sábado, 9 de agosto de 2008

El Rito Francés: Rito de Tradición (II)



Conferencia en Lyon del 2007 de Philippe Thomas

El dialogo entre Razón y Fé.

Un bosque no se descubre hasta que no se penetra. La oportunidad de descubrir sus riquezas sólo es accesible a aquellos que eligen la aventura de la búsqueda de lo recóndito del misterio, y se oculta a los ojos de los que se dirigen al claro del bosque que es lo más fácil.


La elección del pragmatismo y un espíritu de apertura es lo que nos dirige hacia la Cámara de Grados. La libertad de conciencia se deriva, como no podía ser de otro modo, del método adoptado. Nosotros no tenemos ninguna oposición particular a recibir en el Rito Francés a Hermanos de confesiones cristianas y no cristianas. El concepto de libertad de hacer, y la libertad de pensar, está muy explícita en el tercer Orden del Rito Francés.


En la actualidad, tanto la Iglesia Católica como la Masonería, ante la idea de un necesario diálogo entre Fe y Razón juegan a devolverse la pelota, al igual que en un partido de tenis de mesa.


De hecho las dos Instituciones están hoy de acuerdo que sobre este punto que debe haber un dialogo, pero cada una utiliza con toda la fuerza esta argumentación para señalar al otro en la diatriba de que no se aplica en su consecución.


El Papa Juan-Pablo II lo denunciaba en su encíclica “Fides et Ratio ”. Lo que tendría que ser el punto de unión entre ambas instituciones, permanece hoy como un elemento de discordia entre Iglesia Católica y Francmasonería.

La necesidad de un diálogo entre Fe y Razón es pues una paradoja en los comienzos de este siglo XXI, en le cual están muy definidos los conceptos. Las cosas quedaban, tal vez, menos claras a finales del siglo 18. Cuando la Fe era la primera condición, por no decir que era exclusiva para las autoridades Católicas. Los problemas de sociedad y filosofía habían de pasar por el tamiz de su autoridad eclesiástica. Para los filósofos de las Luces, y para muchos masones que se impregnaban de sus ideas, la Razón triunfante era al contrario, el resultado último de la emancipación del Hombre.


En el siglo XVIII , no hay divorcio entre la Fe y la Razón, hay un punto de inflexión para hablar de la emergencia de un nuevo concepto en el campo de pensamiento, con implicaciones personales y sociales. “La razón es al alma lo que los ojos al cuerpo: sin los ojos, el hombre no puede gozar de la luz, y sin la luz no puede ver nada” decía Quesnay.


Durante el período pre- revolucionario, la universalidad del mensaje, la generosidad y la benevolencia social no estaban inevitablemente en el sentido de la cita. Esta Razón, en efecto, no era para colocar en las manos del pueblo llano, o de los oportunistas, era para una élite limitada que no siempre dedicaba una mirada fraternal a la Humanidad.


La Religión se destinaba al vulgo, y no tenía más función que mantener la paz social. Citemos a Diderot y de D´Alambert en su Enciclopedia en 1765 : “No hay nada que cueste menos hoy que adquirir un filosofo; la retirada vida indeterminada y, alguna pizca de sabiduría, con un poco de lectura, bastan para atraer este nombre a personas que se honran de ello sin merecerlo.


Otros veían que la libertad de pensar en el razonamiento y lo observan como verdaderos filósofos, porque se atrevieron a invertir los puntos consagrados y colocados por la religión como formas de conducta y raciocinio, y con ellos estos filósofos rompieron los obstáculos en aquel punto en que la fe cegaba la razón.


Orgullosos de deshacerse de los prejuicios de la educación, en materia de religión, observan con menosprecio a los nobles, a los espíritus pusilánimes que se dejaban asustar por las consecuencias de un estado, personal y social, sin religión, y no atreviéndose a salir del círculo las verdades establecidas, y sin tan ni siquiera intentar busca nuevos camino, se dormían bajo el yugo de la superstición. »


La parte fundamental en la cual creían los Hermanos en el siglo XVIII que como participaban numerosos miembros de clero de la Iglesia Católica en los trabajos Masónicos a pesar de la excomunión de Papa XII, el diálogo entre Fe y Razón no podía abrirse sino en un lugar tan privilegiado como las logias, lugar en el cual se sentaban los que creían y los adeptos de la Razón. Sus reflexiones superaron los límites de los filósofos de las Luces. Por tanto podemos decir: Que no hay dogma religioso en el Rito Francés…


Es fácil aún hoy para algunos miembros eminentes del clero católico basarse en este tipo de realidades para denunciar el relativismo de la francmasonería, sin observar las faltas pastorales y sociales de los movimientos religiosos de ese tiempo, lo que por otra parte no descuidó el Francmasonería.


Ya que casi todos los cuerpos religiosos perdieron parte de su influencia y de su poder durante este siglo, y ello fue en bien de las libertades individuales que liberadas del yugo religioso permitieron una nueva expresión de la Fe, abriéndose ésta sobre nuevas perspectivas humanas y espirituales y remitiendo una adaptación de las Religiones a los múltiples cambios de los siglos que habrían de venir.

Los cambios de mentalidad en la sociedad profana y en las logias, violentamente combatidos por el clericalismo y una política de múltiples excomuniones durante el siglo XIX condujo en varios países a la separación radical entre las Iglesias y el Estado, y esto no es no completamente negativo, con todo respeto a muchos, ni para los unos ni para otros.


Las elecciones del Gran Capítulo General de Francia y la Cámara de de Grados


Los Altos Grados del Rito Francés se organizan desde el principio en 5 Órdenes. “El G. Chap. General contendrá por tanto todos sus conocimientos en 5 Ordenes.


El 5º Orden incluirá todos los grados físicos y metafísicas y todos los sistemas, especialmente los adoptados por las asociaciones masónicas en vigor. ” Nuestros Ordenes no son solo Grados, sino también hacen referencia a las familias Rituales en que deben trabajarse en los Capítulos.


La Masonería es el Templo de la Razón, o es religiosa, y en este último caso hasta dónde religiosa?


Uno de los debates de la Comisión se refiere a la religiosidad de algunos Grados así que sobre el elitismo de la Francmasonería. Por este motivo una serie de Altos Grados son a rechazados. De hecho el 20 de agosto de 1782, la Cámara de Grados rechaza el Grado de Caballero del Águila Rosa Cruz. Ya que se le considero como demasiado cercano a las ceremonias eclesiásticas.


Detrás de esta deliberación, no se puede negar que estaban los Hermanos que se habían formado bajo las ideas de las Luces, así como los Hermanos sinceramente cristianos que no veían mucho sentido en que ello debiera encontrarse en la logia o en el Capítulo, lo que viven en otro contexto el domingo en la iglesia parroquial.


La Masonería no es aquí relativista, como se le acusa y que repiten al unísono sus detractores, en ella se da simplemente los medios de reunir personas de corrientes de pensamiento diferentes o incluso opuestas, en un “Centro de Unión y el Medio reconciliar una verdadera Amistad entre Personas que habrían debido seguir siendo perpetuamente distantes”, como la tachan las primeras Constituciones de Anderson.


La Cámara eliminó por tanto Grados dados por antimasónicos como el Caballero del Águila Negra, o del St Sepulcro. Los Grados entre el 3º y el Cargo de Elegido se descartan ya que son poco interés. Otros son redundantes en las ideas expresadas, o son poco inteligibles como el Caballero del sanTo Sudario. En sus deliberaciones, la Cámara se coloca sobre lo que es la Tradición Masónica.


Los Grandes Elegidos no debieran descartarse de la cadena de la Masonería El Rito Francés es, por eso coherente del 1º Grado al 5º Orden, ya que se coloca también sobre el espíritu de la Masonería y la Humanidad.

Los Grados de los Grandes Elegidos van a plantear un delicado problema. El Pequeño Elegido el Elegido Desconocido, o el Elegido entre los 15 no son aceptables. Se sabe que Willermoz los habían descartado de su sistema, como había rechazado el de Rosa-Cruz. La elección de la Cámara será reanudar los tres Grados para hacer “del Grado del Elegido, un grado razonable que tendría nada de odioso según se percibía (sic) en algunos ellos”.


Innovación interesante, ya que la situación no existe en ninguno de los tres Rituales, si se castiga a los asesinos de Hiram, la venganza no tiene sentido, por tanto el carácter sangriento del Grado se reduce, en favor de una reflexión moral y ética que sigue estando siempre hoy de actualidad.


En conclusión:


Protagonistas del Rito Francés, somos los herederos de tres siglos de fraternidad iniciática. Nuestra Fe en la Orden, es la Fe en la Humanidad. Pertenece al ámbito de la Utopia, y perpetuamos en esta proyección de la caravana humana en una corriente de pensamiento universal, viva y que se ajusta a las necesidades de todos los Hombres.


La Masonería fue, es y será, una necesidad fundamental e irreemplazable, El uso de la Fraternidad es lo que nos indica que las diferencias nos enriquecen. Más que separarnis son una invitation acercarnos . ¿Cuándo sabré que se acaba mi camino iniciático? Será cuando yo puede decir desde el fondo de mi corazón a cada uno : “Es mi Hermano. »