable Logia Simbólica Acácia Porto Alegrense nº 3612, que con motivo de su 10º Aniversario habían planteado publicar una serie de reflexiones de muy diferentes Hermanos entre los que cabe destacar a los Muy Ilustres Hermanos Jose Mª Bonachi Batalla, Luis Arthur Aveline o Isaque Gomes Correa, que en colaboración con otros autores como Cesar Frozza, Dionisío Silva dos Santos, Lucas Baptista Zingano, Luis A. Zechlinski dos Santos, Marco A. de Oliveira Teixeira, Carlos Alexandre Adolphs, Warner Correa Monteiro, Vinicius A. Padilha Ortiz, han abordado el tema propuesto Rito Francés ou Moderno. Um desafío que vela la pena arrostar.

Edición cuidada, y sobria de unas 172 páginas, y con un formato de 16x32cm., y cuya edición está restringida al público masónico. 

Lo primero que hay que indicar es el título del libro, demuestra la profundidad y ahondamiento del mensaje lanzado desde la laica Francia por el Gran Oriente de Francia sobre el rito inglés de los «Modernos», del cual es su legítimo usufructuario y cuyas codificaciones, remodelaciones y reformas… han terminado por concluir un verdadero sinónimo, que dicho Rito inglés de los «Modernos», o sea el Rito de Fundación de 1717, es Rito Francés.

Las exportaciones que se hicieron a Portugal y Brasil, no fueron las versiones Groussier , en cuyas kalendas se empezó a denominar el rito como «francés» como resultado de los trabajos de reforma ritual del GOdF.

Lo que llegó a Portugal y luego tomó  rumbo a Brasil, fue el ritual que había modelado en base a las compilaciones de Roëttiers de Montaleau, conocidas como el «Regulateur du Maçon» que representa, hoy por hoy, el espíritu más cercano al Rito de Fundación, y por tanto no entiendo porqué los herederos directos del recibo de trabajos rituales cuasi-originales del «Regulateur» singue planteando la máxima colonizadora que ademar pervierte el axioma, cuando en realidad debería ser Rito Moderno /Rito Francés , o en todo caso, y Francés.

E indico esto a modo de caballo de batalla y martillo pilón, porque en el GOdF por más que sea el legítimo usufructuario del Rito Moderno, que lo es,  hoy apenas si existen media docena de logias que practican el «Regulateur» de las 1300 logias que tiene el GOdF , o sea que queda de manifiesto la renuncia que la organización masónica francesa hace de uno de sus máximos exponentes como es el Rito Moderno, y no se siente concernida por ello porque en parte es recuperar la historia inglesa del Rito de Fundación, y ya se sabe que que todo lo que suene a inglés…. 

Por tanto, seguir ahondando en cuestiones como Rito Francés o Moderno, es seguir incidiendo en la raíz colonizadora prodigada desde el Hexágono francés, perdiendo de este modo identidad de origen que no debiéramos perder, porque muchos de los elementos que estamos citando como parte esencial de ese binomio (rito francés o Moderno) ya estaban presentes en la construcción de 1717,  donde no habrá un GADU que presida la articulación de la Gran Logia de Londres, no habrá una biblia abierta por el evangelio de San Juan, el libro de la ley estará sobre un pedestal, y no en un ara o altar,y  no tendrá una especial relevancia su ubicación más allá de estar próximo al Oriente o junto al Tablero de Logia, ni habrá espada flamígera. etc En fín parece que ignoramos que aquello que vinculamos a un “idealizado” rito francés, y  que geográficamente vinculamos con Francia eran elementos que ya estaban en gran medida en el rito que pusieron en marcha los fundadores de la Gran Logia de Londres en 1717 y cuya raiz se va a aencontrar en algunos otros prerituales como el Berné, el Gages… etc.
Expuesta esta cuestión que me parece capital, pues da la sensación que Francia y el GOdF fueron quienes han dado patente de «secularidad» al rito Moderno, y no es así el Rito de Fundación, el rito de Los Modernos, ya contenía en su ADN las directrices de acción y concepción, lo que hizo Roëttiers de Montaleau, fue una limpieza de usos que se le fueron añadiendo al rito, de tal manera que lo actualizó dejando la matriz de origen tal y como se concibió,

Si Roëttiers de Montaleau, hubiera querido ponerle un nombre identitario al rito de los Modernos en su preciada acción le  hubiera llamado a su «Regulateur» ritual de Rito Francés, sin más complicaciones, pero tal vez en la mentalidad de Roëttiers no estaba todavía instalada la visión colonizadora del Hexágono. 

Por tanto, no entiendo que, desde Brasil con esa tradición con el Rito Moderno, no se opte por recuperar el sentido original de Rito Moderno de forma preeminente, que es absolutamente necesaria y urgente. 

Otra cifra que se maneja en el libro y que ya he visto recogida en otras ocasiones dentro de la historiografia brasileña con respecto a la aparición del Rito Moderno es la de 1761, que realmente no sabemos a qué responde, porque además se produce una vez más, el gran salto que manifiestan los estudiosos al pasar de la referencias de 1717 al Regulador o más allá , dejando de por medio una intensa vivencia logial y ritual, de la que conocemos una gran parte que nos deberíamos desdeñar,

Estamos de acuerdo que nuestro desarrollo conceptual, filosófico es ralo, pero no hagamos de nuestra bella e intensa historia como herederos del Rito de Fundación más tabla rasa de la que hacen nuestros contrincantes rituales.

El libro que aquí traigo  es de fácil lectura a pesar del idioma (brasileiro) pero se deja leer bien y tiene capítulos interesantes como el Nacimiento y Desarrollo de la Logia Acacia Porto Alegrense, o la implantación del Rito Moderno en el Estado do Rio Grande do Sul o en Linhas Gerais.

Me ha interesado vivamente el trabajo de Oliveira Teixeira sobre las Observaciones y Orientaciones ritualísticas, que debiera ser un memento para estar en las puertas de toda logia y de puro conocimiento de cualquier miembro de la logia, que no siempre es así. 

En todo caso no estamos ante un libro de preclaros historiadores, sino de Hermanos que trabajan en el Rito Moderno, y que reflexionan desde su condición y cualidad sobre su ser y esencia, desde aquí felicitarles por esa labor que me parece muy interesante y necesaria y máxime bien dentro del Rito Moderno o del Rito Francés, pues no siempre hay ocasión para ello, y la bibliografía sobre dichos temas, tampoco es muy abundante.

Un saludo y gracias por tan importante reflexión.

Victor Guerra

martes, 12 de julio de 2016

domingo, 10 de julio de 2016

El Rosa-Cruz escocés, para los Modernos, un grado masónico humanista en el siglo XIX. (2ª parte)


Proseguimos con la aportación del estudioso y francmasón Pierre Besses, en esta traducción libre de Victor Guerra, en la cual se recoge  la reflexión sobre el grado 18, o de la 4ª Orden de Sabiduría de los Modernos, lo cual es toda una novedad.

Tras tres siglos de secularización y descristianización de la Republica de 1789 y de la religión secular de los Derechos del Hombre 1790, el Rosa-Cruz del REAA pudo incardinar su sabiduría fundada en el basamento kantiano.
De tal manera que el Rosa-Cruz, de cuño escocés enseña la cuádruple cuestión kantiana:
  • · ¿Qué puedo conocer? (Filosofía)
  • · ¿Qué puedo hacer? (Ética)
  • · ¿Qué me es permitido esperar? (Filosofía política)
  • · ¿Qué es el hombre? (Antropología filosófica)
Cuando un masón se refiere a Kant, quiere evitar la idolatría, y quiere creer en la idea de una razón práctica que no dejaría que en el progreso fuera una esperanza vana para pretender definir el Deber, el tema esencial de los grados de Perfección. Es la garantía para evitar las ilusiones del cientificismo, y los enredos del subjetivismo «estúpido»' y como no, el callejón sin salida que nos presenta el relativismo simplón.

«Maçonner» (Construir), es intentar hacer de esta búsqueda un sentido, una demanda social constante.

Bien entendido, que el Rosa-Cruz puede ofrecer una red de lectura y un marco más allá del análisis kantiano. En filosofía, Maçonner» (Construir) es trabajar para hacer fructífero el humanismo que las fuerzas contrarias han tratado de impedir a lo largo del pasado siglo. -En la ética, está claro, que la fuerza está en constatar a pesar de nuestras anteriores suposiciones, que la moralidad universal kantiana está en parte obsoleta. "Maçonner" (Construir), es, por tanto, admitir que no hay ningún criterio absoluto para definir una ética y una moral.

En la filosofía política, «Maçonner» es pensar, pero sobre todo vivir en sí mismo, las nuevas condiciones permanentes y novedosas de la vida en sociedad.

-Por último, «Maçonner»' en el siglo XXI, es hacer viva y pertinente las estructuras antropológicas del imaginario masónico.

Ante todas estas preguntas, el Rosacruz del REAA, parece decir de forma implícita o explícita, no es el sentido que parece este parece recoger, sino los errores que debemos evitar. ¿Es el mundo como lo vemos? ¿Cómo debemos «reconstruirlo»?

El sentido es siempre productivo, construir, lo aleatorio y lo provisional. El Rosa- Cruz escocés recoge de Nathan el sabio que "el único impulso que nos mueve siempre hacia la verdad, a la «verdad total». De hecho, esta «buena hija»', un pelín adultera, fruto de las Luces y el ilusionismo, de la Gnosis y del cogito, del positivismo y del esoterismo cristianismo y del ateísmo estoico, del latitudinarismo protestante y la psique newtoniana, es la Francmasonería, el REAA es hijo de aventureros franco-americanos, y no parece dar ninguna respuesta cierta ante cuestiones esenciales y existenciales.

La Viuda y su descendencia escocesa se convierten sobre todo en una gran duda de todo, y hasta para sus propias dudas (de cara a la deriva sectaria hacia el dogmatismo). Y sin embargo, es imposible para un Maestro Masón y para mayor razón, para un Rosa- Cruz, evadir estos temas, a menos de someterse a la existencia de la piedra bruta. El sentido es la vez «orien-tación» y significado (expresión intencional). El sentido no es algo que se puede llegar mediante la búsqueda directamente. Él se insinúa en nosotros como esa incidencia.

Este grado Rosa-Cruz escocés, según el Barón Tschoudy con los tres valores cardinales, el francmasón puede sobre todo oponer una filosofía kantiana de la secularización propuesta por la 4ª Orden de Sabiduría, según Jacques Georges Plumet. De hecho, para el acceso a la 4ª Orden de Sabiduría la condición absoluta es la filosofía de las Luces.

El Perfecto Masón Libre y Soberano Príncipe Rosa-Cruz comprendido en la 4ª Orden Sabiduría, es Jacques Georges Plumet define claramente el propósito del grado: la liberación y el desarrollo del Perfecto Masón Libre. Y no puede ser adquirido sólo por la investigación filosófica, ni tampoco es una investigación filosófica en los Grados de Sabiduría del Rito Francés que no impliquen las virtudes cardinales como son la valentía y la lucidez. Esta son para el Caballero Masón indisociables porque valor no es nada sin la claridad y la lucidez, y sin la valentía, Este valor, según Jean Jaurès, era «el coraje en la búsqueda de la verdad allá dónde se encuentre, y no es sufrir la mentira triunfante que pasa».

Es esa lucidez, tan bien evocada por René Char: «lucidez es la herida más cercana del sol». Soportar esta mentira requiere serenidad, fuerza y sabiduría. Serenidad ante lo inevitable, fuerza para cambiar lo que puede ser, sabiduría para discernir uno de lo otro.

Coraje, lucidez, sabiduría - estos son los valores que el Gran Capítulo General del Rito Francés pretende poner al servicio de la masonería adogmática y universalista del Gran Oriente de Francia. Si la imitación, como la energía, es individual, la política, como la acción es colectiva.

Para subrayar la especificidad del Rito Francés, que lo distingue del Rosa Cruz, escocés de filiación kantiana, Irène Mainguy (p.415) cita a Daniel Ligou. El énfasis está más en la idea y en la imagen del Perfecto Masón libre: entendiendo por este estado de perfección el Soberano Príncipe Rosa-Cruz que puede recuperar la palabra, lo que le permite acceder a una verdadera maestría y a una liberación.

Daniel Ligou señala que este rito (Rito Francés) se detiene en los Rosa Cruz, no se trata de grados «areopagitas» que culminan en el grado de Caballero Kadosch, 30º del REAA, ni entendidos como grados «blancos». Los masones franceses han considerado que ninguno de los grados que hoy son intermediarios entre los 18 y 30 del REAA, algunos de los cuales se practican en los Capítulos de Rito Francés, tenían suficiente prestigio para convertirse en el «nec plus ultra»" de la Orden. Por el contrario, podría pensarse que la palabra rencontrada, no había sido verdaderamente lograda... Ligou piensa como esta lógica explica la fuerza conquistadora del rito en 1786, y explica también su declinar. Después del establecimiento definitivo del Rito Escocés Antiguo y Aceptado en 1804.

El (RF) no podría pretender luchar, especialmente en el seno de la aristocracia masónica contra de la atracción, no tanto de Kadosch, que adquirirá su popularidad real sólo después de 1850, sino entre los llamados grados «blancos». Tal vez la cooptación, la regla absoluta del Consejo Supremo, el hecho de ser soberano incluso de la masonería azul, mientras que el Gran Capítulo, después que el Gran Directorio siguiera siendo parte integrante del Gran Oriente, dio como resultado que dignatarios masones en primer lugar, el «pueblo» optara por el escocismo... en cuyo momento el Rito Francés en siete grados desapareció oscuramente.

. Daniel Ligou, hizo este análisis en 1992, unos años antes aún el sistema del Rito Francés no se había reestructurado y no reanudaría con fuerza y vigor, su desarrollo, para proponer una progresión coherente a los Maestros Masones, paralela a la existente desde 1804 del Rito Escocés Antiguo y aceptado. (Ibíd., p.416)

Según Cellé, el Rito Francés, a diferencia del Rito Escocés, no habla jamás de la palabra perdida, pero si de un nombre «Innominable» enseñado a los Maestros Masones. Daniel Ligou considera que esta 4ª Orden, titulada de la «Rosa Cruz» es una mezcla, en proporciones variables de esoterismo cristiano, con esencias específicamente luteranas y alquimia.

De nuevo el Maestro Masón muere para de nuevo renacer. El recipiendario es un Caballero del Oriente que vagaba en la oscuridad más profunda, el cual ha perdido la palabra en la segunda destrucción del templo y que quiere recobrar con la ayuda del Muy Sabio. En el curso de los siete viajes, el Caballero de Oriente descubre las columnas de la Fe y la Esperanza y la Caridad, columnas sobre las que reposan los principios de la Orden.

A través de un diálogo centrado en cuatro preguntas y respuestas, el destinatario va a descubrir realizando un trabajo de evocación, a la manera socrática, que la palabra deseada está en él, lo que le permite ser reconocido como «Perfecto Masón Libre».

El ritual se centra en el descubrimiento de las tres virtudes, para que entonces la restitución de la palabra se haya cumplido. El simbolismo de este grado debe permanecer abierto y libre de cualquier interpretación restrictiva de una doctrina establecida. De tal forma que las nociones de Fe, Esperanza y Caridad deben ser aprehendidas como virtudes universales.

Los objetivos de los rosacruces del siglo XVII, inspirados por Christian Rosenkreutz, debían establecer la paz universal a través de intercambios internacionales de reformas intelectuales y políticos. Buscaban una emancipación de la humanidad por un perfeccionamiento individual y el progreso de la ciencia, asociada a una voluntad universal de compartir mediante la combinación de la acción del corazón y la razón.

¿Es concebible que esta 4ª Orden de la Sabiduría continúe siendo el vector de este espíritu? ¿Cómo salvar al hombre? Él no puede salvarse a sí mismo, sino es renovado para que en él crezcan las virtudes más nobles, mientras encuentra su verdadera identidad mediadora entre el Cielo y la Tierra. 

Pero, ¿Cómo acceder a esta formulación existencial y sabiduría, haciendo caso omiso de lo que es en realidad, de qué se trata, de donde uno viene, o a dónde va, el sentido de su destino y el lugar que debe ocupar en el universo?

El objetivo de los trabajos realizados por los Perfectos Masones Libres es la construcción del Hombre, del Ser, que es la genuina humanidad considerada objetivo ideal. Independientemente de creencias u opciones filosóficas, este enfoque parte de la premisa de la fe y de la esperanza en la perfectibilidad del ser.

La simbólica de este grado está estructurada sobre la base aprovechando el tema de los valores en el ideal caballeresco ante el cual los masones se convierten en sus defensores. Inscribiéndose en una dinámica de lucha con la intención de espiritualizar este combate y deviniendo en un Caballero del Espíritu. En él rencontraremos los temas principales de búsqueda de la palabra, el amor, el sacrificio, de la resurrección y el fuego. (Ibíd., p.417).

Deber y salvación: la ética moral (Luc Ferry, p.222).

Esta secularización de la moral cristiana de la Rosa-Cruz de las Luces católicas, afirmada por la finalidad de la 4ª Orden de Sabiduría, puede reducirse a estas tres virtudes teologales. De hecho, estas tres virtudes cristianas teologales secularizadas por los Modernos implican también una doctrina de salvación, tal y como dice Luc Ferry.

Para secularizarse, la moral cristiana y católica de Rosa- Cruz católica según el Barón que Tschoudy, ello significa mostrar cómo el humanismo moderno se funda todo él en la emergencia de una nueva visión del hombre, que apareció en un gran día en el pensamiento de Rousseau - que no significa, por supuesto, que haya un solo pensador en el origen de esta agitación, peo que dicho pensado tematizó mejor que nadie en su filosofía mejor que nadie.

Es en este contexto, donde volvemos por un momento, sobre el significado de este trastorno, de esta agitación, así como las razones por las cuales se permite fundar fuera de los marcos religiosos tradicionales los dos grandes temas alrededor de los cuales las morales modernas van girar desde el momento que la libertad humana fue un absoluto: de una parte la valorización del interés general, de lo universal, contra los intereses particulares, y por otra parte, está la idea de que la verdadera virtud reside primero y ante todo, y en todo caso, en una acción desinteresada.

En la tradición cristiana, el ser humano es concebido como una criatura. Esto significa, en el imaginario cristiano, su «idea», su concepto, si se quiere, se encuentra primero en el entendimiento divino antes de que Dios, no decida hacerlo existir por su Sola voluntad. Reconocemos aquí, un tema largamente desarrollado por el existencialismo ateo contra el cristianismo: en este último, la esencia, ola idea del hombre, precede a su existencia según un modelo que es el Dios mismo, es el relojero que traza primero en su cabeza y luego sobre un papel, un plano, el reloj que luego hará «existir», Dios concibe al hombre, y luego a la mujer, y les otorga después su existencia. El ser humano pues no es plenamente libre, está encerrado en una definición previa que traza las líneas de sus acciones futuras. 

Es justamente la primacía de esa esencia o de la idea de la criatura sobre su existencia sobre la que Rousseau antes de Sartre, va a desarrollar y desacreditar.

Y lo hace, como es de uso en la época, en el curso de la comparación entre el hombre y el animal. La comparación sirve en efecto para definir lo mejor posible, por «diferencia específica»", al propio del hombre por oposición de lo que no es, sino que se le parece más.

Sobre este motivo central en el nacimiento del humanismo moderno, Rousseau muestra que se piensa de otro modo en cuanto a la moral secularizada. Primero y ante todo esto: no es la inteligencia, ni la afectividad, ni hasta la sociabilidad verdaderamente la distinguen al hombre de un animal. La evidencia es que hay unos animales más inteligentes, más afectuosos y más sociables que ciertos humanos. La verdadera diferencia está en otro lugar: mientras que el animal está enteramente programado por un instinto natural, el hombre posee una libertad de maniobra con relación a la naturaleza.

Aquí debemos recodar el ejemplo que da Rousseau en su Discurso al origen de la desigualdad.

«Así es como un palomo moriría de hambre cerca de un estanque lleno de las mejores carnes y un gato sobre montones de frutas o de granos, aunque el uno o el otro pudieran muy bien sustentarse del alimento que desprecian sin ni siquiera probarlos. Así es como los hombres disolutos se entregan a excesos que les causan la fiebre y la muerte porque el espíritu deprava los sentidos y porque la voluntad todavía habla cuando la naturaleza se calla».

La naturaleza no es pues nuestro código, y es en esta libertad, concebida como una facultad no para estar encerrado a priori en una esencia, en este caso en un programa natural, que reside en la posibilidad de la cultura y de la historia. Es porque son reglados por la naturaleza por los cual los animales no tienen historia.

Las sociedades de abejas o de hormigas son las mismas hoy que hace dos mil años. Mucho más, el animal, la mayoría de las veces, pasa educativo. Bambi marcha algunos minutos después de su nacimiento, como las pequeñas tortugas que se encuentran solas y el instinto las lleva en dirección al océano salvador.

Nuestros niños a menudo se quedan con nosotros más de veinte años... Doble historia la del hombre: de un lado el individuo, se nombra la educación, del otro lado la especie, cultura y política. Y el ideal moral, por supuesto, emancipándose de la naturaleza es como el ser humano se perfecciona, para ir hacia mejor. De ahí sus dos características fundamentales, la libertad y la perfectibilidad (historicidad). Los tratados, fundamentalmente de las morales modernas, dejan deducir que se fundan sobre la absolutización del humano como tal o, por lo menos, de la libertad en él.

Para Luc Ferry (ibid.; p. 230), pertenece a Kant, pero también para los republicanos franceses que son tan próximos, les incumbirá deducir ambas consecuencias morales de esta nueva definición del hombre: la noción de virtud desinteresada y la de la universalidad. Es bastante fácil ver cómo emanan inmediatamente de la antropología rousseauniana.

La acción verdaderamente moral, la acción verdaderamente «humana» ( es significativo que ambos términos tiendan a recortarse y que se diga, por ejemplo, sobre un gran crimen, que es "inhumano"), estará primero y ante todo lo que demuestra propio del hombre entender la libertad entendida como facultad para escapar de toda determinación por una esencialidad previa: mientras que mi naturaleza - ya que soy un animal – mi prioridad me empuja como toda naturaleza, al egoísmo (que es sólo una variante del instinto de conservación para mí y para los míos, incluso para la humanidad entera), tengo también, según la primera hipótesis de la moral laica, la posibilidad de apartarme de eso para actuar de modo desinteresado.

Esta hipótesis no tendría ningún sentido, en efecto habría como lo propone la sociobiología, reducirla a la ilusión. En esta perspectiva laica de Luc Ferry, sin esta idea, la moralidad desaparecería.

Si descubro, por ejemplo, que una persona que se muestra benévola y generosa conmigo con la esperanza de obtener una ventaja cualquiera que disimula (por ejemplo, una herencia), es claro que el valor moral que otorga a sus gestos se desvanece de un solo golpe. O todavía más: no le otorgo ningún valor moral particular al taxista que acepta encargarse de mí porque sé que lo hace, y es normal, por interés.

En cambio, no puedo abstenerme de agradecer como si hubiera actuado moralmente, humanamente, sin interés particular, ya que tiene la amabilidad de ponerme el stop en un día de huelga. Estos ejemplos y todos los a los que se quieran añadir en el mismo sentido van hacia la misma idea: Con razón o sin ella (ese es otro debate), virtud y acción desinteresada son inseparables en el imaginario moderno y es solamente teniendo como base una antropología tal como la de Rousseau, en cuyo enlace toma sentido.

Según esta concepción del Deber y de la Salvación, de Luc Ferry, vemos también cómo sobre esta primera vertiente la secularización de la moral cristiana integra también, al lado del pelagianismo, la herencia de Lutero: las obras humanas tienen valor moral sólo en la condición expresa de no ser secretamente destinadas a obtener una ventaja cualquiera que sea. Hay una gratuidad en la moral por lo menos tanto como en el arte.

La segunda consecuencia de esta nueva antropología es el acento puesto sobre la universalidad a la que deben de referirse en principio las acciones morales. Una vez más, el lazo es claro: la naturaleza por definición, es particular.

Soy hombre o mujer (lo que ya es una particularidad), tengo tal cuerpo, con sus gustos, sus pasiones, sus deseos que no son forzosamente (es una lítote) altruistas.

Si sigo siempre mi naturaleza animal, es probable que el bien común y el interés general podrían esperar mucho tiempo antes de que me digne considerar solamente su existencia eventual (a menos, por supuesto, que recorten mis intereses particulares, por ejemplo, mi comodidad moral y personal).

Pero si soy libre, si tengo la facultad para apartarme de las exigencias de mi naturaleza, para resistir por muy poco que sea, entonces, en esta misma desviación, puedo acercarme a otros para entrar en comunicación con ellos, y, por qué no, tomar en consideración sus propias exigencias. Con razón o sin ella, allí todavía dejo la cuestión indecisa, lo imaginario moderno va a fundar este altruismo, esta preocupación del interés general, sobre la hipótesis de la libertad humana.

Libertad, virtud de la acción desinteresada, la preocupación del interés general: he aquí las tres palabras maestras que definen las morales del deber- del «deber», justamente, porque nos comandan una resistencia, incluso un combate contra la naturalidad o la animalidad que reside en nosotros. Todavía hace falta, percibir claramente que ello implica una rotura decisiva con las fundaciones religiosas tradicionales de la moral, en el que, también, nos fuerzan a reposar en términos nuevos la cuestión de la ética, y de la «salvación».

Pierre Besses  
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