jueves, 31 de diciembre de 2009

REVISTA CULTURA nº2 dedicado al RITO FRANCES

Lo cierto es que no sí alguien me hubiera dicho hace tan solo tres años que en España habríamos  sido capaces de sacar una Revista exclusivamente al dedicada  al RITO FRACES y además en una revista como CULTURA MASONICA, no me lo hubiera podido creer.
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http://masonica.es/cm/revista_cm_enero_2010.pdf
Ha sido una concomitancia de factores los que al final han cooperado a que este pudiera suceder, por un lado la alianza establecida con el Hermano Joaquín Villalta  del GOI, con el cual con su inestimable ayuda y empuje se pusiera en marcha el Circulo de Rito Francés Roëttiers de Montaleau, luego que se nos fueran juntando otros hermanos mejicanos como Lila y Rodrigo, y finalmente que un editor como MASONICA.ES creyera que era el momento de darle una oportunidad al Rito Francés, en medio de todo el mundo masónico español  y de habla castellana  que nos rodea,  que está fundamentalmente dedicado al Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) tal y como hemos podido ver estos días en dos revistas como CLIO y MAS ALLA, que han sacado sus numero estos días a la masonería, y en las cuales apenas si se menciona el Rito Francés ni el trabajo que se está llevando a cabo en pro de otros sistemas rituales.

Lo mismo ha pasado con la película que estos días se estrenó en Barcelona, y de la cual me hacía eco en Masonería siglo XXI, todo está mediatizado en función del REAA, que es mayoritario, lo cual no obsta para que haya lugar para otros sistemas rituales.

Por eso que cuando se me presentó la oportunidad de coordinar este número, no dudé un minuto, conjuntar a las máximas figuras nacionales e internacionales en pie de igualdad  hablando de Masonería y Rito Francés, me pareció que era importante para el ámbito ritual y sobre manera para los ámbitos geográficos territoriales de habla castellana, que demandan continuamente trabajos, rituales, herramientas de formación, etc, y que ha obligado a que una Revista como CULTURA MASONICA, haya tenido, al igual que nuestros blogs, a cubrir en ocasiones terrenos y lagunas que debieran cubrir las propias Obediencias.
La demanda de rituales, de trabajos sobre Rito Francés, es un clamor que llega cada día a nuestros emails, es por ese motivo por la falta de respuesta de algunas instituciones masónicas por las cuales el Círculo de Estudios de Rito Francés Roëttiers de Montaleau, se ha  propuesto dotar a la comunidad masónica y estudiosa de los temas rituales, de documentos y trabajos precisos , que sirvan para galvanizar al sistema ritual de los “modernos”el cual guarda una gran pureza.

El trabajo lo han de juzgar ustedes como lectores,la idea del editor y la mía, era dar desde esta plataforma voz a la pluralidad geográfica,  ritual y Obediencial y que desde esa peculiar posición cada uno pudiera dar cumplida cuenta de su encargo en la libertad absoluta de expresión y versión. Ha sido una pena no contar con todas las voces, algunas fueron invitadas y declinaron, otras no llegaron a poder cumplir con su compromiso, como ha sucedido con la “regularidad masónica del Rito Francés” que fue invitada a colaborar en la Revista, Cada uno hace opción de su libertad y de su capacidad, y la nuestra es dar lugar a la pluralidad.

Creo que se ha conseguido calidad y pluralidad, en ellos han colaborado una pléyade de escritores como:  Porset, Marcos, Dachez. Van Win,  Rodrigo Álvarez, Joaquín Villalta , Javier Otaola, o la hermana Lila  Lorenzo, todo un elenco de reflexiones que ahora ponemos a vuestro alcance.

Espero que vuestras expectativas sean satisfechas.y espero vuestros comentario y como no vuestras críticas.

Víctor Guerra. MM.:. RF del GODF

domingo, 27 de diciembre de 2009

LA TRADICIÓN… ¿ TRAICIONADA..?

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Cuando las cosas no salen como se quiere o se persigue, o cuando el grupo que lidera un taller desea acabar con las voces discordantes, o críticas,  se suele ir a la aplicación “sensu strictu” de las leyes,  en en nuestro caso es  la aplicación de los llamados Reglamentos Obedienciales.
Eso de enrocarse en la aplicación a rajatabla de los Reglamentos es toda una tentación que está como bastante extendida en el seno del desarrollo logial y Obedencial, y lo vemos muy a menudo.
Es más, me da la sensación que cuando algunos acuden o invocan  los Usos y Costumbres, o sea la Tradición, que debe formar parte de un taller junto  los Reglamentos de la Orden, y el  Reglamento Particular, noto que hay como una cierta tendencia a pensar que se está invocando una tradición que parece estar fuera de ciertas órbitas obedienciales, máxime de carácter  liberal,  pues hay quien adjudica esos Usos y Costumbres  como patrimonio exclusivo de masonería ortodoxa,  o mal llamada “regularidad”.
Esto de la ausencia de Reglamentos Particulares, y la aplicación de un régimen tan general como las Constituciones y ceñirlo a la logia siempre nos afectará de un modo u otro. Soy de la opinión de que siempre hubiese un marco más cercano  y ceñido a la realidad cotidiana, y que estuviese siempre presente en la logia como ya he dicho conformando una parte importante junto con los Reglamentos Obedienciales.
Unos “Usos y Costumbres” a modo de Reglamentos Particulares, que no deben estar  evidentemente en contraposición con los Estatutos y Reglamentos de la Orden, pero que ayudarán a la hora de organizar y articular un buen desarrollo de la vida logial y que deben recoger los acuerdos y el “ser y estar” de la logia, para que haya menos hueco a los personalismos y las interpretaciones leguleyas de las leyes.
Los Usos y Costumbres, no significa otra cosa que recoger y plasmar, unas reglas del juego para ese caso en que no llegan  los Reglamentos, los cuales deben además  formar parte de nuestro bagaje a trasmitir, y no es menos cierto que  a veces esos parámetros de uso y aplicación por no estar escritos se pierden como una referencial vital de la propia masonería.
En este sentido quiero traer hasta este pizarrón un  artículo de un Maestro Masón de la Gran Logia de Francia, de cuya Obediencia me queda por decir que siempre se han significado por tener una membresía de una alta talla intelectual, en general muy equilibrados, es por ese motivo por el cual aporto el trabajo del Hermano Jean-François Pluviaud, que publicó en el en el Nº 133 de Points de Vue Iniciatiques, que es la Revista oficial de la Gran Logia de Francia., y que viene a situar muy bien el contexto de la Transmisión y la Tradición y el papel que juegan en la vida logial y cuya conceptualidad debiera empaparse esa confección del Reglamento Particular de “Usos y Costumbres” logiales.
Dice el Hermano Pluviaud:
La Transmisión es una de las palabras fundamentales de la Masonería. Se nos presenta como un deber inexcusable, una de las finalidades específicas de la Orden. Como ocurre con la mayor frecuencia, le compete a cada masón (es algo intrínseco a nuestro método) descubrir qué es aquello que está obligado a transmitir, cómo debe transmitirlo y, sobre todo, a quién debe transmitirlo.
En primera instancia, la transmisión tiene que ver con la perpetuación de la vida; pero también, por extensión, con la perpetuación en el tiempo, a través de una cadena de transmisión humana, de una idea o de un comportamiento determinado. ¿Qué sentido cobra entonces la transmisión en la Masonería? Un masón no debe conformarse con cualquier respuesta a esta cuestión, con una idea vaga; pues requiere de una reflexión para encontrar y dar el sentido correcto a la palabras y a las ideas.
La Orden Masónica halla su fundamento en una Tradición, que contiene y da expresión a lo esencial de la vida iniciática y en particular a cuanto concierne al papel y al lugar del hombre en el universo. La Tradición no es “la Verdad”, objeto de la búsqueda de los masones. La Tradición es, simplemente, la búsqueda de una respuesta para la pregunta primera que ya debió plantearse el hombre al convertirse en sapiens-sapiens : “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?”.
La Tradición es obra de los hombres, lo que quizás no resulte demasiado gratificante para algunos de ellos. Pero una Tradición es algo muy diferente a lo que solemos llamar “las tradiciones”. La Tradición es original, fundacional; las tradiciones contienen y expresan las creencias de un grupo determinado y son generadas por ese mismo grupo; dependen de la existencia de éste, son contingentes. A la misma pregunta, única, constante y universal, se ha dado una diversidad de respuestas de diferente naturaleza y de ellas han surgido las distintas religiones y, en consecuencia, las civilizaciones. En Occidente, la respuesta más frecuente ha recurrido a la verdad revelada y al correspondiente teísmo. Otras posibles respuestas se apoyan en postulados metafísicos y espiritualistas acompañados de todo un sistema moral y del comportamiento y de las implicaciones que de él caben deducirse.
En la Orden Masónica los diferentes Ritos se prefiguran en función de las tradiciones a las que están asociados, todas ellas interpretaciones específicas de una misma Tradición primera y sus diferencias atañen también al modo en que son puestas en práctica. La propia Orden es la responsable de la Tradición fundacional, cuyo olvido o modificación supondría una desnaturalización del pensamiento masónico en su conjunto y afectaría incluso al sentido mismo de nuestro compromiso con él. La primera responsabilidad de la Orden consiste, pues, en asegurar la transmisión de la Tradición, expresión del fundamento de nuestro empeño y camino iniciático, de la doble naturaleza del hombre –espíritu y materia-, y de la necesidad absoluta que éste tiene de restablecer el equilibrio entre ambas naturalezas, si quiere cumplir su proyecto de transformación de la humanidad.
Pero si la Orden es la responsable de la Tradición, esto no implica que la haya recibido en depósito oficial ni que sea su propietaria exclusiva. En caso contrario no nos hallaríamos muy lejos de una forma de revelación, acontecimiento totalmente antinómico con el hecho masónico. La masonería es una propuesta que se hace a los hombres para que encuentren el sentido de sus vidas y nunca ningún masón ha pretendido que se trate de la única respuesta posible o de la única solución imaginable; es una vía entre otras, aunque su coherencia y sobre todo las perspectivas que ofrece le confieren un atractivo innegable.
La Masonería ha heredado un método que, a través de los siglos, se ha ido enriqueciendo con cierto número de procedimientos, de maneras de ser que ya le son propios y que suponen un modo de llevar a la práctica una metodología iniciática universal. El conjunto constituido por la búsqueda de respuesta a la cuestión existencial, más todas las implicaciones derivadas de esa misma búsqueda –incluyendo elementos comportamentales- es lo que se denomina por extensión como “Tradición masónica”.
La Tradición de la que la Orden es depositaria ha sido elaborada a partir de una interpretación propia de la Tradición primera, de una lectura específica de ella, y de la tradición humanística de la que se reclama el pensamiento occidental, con una mirada particular que nace de una sensibilidad también particular. Quienes nos adherimos a la Masonería lo hacemos por afinidad con esta visión de la naturaleza del hombre y de su misión existencial; una visión con la que nos identificamos con precisión y que nos identifica, una visión de la que nuestra Orden es depositaria y responsable, una visión que la misma Orden ha construido. No hay en ella presencia alguna de la revelación: son los hombres, armados sólo de su inteligencia, de su “espíritu” y su incoercible necesidad de saber, quienes han formulado las etapas de esta búsqueda destinada a conjugar su angustia vital. Para el hombre que ingresa en la Masonería, aquél que comienza a hacerse preguntas y, evidentemente, a imaginar las respuestas sobre la naturaleza de sus mismos aspectos constitutivos, se produce una especie de revelación a partir de este acceso a la conciencia de sí mismo: la revelación de la idea.
Esta Tradición, que constituye el alma y el corazón de la Masonería, es lo que debe ser transmitido. Sin embargo, debemos tomar conciencia de que dicha transmisión sólo puede realizarse en el tiempo, en el largo plazo, no en el espacio de una sola vida sino a escala de todo el género humano. Para que pueda llegar a convertirse un día en una realidad para todos los hombres, es necesario que esta Tradición permanezca inmutable a través del espacio y del tiempo; por tanto, es necesario que sea transmitida en toda su integridad y su autenticidad. Y tal es la misión de nuestra Orden.
Para asumir su elevada misión, a partir del principio anteriormente insinuado (“sólo lo vivo transmite y sólo lo vivo puede ser transmitido”), la Orden masónica hace vivir la Tradición en los seres gracias a la vivencia de los principios masónicos. Al dotarlos de vida, la Masonería logra que esos principios puedan ser transmitidos ya que “estar vivo” es la única condición indefectible para la transmisión.
La Masonería, por sí misma, no transmite nada: forma hombres, iniciados en la vivencia de sus principios y son estos hombres quienes, a su vez, los transmitirán a otros hombres formando una cadena de iniciados que, ésta sí, asegura y garantiza la transmisión. No hay que confundir el principio fundador y el mensaje que contiene en su seno (mensaje que, a pesar de las vicisitudes de la Historia, debe mantenerse vivo y atravesar el tiempo) con los procedimientos de formación del hombre en tanto instrumento de la transmisión. Son procedimientos idénticos en su esencia pero contingentes en su forma. La Masonería suscita y construye hombres que darán vida a los principios al vivenciarlos, y así lograrán transmitirlos. Sin la acción de tales hombres la Masonería sería letra muerta, una mera curiosidad intelectual.
Es esta la Tradición que estamos obligados a transmitir como mensaje a todos los hombres de buena voluntad.
El deber de la ejemplaridad.
La cuestión no es, pues, la de saber qué se ha de transmitir, sino cómo podemos transmitirlo. Hoy, los masones dejamos a nuestros sucesores unos trazos e indicios muy concretos: escritos, rituales, procedimientos.., lo que los masones operativos denominaban un “saber hacer”.
Todo eso es muy útil e importante, pero no es suficiente; porque, a pesar de todas nuestras precauciones, ese “saber hacer”, ese método, se perderían o se desviarían si no alcanzamos a transmitir su razón de ser. El conjunto de nuestra Tradición no puede resumirse o traducirse a unos cuantos discursos, palabras o escritos. Ser masón es un estado, una manera de pensar y de vivir. El método adecuado para transmitir esta esencia es simple. De hecho, sólo hay uno: vivir. Vivir la Masonería en todo cuanto implica. Lo que da forma a eso que conocemos como “ejemplaridad”: Seremos creídos sólo si somos creíbles; seremos respetados sólo si somos respetables.
Esta forma de transmisión, la “ejemplaridad”, es la primera y más importante de todas. Sin ella, sin los comportamientos que implica, todo resulta una simple ilusión. Cualquiera que sean nuestros principios y teorías, no serán sino letra muerta si no los practicamos, si no los vivimos.
Cada masón está llamado a transmitir la Masonería viva. Y la transmitirá siendo él mismo Masonería, pues los masones no somos, ni individual ni colectivamente, más que transmisores, ejemplos vivos. Nuestros comportamientos son los responsables de la supervivencia de la Orden.
Transmitir, si, pero… ¿trasmitir a quién? Si dijéramos que a todos los hombres, diríamos una profunda verdad. Sin embrago, tal respuesta ha de ser convenientemente modulada.

A los Hermanos masones, en primer lugar, además de los principios que constituyen lo que podríamos denominar “la gran idea”, hay que transmitirles el método, los usos y costumbres, los comportamientos, los procedimientos y el vocabulario de la Orden. Esta transmisión intenta explicar el sentido profundo y la razón de ser de nuestra manera de actuar y de comportarnos; y las razones que nos llevan a adoptarlas. En una palabra, debemos explicarles la Masonería, instruirlos en Masonería. Depende de nosotros que se conviertan en buenos masones, pues la naturaleza y la calidad de nuestros discursos son con la mayor frecuencia determinantes en la evolución de los demás. A ojos de los Hermanos, de todos los Hermanos, somos enseñantes; pero enseñantes que no enseñan lo esencial y que son conscientes de la imposibilidad de hacerlo. Ayudamos, señalamos el camino, rectificamos… pero cada uno ha de recorrer su propio camino.

En segundo lugar, en lo concerniente a los profanos, nuestro papel no es el mismo; no podemos, evidentemente, mostrar la Masonería de la misma manera. Por definición, los arcanos de la Orden, el detalle de sus procedimientos, debe permanecer en el secreto reservado sólo a los masones. Hemos jurado no revelarlos. El secreto es el fundamento mismo del método, del descubrimiento de sí mismo conforme se va progresando. Revelar este secreto abiertamente, sin ninguna precaución, supondría la negación misma de nuestro sistema.

Como contrapartida, se puede decir algunas cosas, mostrar cuál es nuestro ideal, expresar nuestros principios, recordarlos o proclamarlos, dirigirnos a lo que hay de más elevado en cada persona.

Todo esto quiere decir, una vez más, que la transmisión no puede existir ni cumplirse si no es por medio de la ejemplaridad.

Cualquiera que sea la calidad o la elevación de nuestros discursos, si las palabras no están de acuerdo con los actos no servirán de nada. Logramos transmitir cuando somos precisamente aquello que queremos transmitir, “mostrándolo” antes que “diciéndolo”. Sin excluir por ello, obviamente, el decir: Hay que decir, decir incansablemente… y mostrar, y poner al alcance de los ojos. Esta ejemplaridad debe ejercerse en todos los dominios. No se pueden mantener dos actitudes diferentes según se trate con masones o con profanos, pues no hay más que una actitud posible: ser conforme a los propios principios.

Se puede por tanto afirmar que es necesario transmitir y que de ello depende la supervivencia de la especie, la pervivencia del espíritu; que no podemos elegir, que estamos ante una necesidad vital. Al igual que transmitimos la vida biológica debemos transmitir la del espíritu, de manera que ambos, armoniosamente equilibrados, avancen a un mismo ritmo, que es la condición esencial para la realización del progreso de la humanidad.

Debemos transmitir nuestra Tradición, nuestra visión del hombre, de su papel y de su lugar en el mundo, debemos transmitir el espíritu. A la pregunta: “¿según qué método de transmisión?” sólo hay una posible respuesta: siendo ejemplares, encarnando los principios que queremos transmitir.
Y debemos transmitir a todos los hombres sin ninguna restricción, por cuanto somos universales.
Debemos transmitir un mensaje único en el espacio y en el tiempo. En el espacio, esto es, en toda la superficie de la tierra, y en el tiempo, es decir, a todas las generaciones futuras. Y en eso consiste nuestra misión.”
Texto recogido por Víctor Guerra MM.:. del GODF

jueves, 24 de diciembre de 2009

EL GRAN ORIENTE DE URUGUAY , YA TRABAJO EN RITO FRANCES

Hace ya unos meses en esa cadena que se está formando a través del Circulo de Estudios de Rito Francés y de este mismo Blog, varios Hermanos de Uruguay, nos pedían ayuda para poner en pie el Rito Francés, y demandaban Rituales y otras herramientas, cuestión que traspasamos a nuestras respectivas Obediencias (GODF y GOI) y aportamos a los Hermanos nuestro saber y entender y algunos otros materiales, hoy los Hermanos de Uruguay nos hace llegar esta noticia de que la familia de RITO FRANCES crece.
El Grande Inspector Geral do Rito Moderno, Irmão José Maria Bonachi Batalla visita o Uruguay

Caros y Caríssimos IIr.·.

El sábado 05 visitó el O.·. de Montevideo, el Ir.·. José María B. Batalla, Soberano Inspector General para el Rito Moderno con sede en Brasil, para acordar los detalles de instalación de la nueva L.·. S.·. Armonía, en el G.·. O.·. U.·. (Gran Oriente de Uruguay), que será la primera que trabajará en el Rito Moderno o Francés.


Fue un verdadero placer tratar con tan poderoso y honorable Ir.·., resultó ser una bellísima persona, dispuesto a colaborar en todo lo posible con este emprendimiento. En adjunto remito algunas fotos:
Img. 1: Ir.·. Leonardo Tartabini, G.·.M.·.Adjunto, Ir.·. José María Batalla, visitante, Ir.·. Wenceslao Bentancur por L.·. Armonía, Ir.·. Roberto Rebagliatti, G.·. Tesorero del G.·.O.·.U.·..-

Img. 2: Ir.·. Wenceslao Bentancur por L.·. Armonía, Ir.·. José María Batalla, Soberano Gran Inspector General del Rito Moderno, Ir.·. Amadeo Pereira, G.·. M.·. del G.·.O.·.U.·..


La A.·.R.·.L.·.S.·. Armonía, Nº 12, trabaja en el O.·. de Melo, Cerro Largo, Uruguay, muy cerca de la frontera con Brasil y se espera realizar la Ceremonia de Instalación en marzo o abril de 2010.
Un T.·.F.·.A.·.

viernes, 11 de diciembre de 2009

EL SILENCIO EN LOGIA ó EL SILENCIO DEL DISCURSO ?


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INTRODUCCION

Una de las cuestiones que siempre me han llamado la atención en el seno de las logias u Obediencias es la norma del silencio que se les impone a los Aprendices, y que tanto me recuerda a mis tiempos de noviciado, y ya digo que no entro  a valorar  el silencio sus efectos y las pautas que se dan en logia en la interpretación del Ritual.

Esta norma del silencio en las columnas del Norte podemos verla en varias versiones, por un lado el silencio impuesto ya directamente, sin otra posibilidad de poder hablar salvo por la boca del tutor de dichas columnas (2º Vigilante) ya que se parte de que “el Silencio es el preludio de la apertura a la revelación”

Otra versión es un planteamiento más de carácter formativo en tanto que: La disciplina del silencio es una de las enseñanzas fundamentales de la Masonería. Quien habla mucho, piensa poco, ligera y superficialmente, generalmente también quien se alinea en esta corriente prohíbe el poder hablar a los Aprendices.

Luego habría otra versión tal vez más peligrosa que es cuando e no se reglamenta el tema del silencio de los aprendices  y lo pone bajo el potestativo “ad libitum” , en función de situaciones y hasta de masones.

No debe de olvidarse que trasversalmente al Silencio de los Aprendices, se conforma también otros temas como el secreto, la discreción etc… ,lo cual nos llevaría por otros largo pasillos conceptuales, y aquí me interesa desarrollar de donde nace o parte y como se desenvuelve el tema de dejar o no hablar a los Aprendices en logia.

Personalmente no es un tema que me ataña como Maestro, pero sin como formador , aunque no haya  sufrido en demasía el tema del silencio que se les suele imponer a los Aprendices, ya que tanto en las logias en las que trabajé como Gran Atanor, como en Amigos de la Naturaleza y Humanidad (GLSE) no era una regla fija, y se aplicaba más que nada en esas extrañas situaciones que para imponerse sobre el resto se recurría a instalar el Silencio a los Aprendices de forma oportuna, constituyendo de este modo como una segunda clase de masones.

Y tampoco en la Logia Rosario de Acuña (GOdF ) es un tema que esté impuesto, aunque el que sea como un tema “ad libitum” crea ciertos desajustes.

En todo caso ese silencio impuesto crea una distinción cuasi abrumadora y abrumante, pues uno tiene la sensación de que si no está el concepto claro y recogido en los Reglamentos Generales o particulares de la Obediencia o de la logia, pues le queda esa misma sensación que se produce en el eterno debate profano de querer cambiar la ley electoral, cuando a uno le salen los votos negativos…, pues aquí lo mismo. Frustración.

Esa arbitrariedad no deja de producir en el seno del juego logial cosas curiosas y hasta paradójicas, como opta por la libertad de palabra para algunas cuestiones y luego cerrarla de nuevo, o hacer participar a los Aprendices y no facilitarles la información en función, o excusa de su grado y desconocimiento de la masonería, o de no enturbiar su trabajo y desarrollo masónico lo que nos lleva al doble juego del silencio y el silencio del discurso.

Este no es un tema menor, y es fuente de bastantes conflictos tal vez no su aplicación férrea sino cuando queda en esa discrecionalidad que da lugar a muchas arbitrariedades. A este respecto tengo conocimiento de un caso sintomático en él que se pide un participación activa en un tema controvertido y complejo a los Aprendices para posicionar la logia en un determinado estadio; y meses más tarde al llegar una documentación sobre el tema votado y proveniente de la Obediencia, y se expone que no debiera ser filtrado a los Aprendices dejando en manos del VM., la administración de la información bajo el criterio tangencial de no perturban ese silencio o la concentración masónica que requiere todo Aprendiz masón, que curiosamente se ha visto involucrado en todas las dinámicas anteriores. Cuantas veces no nos ha sucedido esto..?

Cada vez que avanzo en la profundización del desarrollo de este tema más recuerda la imposición del silencio a las formas eclesiásticas, con esa caracterización tan suya de manejar el silencio en función de las necesidades y paradojas del sistema, lo cual se acerca a un cierto totalitarismo perverso en la forma y muy utilizado en función de los juegos de poder que se desarrollan, en este caso en la logia, pues el tema no suele salir a la palestra hasta que son necesarios los votos.

Y por supuesto no ignorando los beneficios del silencio, no puedo negar que a veces se ha pasado de un tema de comportamiento en logia un tema seudo regulativo y hasta cercenador del discurso en algunos de sus aspectos.

LAS FUENTES
Por tanto preocupado por estos temas del silencio y por comprobar de dónde pudiera provenir esa presumible regla cuasi landmark del silencio en logia, le pedí a mi buen amigo y Hermano Joaquín Villalta, que me ilustrara en función del rastreo de los rituales que manejamos 

En la Constitución de Anderson de 1723 (3), Art. VI: 1) Del comportamiento de los Hermanos en Logia Abierta:

"No deberás tener reunión privada o conversación separada sin la autorización del Maestro, ni decir nada impertinente o no correspondiente, ni interrumpir al Maestro o los Vigilantes o cualquier Hermano que se este dirigiendo al Maestro".  Pero nada habla de imponer silencio a los Aprendices.

El resultado de esa búsqueda en otros catecismos como el Sceau Rompu, aparece el tema del silencio, pero más bien como tema de observación de conducta de ámbito general de la cualidad masónica.

D. Que doit observer un bon Maçon ?
R. Quatre choses : le Silence, le Secret, la Prudence, & la Charité envers ses Freres

Y aquí se queda el citado catecismo. Cuando por ejemplo recurrimos a otra fuente en este caso de los “modernos” el Luquet ( ) este nos indica los siguiente :
..les devoirs ppaux des apprentis ?
R. D'aider les Comp ons, d'obéir aux maîtres, de travailler avec assiduité et de
garder le silence.

Otro ritual como el Marquis de Gages, no indica nada en especial, digamos que el silencio está presente en muchas partes del ceremonial ritualistico, pero no parece conformar parte de una regulación en el uso de la palabra
.
En el catecismo del Duque de Chartres, vemos que reproduce de forma idéntica al Luquet , lo que no que nos lleva a pensar que tal vez este hubiera sido su fuente)
D. Quels sont les devoirs d'un App.·. ?
R. D'aider les Comp.·., travailler assidûment et garder le silence.

En el Régulateur de 1801 , que es nuestra fuente de trabajo ritual por excelencia nada nos indica de una labor restrictiva en función del grado, salvo con la idea de crear una situación expectante en el ritual. Por tanto ninguna recomendación sobre la “necesidad del silencio” eso sí reconoce la introspección como un instrumento de perfeccionamiento moral, sin precisar sin embargo en qué sentido debe practicarse esta introspección: "La piedra bruta es la imagen del hombre grosero y salvaje que el estudio profundo de sí mismo puede tan solo pulir y hacer perfecto”

Intentando encontrar fuentes más cercanas que me pudieran orientar en cuanto a la presencia del silencio en logia, compruebo que parece provenir de una tradición más proclive al ala “dogmática, tal y como recogemos de la leyenda trinitaria que adoptó la Gran logia de Inglaterra de “oir , ver y callar” , lo cual por cierto no está muy en sintonía con el quehacer del ala liberal masónico.

Quién parece dar la pista de este controvertido tema, es alguien que ha conformado parte de la instrucción y formación de la masonería española ya que no se pudo acceder a otros catecismos y documentos de formación dándose paradojas de que igual tenemos a un Aprendiz o un Maestro Masón leyendo y estudiando un texto de origen dogmático sin que se cuestione ni su procedencia o su origen o la posible coherencia con la línea obediencial y logial en la que sitúa ese masón

De ahí que observemos las más extrañas mezcolanzas de escuelas y doctrinas y se entienda todo ello como parte del corpus masónico.

Entre esos textos que conforman parte del bagaje formativo masónico español se encuentran los textos del escocista y grado 33 uruguayo Aldo Lavagnini, el cual conformó todo el “totun revolotun” que los masones españoles tenemos en nuestro bagaje formativo, y cuyos textos contienen esa importante mezcolanza de escuelas y orientaciones doctrinales tan asentadas en la práctica escocista a la vez que alejadas de otras escuelas rituales como pudiera ser el Rito Francés.

Esto nos dice Lavagnini en su Manual de Aprendiz, sobre el silencio "La disciplina del silencio es una de las enseñanzas fundamentales de la Masonería. Quien habla mucho, piensa poco, ligera y superficialmente. Generalmente, su visión de las cosas será estrecha e inflexible y por consiguiente, no tendrá elementos para valorar nuevas ideas u horizontes. Por eso, la Masonería busca que sus adeptos se hagan mejores pensadores que oradores."

Para justificar la presencia del silencio en logia se ha ido a buscar todas las escuelas y doctrinas que insertaron la filosofía del silencio, y van desde los pietistas pasando por Buda y concluyendo en los Pitagóricos, de tal modo que se ha planteado un determinado estadio a modo de método de introspección, de acallar los sentidos, o incluso de crear efectos de expectativa, o como sistema permanente actitudinal para mejorar el trabajo de redescubrimiento interno, a constituir parte de una cierta reglamentación que no deviene sino en último caso en un hurto de la palabra en logia.

Las fuentes que tanto nos recuerdan los beneficios del silencio están presentes en las religiones y tradiciones místicas, en tanto que se considera que ofrece un momento excepcional que favorece el recogimiento y la quietud espiritual necesaria para la comunicación con lo divino, y por tanto no es difícil observa esa directriz en aquellas familias rituales engarzadas en base cristiana como sucede en el Rito Rectificado (RER) que de mano ya nos indica aquello de que: "Se os ha querido enseñar por esto, que es en el silencio, el retiro y la calma de los sentidos, que el sabio se despoja de sus pasiones, prejuicios, y que da pasos seguros en el sendero de la virtud y de la verdad." (a propósito de la cámara de reflexión)

Y que además encontramos reforzada tal cuestión en la instrucción de Primer Grado del RER:
¿Dónde habéis sido recibidos?

- En una Logia justa y perfecta, donde reinan la unión, la paz y el silencio.
En algunos documentos masónicos, incluso de RF aparecen algunos escritos como el que sigue: Où règnent l'Union, la Paix, la Candeur, le Silence et la Charité, dans un lieu très éclairé, très régulier, très saint, très clos et très fort.

Para rematar este capítulo lo cerraré con un texto de Patrick Negrier: expuesto en su trabajo "Art Royal et Régularité":  “La referencia explícita a la práctica iniciada por Pitágoras y por Sócrates, de la introspección, parece haber penetrado en masonería hacia 1746-1751 en el "Maçon démasqué" donde Thom Wolson se invitaba al francmasón a conocerse a sí mismo para desafiarse: "Francmasón, conócete, pon tu esperanza en Dios".

OTRAS EXPLICACIONES, ALGUNAS DAN PASO AL DISCURSO

Hay quien extrapola este tema como elemento general imprescindible para el grado de Aprendiz, dado que no sabe leer ni escribir, y precisan por tanto de unas actitudes receptivo-expectantes, y por ende, silentes, convirtiéndola a su vez “en ley” que como dice Valdimir Biaggi se parece mucho a la “omentá” mafiosa.

En esa seudo- escuela del silencio se embosca también Juan Carlos Daza que con su Diccionario de la Francmasonería, conforma también parte de ese bagaje que creo que hay que ir desmontando, y el cual parte de que “el Silencio es el preludio de la apertura a la revelación, para añadir “que la las logias tienen impuesta “la ley del silencio” a los aprendices, ya que no el mutismo, ya que por él hablará su tutor, el Segundo Vigilante” ; en esa misma dirección y desde la vertiente más pura escocista reafirma tales tesis Irene Mainguy en sus trabajos sobre simbolismo en el REAA.

En contraposición debemos apuntar que en el Régulateur, se habla de "no debo", tal vez enfocando la prudencia o dosificación del uso de la palabra en esta fase, aunque no aparece nunca su prohibición.

Tal vez pudiéramos aventurar que el silencio en logia está más el campo simbolista del REAA, que el Rito Francés que es un rito más tendente a la dialéctica, y llegadas a este campo el Aprendiz de Rito Francés no debiera perder de vista que su primer deber es aprender a plantear las cuestiones y formularlas, trabajar en el dominio de las ideas sin restar un ápice el mundo de las opiniones y de las convicciones, ya que además la propia caracterización de la masonería demanda un pensamiento específico y original y para ello que mejor medio que el mundo de la razón que no puede permanecer en silencio para al menos situarse en el plano del discurso.

En ese sentido podemos decir que el Rito Francés dio un transcendental paso y es constituirse en el Rito de la Razón, huyendo de paradojas simbolistas que le ataran al silencio místico de una providencia que revolotea por entre juegos de luces, donde la coreografía simbolista juega un papel más importante si cabe que el discurso dialéctico.

Por eso al enmarcarse el Rito Francés en las Luces y reivindicar la presencia ya no del caballero, sino del ciudadano, como nos dice el Regulateur, se recobra de este modo el discurso, pues el ciudadano tiene derecho a la palabra que además de no poder serle negada, podemos decir que es la nueva herramienta que se apodera de la logia y que la articulará y proyeccionará como tal.

En este sentido se alinean autores como Beresniak (en el apartado referido al apartado del Armonista) nos da su visión del silencio: 

“La música es absolutamente indispensable en el ritual, no solamente con ocasión de las ceremonias especiales, sino durante la apertura de los trabajos o durante el ingreso en la Logia. No substituye al silencio, ya que el silencio no existe: cubre los ruidos inaudibles, los tremores internos generados por aquello que se vivió fuera del Templo. Cubre las agitaciones del alma y arrastra las emociones hacia las alturas. Las emociones no generarán ejercicios de inteligencia; sino que, por el contrario, reconfortarán al espíritu. La música apoya eficazmente la función del ritual de apertura de los trabajos, función que consiste en favorecer un "descondicionamiento" y un "reacondicionamiento" hacia un modo diferente de ser. Y no es por azar que la palabra "apertura/obertura", tan densa y hermosa, también constituye un término musical. Por lo general, los términos musicales como "composición", "ejecución", "concierto", "melodía", "armonía", "gama", "escala", "compás", "tonalidad", "atonalidad", y otros muchos nos brindan referencias precisas susceptibles de aclarar las herramientas del pensamiento. Por ello, el hermano "Armonista" podría, además de su trabajo tradicional, sentirse encargado de la misión de informarle a su taller acerca de los recursos que la música puede aportar para el estudio serio del simbolismo.

Para ir cerrando este largo capítulo, que además pudiera dar paso a otros trabajos sobre las virtudes del Silencio en Logia que si está pautado en muchas ocasiones, y que está muy concentrado en determinados estadios planteando de este modo dos tipos de silencio:

 El silencio físico que es como una a reminiscencia actitudinal importada de procedimientos y/o grupos de tipo religioso monástico e implantada en la masonería a partir de la introducción del planteamiento pitagórico y b) El silencio impuesto, como estado indispensable para el proceso de aprendizaje, que como dice un Maestro veterano y Venerable Maestro de una logia como es el Hermano Joaquín Villalta: Tanto el uno como el otro tienen defensores y detractores, terminando finalmente ad libitum del Uso logial. Siendo de la teoría de que Es preciso en determinados momentos, pero no puede pautarse su uso como procedimiento obligado ni ritualmente, ni actitudinalmente para los aprendices: hay que aprender a aquietar los sentidos, pero hay que buscar acondicionamientos (como dice Beresniak) mediante procesos de estímulo/lenguaje fuera del campo puramente racional y para ello, lo sensitivo/auditivo es necesario

Sin perder de lado que “en el proceso de aprendizaje, el Aprendiz. desde su "falta de pericia", debe tener sus momentos de "Práctica expresiva", o sea, debe poder hablar. No existe Arte (ni siquiera el Arte Real) que no precise de una práctica (bien conducida) desde el primer día. Sin olvidar una paradoja ya que no se debe de olvidar que a principios del XVIII el grado de Aprendiz y Compañero, se conferían en la misma tarde, o sea que podemos preguntarnos ¿dónde estaba el silencio del Aprendiz?

ALGUNAS PROPUESTAS DE REGULACION LOGIALES

Frente a estas situaciones se han creado diversas orientaciones hay Obediencias, que ya de mano los Aprendices no tienen ni voz ni voto hasta que no pasan a Compañeros o a Maestros, eso sí aplicando una lógica cartesiana “ si no hablan no votan”, por tanto ponen a los Aprendices a salvo del posible manejo o administración de la discrecionalidad de los Maestros Masones u Oficiales de la logia y los flujos que en los talleres se pudieran dar.

Es una medida antidemocrática? Puede que sí, pero que en pleno siglo XXI que se niegue la condición a “ser y estar” al ciudadano, o a la persona, aunque sea en logia y en virtud de su mejoramiento personal, suena cuando menos extraño y duro.

Pero tiene en todo caso una virtud y es que se saben de antemano las reglas del juego relacional en el que mueve la logia y los posibles beneficios y desventajas del sistema

Dejarlo a discrecionalidad, sin que ello se recoja en los Reglamentos del taller o de la Obediencia, trae consigo cuestiones paradójicas y de discrecionalidad que pueden resultar aún más antidemocráticas y tiránicas que las anteriores, ya que juega con las personas y los Hermanos en función de los intereses, no creando unas determinadas reglas de juego generales, sino muy particulares que se aplican o no en función de criterios como poder, conveniencia, oportunidad, etc.
Sin embargo hay Obediencias y logias que no regulan esta situación, ni crean un especial entorno regulativo, en el cual se exponga que el silencio no es una norma de regulación y si una regla de comportamiento individual en la logia en cuanto al grado de Aprendiz.

En todo caso este  tema en la órbita del Rito Francés, creo personalmente que no debiera estar presente tal limitación salvo que sea voluntaria por parte del Aprendiz, ya que si partimos de que estamos en un Rito de la Razón, un rito por antonomasia dialéctico, libertario en cuanto a ciertas sujeciones seudoreligiosas que están presentes en otros ritos, no debiera partir de imponer restricciones para que la palabra fluya, es cierto que el Aprendiz no sabe ni “escribir ni hablar” pero el ejercicio de esas funciones es lo que le da la capacidad finalmente de convertirse en ciudadano y que la logia se constituya desde el primer momento es una Escuela de la razón y de formación, pudiera caber la idea  de que en otro siglo esa limitación pudiera tener sentido dadas las abismales diferencias  sociales y culturales habidas entre los masones, seguir sujetándose hoy en pleno siglo XXI a una norma  que mitiga la libertad individual de poder hablar, o sea de la expresión viva, usando la lengua de otro, no tiene sentido

Tema que dejo planteado para el debate.

sábado, 28 de noviembre de 2009

LAS CONSTITUCIONES DE ANDERSON ALGO MÁS QUE UNA QUERELLA (III)

La “Querella de los Antiguos y los Modernos”
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Lo cierto es que hay quien no parece entender nada a cerca de las diferencias conceptuales y filosóficas entre los Ritos, y plantean que hablar de esas diferencias ,  es establecer una especie de guerra ritual o de esencialidades,. A este tenor hay que decir que la  opinión  sobre una supuesta segregación, o guerra ritual,  nace de la ignorancia histórica y ritualista del  Rito Francés y de otros Ritos, y de la propia historia de las Obediencias como el GODF,   ya que no se han leído más que tópicos, y por supuesto ni siquiera  ha abierto un libro al respecto, pero intentan dar lecciones de prudencia de justo equilibrio a la manera del Caid que exponía no hace mucho en el Blog Masonería Siglo XXI, pero ignorando todo lo que ha acontecido al respecto del Rito Francés, y no se trata de revanchismo, se trata de sacar a la palestra algo que ha estado sino oculto, si marginado por parte de los que siguen sin querer compartir mesa y mantel,  ya que entienden que son los  “príncipes” de toda esta historia, tal y como está sucediendo con algunos altos organismos de Altos Grados.

Por tanto este espacio es un espacio de trabajo, de reflexión y de clarificación desde posturas modestas  pero honestas, sin entrar en juegos oportunistas y de oportunidades, y me niego a que este espacio sea considerado como segregacionista en lo ritual, pero habrá que ir dando al César lo que es del César, y siguiendo con esa labor y empeño expongo la tercera parte del trabajo.

En una Inglaterra impregnada de luchas intestinas entre el catolicismo y las distintas ramas protestantes, entre los masones operativos que ven decaer su oficio y la nueva presencia de los llamados masones especulativos, es el escenario o el contexto en que nace la Gran Logia de Londres, y las Constituciones de Anderson los cuales intentan aunar dos mundos, por un lado los “Antiguos Deberes” que estaban presentes en los viejos gremios operativos con su constante referencia al dios de los cristianos , y por otro lado los nuevos adeptos los masones especulativos los cuales apuestan por una nueva apertura sin precedente que pregona una religión universal y como tal propone esa “religión y moral natural” como un punto de encuentro de los francmasones, tanto de los creyentes como de los agnósticos, o incluso los ateos.

El choque entre la tradición que se quería adoptar marginando a la vez a los hombres que la mantuvieron, y los aperturistas con su religión natural, no hizo más que a poner en solfa los puntos de desencuentro entre los “Antiguos” que en ese momento lideraba Dermott, los cuales se reclamaban ese espíritu fuerte en las logias, mantenimiento del control en base a cierto desarrollo del paternalismo, que ya encontramos impreso en la vieja tradición operativa, a cuyos conceptos y praxis debemos sumar la exigencia para todos los masones de la creencia en Dios; lo cual contrasta fuertemente frente al elitismo y la modernidad de la apuesta que estaban expresando en esos momentos los llamados “Modernos”.

En la Gran Logia de 1717 más tarde llamada de los “modernos” ya nos están presentes los “masones operativos de Wren, o de aquellas “guildas de francmasones” sino eclesiásticos, “gentleman” y pequeños comerciantes en los que imperaba un espíritu de tolerancia religiosa importante, que se logra dado que el contexto religioso y político en ese momento se estaba disfrutando.

Atrás había quedado la rebelión jacobita de 1716, y más atrás la Gloriosa Revolución de 1688 y su objetivo de poner fin al absolutismo de soberanía británica, o la “Hill o Rights” de 1689 contra Guillermo de Orange y su esposa Mary Stuar, y el plan de sometimiento religioso… tras todos esos estadios el ambiente conseguido permitirá que se puedan crear diversos tipos de asociaciones tan eclécticas como la Gran Logia que recogía a los hombres de confesiones distintas e incluso tes a “librepensadores” como Jonh Toland, al cual se le podría encuadrar en ese perfil que había enunciado Anderson de no ser un “ateo estúpido”, o lo que hoy denominaríamos como un librepensador.

Los “Antiguos” por su parte optaran por modificar las Constituciones en 1738 adaptándolas a sus necesidades, eligiendo por ejemplo como Gran Maestro al miembro más antiguo, y mejor si esta fuera de sangre noble, y mejor imposible si además fuera Irlandés.

Pero no solo eso sino que optaran por un modelo basado en el respeto al orden establecido, dado que esa era la esencia de la tradición operativa donde imperaba la figura del “paternitas” de cuya pérdida acusaban a los “modernos” tildándoles de esnobistas lo cual ya era grave en un momento en que la masonería estaba decayendo, aunque esas razones de la poca atracción hay que buscarlas para ser justos, tanto en unos como en otros, pues con sus acciones cooperaban a que la fraternidad fuera poco apetecible ya que cuando no se presentaba a la masonería como un juego de aristócratas ofreciéndoles los puestos más elevados de la Orden a modo honorífico, los cuales convertían en juegos florales el trabajo masónico con todo su riualismo fantasioso, lo cual unido a la revelación de los secretos masónicos y pertenencia y la incompetencia manifiesta de las grandes Logias, como la de Londres, que ni federaba logias, ni se ocupaba de ellas, lo cual finalmente arrojaba todo un panorama muy parecido al de “logias salvajes” en su peor acepción.
Esta situación lo que finalmente conlleva es que los más temerarios formen una nueva Gran Logia, paradójicamente titulada como “Gran Logia de los Antiguos” que en julio de 1751, muertos Anderson y Desaguliers, pondrá en marcha Dermott en el albergue Turk´s Heat, situado en el centro de Soho de Londres, y cuyos orígenes habrá que buscarlos en la vena irlandesa y sobre manera en aquellos masones iniciado en la vieja Irlanda e inmigrados a Londres, como bien nos cuenta Patrik Negrier en “La Tulip”.

La gran figura de esta nueva gran logia, y que lanzará de forma subliminal una nuevas Constituciones basadas evidentemente en las de Anderson pero a su vez modificadas y presentadas como digo, de una forma subliminal,  bajo el titulo de Ahiman Rezón (Dublín 1760) (cuyo titulo ha movido a muchas especulaciones), es como dice Cecile Revauger: “Una obra , un poco heteróclita, compuesta de muchas partes, que antes de dirigirse al lector, presenta la parte intitulada Ahiman Rezon, una suerte de profesión de fe sobre los objetivos de la francmasonería, a lo cual sigue los “Antiguos Deberes” que representan palabra por labra a Anderson en diversos aspectos”.

Estamos pues ante un anti-Andesrson  que realiza una feroz crítica  hacia la parte histórica andersoniana y por tanto  su trabajo Ahiman Rezon se plantean como  unas “constituciones más rígidas y también paradójicamente más democráticas” en contraposición a las que usaban los “Modernos” ya que en 1753 la Gran Logia de los “Antiguos” nombraba un Ejecutivo que estaba compuesto por un Gran Comité enteramente elegido, siendo además mucho más rígidos y observantes en los temas referidos a la creación de logias, o al otorgamiento de patentes o reconocimiento de visitantes.

Otro de sus grandes marchamos y que hoy todavía es una enseña en la grandes Logias regulares son el establecimiento de los “Comités de Caridad” que estaban inscritos en esa ideología paternalista. Por su parte los “Modernos” se contentaban con que el Gran Maestro nombrara a parte de ese Gran Comité para regir los destinos de las logias, y eran mucho más laxos en cuanto al control de la organización masónica, estando los temas de beneficencia más sujetos, a lo que hoy se vive en la masonería adogmatica de plantear no un Comité de Caridad o de Beneficencia , sino la institución de un Hospitalario en inscrita su acción en ese “si alguien que reclama el tronco de la Beneficencia para si u otras obras….

A este respecto ya escribí una plancha sobre la Hermandad y la Fraternidad como dos conceptos que distinguen a Antiguos y Modernos, y en la cual expongo en el plano de la metáfora, de entender la Hermandad operativa como la “familia que era la célula de la base de la sociedad del Antiguo Régimen” y familia del latín famuli : habla de esclavos, de siervos, etc.. Como vemos no solo la familia, siguiendo con esa metáfora, era el parentesco sino que tenía otra trascendencia, y era la que aglutinaba a una serie de individuos que para vivir dependían de un señor, entendiendo a este como un “pater familias” y por tanto según algunos medievalistas[1] la palabra familia en aquellos momentos apunta a relaciones de dominación y dependencia, de subalternidad respecto a un señor patriarcal. Hasta el término “homo” llegó a significar en la Edad Media, como “dependiente” o sea : Siervo, Vasallo…” de hecho Dermott va a buscar las elites financieras y aristócratas para conformar su proyecto de la Gran Logia de los “antiguos” basado en ese concepto de dependencia.

Toda esa ideología la contrapongo frente al otro concepto que estaba más en la mentalidad que van a desarrollar los “Modernos” y que Marat[2] exponía de este modo: “Ya vemos perfectamente, a través de vuestras falsas máximas de libertad y de vuestras palabras de igualdad que, a vuestros ojos, no somos sino la “canalla”. La “canalla” no quería quedarse fuera de la nueva sociedad civil prometida por la revolución, no quería seguir permaneciendo por más tiempo en el mundo subcivil y por tanto quería acabar con el despotismo de la ley de familia. Todos artesanos, pobres, trabajadores, asalariados, urbanos, y criados sujetos a servidumbres querían elevarse y alcanzar la condición de una vida civil de libres e iguales, fuera del Antiguo Régimen tutelar y paternalista que asolaba a toda Europa y en especial a Francia”

En todo caso ambas grandes logias buscaran sin pudor el cortejo de la nobleza siendo esto causa de reproches, llegando en algunos casos a titular a la Gran Logia de los Antiguos como la Gran Logia de Atholl, dada la presencia de estos condes en la cúspide masónica de los “Antiguos” aunque no será una cuestión circunstancial o de lideratos sino de toda una praxis que Dermott trata de magnificar en su Ahiman Rezon, al igual que lo intenta plantear Anderson de tener unas elites cuando menos “neutras”, partiendo de que nunca jamás los masones o la masonería estará presente en un complot, o que ningún masón atentara contra el estado, o será culpable de un crimen… ser fieles respetuosos con el orden establecido e instituido.

Todo ello estará inserto en el gran mundo filosófico que desarrolla la “Gran Logia de los Antiguos”, compuesta por católicos, e irlandeses y masones, que admite a los hombres de confesiones diferentes, incluidos los judíos, los cuales también son aceptados por los “modernos” además en un momento de crudo antisemitismo, pero estos últimos no llegan a modificar las reglas del juego masónico que marcan las Constituciones de 1717, pero para Dermott y los “antiguos” es necesario que ese magma estuviera presente en las constituciones de ahí el texto modificado de 1738; “ 1. Obligación. Concerniente a Dios y la Religión : Un masón está obligado por su “ternura” a observar la ley moral, en tanto que Noachita, y en tanto que comprende “craft” (Cofradía) no será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso.. En los tiempos antiguos los masones cristianos se tenían que conformar con las costumbres cristianas de cada país en el que ellos trabajaban o viajaban. Mas la masonería existe en todas las naciones de religiones diversas…

Podríamos decir que pese al carácter en cierta manera universalista y de cierta tolerancia religiosa de los “antiguos” éstos rechazaban tanto a los deístas como a los ateos ya que no estaban en la base doctrinal adoptada por algunos teólogos anglicanos del siglo XVII, y que asumían los “modernos”, que para los “antiguos” estos interpretaban de forma laxa las enseñanzas cristianas, ya que defendían que había salvación fuera de la Iglesia, rechazando los dogmas, y dando preferencia a la razón sobre la Biblia y las tradiciones, interesándose más por la moral que por la doctrina y defienden una amplia tolerancia en materias religiosas.

Aunque unos y otros manifestaban su repulsa por la rigidez de la bula papal de 1738, Dermott se va a mantener fiel a la tradición cristiana de las primeras logias operativas, reprochando tanta “arrogancia filosófica y social” por parte de los “modernos” que se reclamaban como hereditarios en todo caso a la tradición operativa de York, aunque a su vez eran acusados de descristianizar el ritual y abrir en la formulas de apertura y clausura los trabajos masónicos a los deístas en base a la famosa religión natural, que Dermott presentaba como toda una superstición.

Esta posición, como no podía ser menos, va a tener su reflejo en los Rituales sobremanera con la inversión por parte de los “modernos” de los signos y de reconocimiento en el primer y en el segundo grado, con dos intenciones más o menos claras la de desenmascarar a los posibles profanos que querían entrar en las logias, hay que tener en cuenta que esas fechas pululaban las obras antimasónicas que ponían al descubierto palabras, gestos y toques, y también estaba la intención de mostrar toda una trabazón para impedir la entrada de los inmigrantes irlandeses en las logias “modernas”Cambios que sus “contrincantes” estimaban como ilegítimos dado que ello también afectó a los días festivos o patronales de San Juan de Verano y San Juan de Invierno y otras consideraciones rituales, como venimos explicando y exponiendo tanto Joaquín Villalta en su Racó de Llum , como yo mismo, u otros autores.

El encontronazo ritual aún llevó a un ataque aún más feroz por parte de los partidarios de Dermott por otras cuestiones como fue el recorte en las recitaciones de los catecismos masónicos, o la falta de referencia a los “Antiguos Deberes”, o el destierro de la ceremonia de instalación del Venerable, frente a lo cual adoptaran una posición más purista practicando el ritual lo más sólido posible, e introduciendo por ejemplo el porteo de espadas, u optando por una cosa que habían abolido los “modernos” como eran las manifestaciones públicas imputadas al espíritu católico y al gusto personal de Dermott.
Como respuesta al trabajo de inversión en los grados de Aprendiz y Compañero, y en las palabras de paso, los “Antiguos” optaran por introducir el cuarto grado del Arco Real, el cual hace su aparición en 1740, con ello se lograba de facto con tal institucionalización la posible visita de los “modernos” que evidentemente ignoraban por completo el secreto del cuarto grado el Arco Real.

Si bien hay ciertas tesis que plantean que este grado es una importación francesa heredada del Caballero Ransay, que recobran los “antiguos” el cual lo disocian del tercer grado de Maestro haciéndolo autónomo, teniendo además que ser otorgado por los Capítulos del Arco Real, y como una distinción corporativa otorgada por los “Antiguos Venerables”; y pese a que reinaba la prohibición de visita de unos a otros, esto realmente era en muchas ocasiones una lucha más de los grandes Oficiales o de las logias más significativas que del pueblo masónico llano que seguía sus propias costumbres de visita y rituales, a veces en contra de los dictámenes de las Grandes Logias, aunque no se puede olvidar que el conflicto traspasó las fronteras inglesas llegando a Nueva Inglaterra y generando no poco problemas personales e institucionales con “affaires” como los de W. Preston, o Smith… mediando en todos estos desencuentros por ejemplo el tema de la condenación de la Revolución Francesa como obra masónica que no solo venía de la mano de autores no masones como Barruel o John Robinson ,sino que manifiesta en este sentido el masón Edmund Burke defendiendo la tesis del complot masónico…

Finalmente, la Unión de 1813…?
La situación se va haciendo tanto para “Antiguos como para Modernos” insostenible al menos en Inglaterra, en tanto que  1799 el primer ministro William Pitt aprobó la “ley de Sociedades Ilegales, pensada “para perseguir a las sociedades con objetivos de sedición y traición” , en un primer momento quedó eximida la francmasoneria hannoveriana los “ Modernos”  aunque finalmente tuvieron que pasar por el aro junto con los “Antiguos” en resgistrase ante las autoridades, en Francia se desarrollará con fuerza la visión de los “Modernos” pujante y muy activa. Pero en Inglaterra se va desarrollando todo un movimiento pro la “unificación” que terminará materializándose en 1813, ya que no se estaban cumpliendo los regímenes de prohibición de visitas, etc., además de que había una cierta presión como describe el Príncipe de Gales al Duque de Atholl “de que seria “ deseable que pudiera  ser una unión con la otra hermandad de masones, sólo podría ser deseable si se produce sobre la base de la antigua institución y con el mantenimiento de todos los derechos del antiguo Oficio”

Será de nuevo la nobleza quien juegue por ambas parte un papel preponderante, tanto por parte de los “Antiguos” el Duque de Atholl, como por los “Modernos el Duque de Moira, y los Príncipes de Kent y Sussex, con posiciones más honoríficas, pero con fuertes presiones políticas sobre las hermandades masónicas en liza, por ejemplo el Duque de Kent había forzado a los Antiguos a doblegarse  al control de los “modernos”  pero un poco  antes ya en 1809 los “Modernos” suprimirán las modificaciones rituales introducidas en los años 1730 a 1750, siendo   creada  logia “Promulgación” con la idea de estudiar el retorno a las prácticas rituales de antaño y poder reunirse con los “hermanos separados”.

Se restablece por ejemplo la instalación del Venerable y las plegarias en la apertura y clausura de los trabajos, creando dos de las figuras que ya tenían los “antiguos” la de los Diáconos, dotándose la Gran Logia de los Modernos de talleres de instrucción, a la vez que los “antiguos” empiezan un trabajo de ir armonizando y homogeneizando el ritual a lo largo del rosario de logias que ya poseen y finalmente se termina creando la logia “Reconciliation

Cuando uno estudia esta querella y su resultado final, en el ámbito geográfico inglés, saca la conclusión de que la victoria final fue de los “antiguos” ya que se reconoce el cuarto grado del Arco Real, se reglamenta el el tema del Tronco de Beneficencia, se tiende al homenaje a la figura del rey en tanto que se organiza la fiestas patronales de la masonería inglesa tanto a San Juan como San “Georges”, lo cual como nos indica Revauger, “se muestra la frecuente confusión entre “simbolismo y protocolo” que además cuando se consolida la “Unión” se hace a través de todo un ritual basado en la ansiada presencia religiosa con un ceremonial de promesa ante la Biblia y las plegarias solemnes en los trabajos de clausura.

Dándose de este modo una fuerte conjunción que perseguían los “Antiguos” de la ligazón entre masonería y religión, en este caso la anglicana, que tiene su culminación cuando en los articulados de las Constituciones de 1815 aparecen los términos referenciados a “Dios, la Gloria del Gran Arquitecto de la Tierra, cuestiones enteramente nuevas, y no solo eso sino que sino que se prohíbe toda interpretación deísta o agnóstica y se proclama la creencia en una religión revelada, desapareciendo del mapa masónico la gran tolerancia religiosa y filosófica que intentaban preconizar las Constituciones de 1723 y 1738.

En definitiva las “razones de Estado” se habían impuesto, y por tal se constituye de este modo una masonería “respetable” en tanto que se había conseguido la armonía entre la Corona y la Iglesia, entre la pequeña burguesía de los “Antiguos” y la nobleza de los “Modernos”, se instituía la Gran Logia Unida de Inglaterra que adelante repartirá las patentes de “regularidad” “urbi et orbe” realizando un “marriage a la mode” como ridiculizaba en sus gravados.  uno de los masones “modernos” William Hogarth y que abre este pots

Víctor Guerra MM.:. GODF y Miembro del Circulo de Estudios del RF Roettiers de Montaleau.

[1] Miermeyer , por ejemplo llegó a recopilar no menos de nueve  sentidos de esta consideración.
[2] Su primera logia fue King Head Gerad Street Soho , logia afiliada a la Gran Logia de Londres. Y se certifica su pertenencia el 15 de julio de 1774 como Maestro, y también fue un asiduo visitante de la logia holandesa La Bien_Aimée.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

LAS CONSTITUCIONES DE ANDERSON ALGO MÁS QUE UNA QUERELLA (II)

Como veíamos en el post anterior, la famosa genealogía que Anderson se saca de la manga, para adornar nuestra historia servirá a la “regularidad” como excusa para ahondar en ese cierto espíritu tradicionalista y cristiano y hasta operativo que nos muestra el abate Anderson, y a cuya tradición se empeña la propia “regularidad” en enraizarse y en reinterpretarla a su conveniencia pese a que los avances historiográficos nos están indicando que esa operatividad de las logias, o esa historia de la transición no fue tal. Además esa pretensión de la rama más ortodoxa de masonería va a contrastar vivamente con la segunda parte de estas Constituciones, llamadas de Anderson, “las Obligaciones del Francmasón y los Reglamentos Generales”, que no vienen de la mano de Anderson sino de Desaguliers.

Es más, la codificación en la que se basa la “regularidad” de 1929 es la negación misma de las Obligaciones del Francmasón y los Reglamentos Generales, en los cuales queda nítidamente mostrado que se “aspira a establecer la fraternidad entre los hombres irrevocablemente ligados por la voluntad revelada de un Creador“ sin que por ello esa figura tuviera alguna esencia más allá de una “declaración de reconocimiento” basada en un espíritu ecuménico que describe Negrier en su libro “Eclecticismo Masónico”, donde nos expone que el paso del catolicismo al anglicanismo es como bastante insensible en los “Old Charges” mientras que el pasaje de ese anglicanismo imperante a la religión natural es como más evidente en las Constituciones; y es por ello que ese cambio, esa tensión que se halla en las Constituciones entre Operatividad y Ecumenismo debemos tenerla en cuenta porque será lo que condicione toda nuestra historia.

Historia que arranca precisamente en el momento en que se escriben entre dos concepciones parecidas pero a la vez sibilinamente distanciadas las famosas Constituciones de Anderson dando origen de este modo a la llamada “Querella entre Antiguos y Modernos”.

Tensión que se va a dejar notar, no tanto en Inglaterra, sino cuando la masonería se traslade a Francia, ya que los masones franceses se plantean prometer y respectar los “Old Charges” pues entienden que son las prescripciones fundamentales de la Orden francmasónica, pero no ignoran que detrás también se esconde su esencialidad católica y anglicana, y se encuentran en como nos dice Marius Lepage “Ils conçues qu´on ne Pert en prende et en laissez. Il faut les prende en bloc ou les remeter en bloc

A este respecto hay que apuntar también que la figura de Anderson y sus Constituciones, ha cobrado vida en Francia y más en estos últimos tiempos, ya que cuando se rastrea la bibliografía de estudiosos como Findel, Baylot, Buonarotti, Blanqui, Ragón, Magnan o Desmons no encontramos en sus escritos dicha figura, ni apenas si rastreamos citas o anotaciones importantes a dichas las Constituciones, y cuando se hacen vemos que se hacen de una forma referencial, como dice Daniel Ligou: “el interés que le ha concedido en el siglo XX la masonería francesa con relación a las Constituciones de Anderson es puramente ocasional

Tal vez esa presencia esté más presente en España y posiblemente más relacionada con el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el cual parece más interesado en enraizarse con las cuestiones deístas y la operatividad y la tradición que manifiestan en alguna de sus partes las citadas Constituciones.

Las Constituciones de los Francmasones ó las Constituciones de Anderson, y todos  sus cambios.

Estos textos legislativos fueron publicados para su uso de la Gran Logia de Londres, fundada precisamente en Londres en 1717, y bajos los auspicios fueron editados en 1723, 1738, 1756 en 1767 y 1774, que será la última que los publique la Gran Logia de los “Modernos”.

Estas Constituciones constas de tres partes: 1ª sección histórica, una 2ª dedicada a la parte disciplinaria dividida en otras dos partes: las Obligaciones del Masón, y Reglamentos Generales de la Orden Masónica, y una 3ª dedicada al tema cancioneril.

Esta división hay quien como Daniel Ligou, que la divide en 4 al contemplar como parte individual tanto las Obligaciones como los Reglamentos. Como tales textos hubo unas modificaciones en 1723 y en 1784, donde se cambia por ejemplo: una palabra en el artículo 1 línea 2; hubo otra a sustitución del grado de Maestro Masón, por Compañero Articulo IV párrafo 2 línea 2; y otro cambio fue el de “Maestro de una Logia regular por Compañero” Articulo IV , párrafo 2 línea 6, y así hasta totalizar unos seis cambios que podemos considerar menores en cuanto a que no incidían en la esencia.

En la 2ª edición de las Constituciones (1738), Anderson aporta ciertas modificaciones a las “obligaciones de un francmasón”, que no serán aprobadas y que por tanto no aparecerán en las ediciones de 1756-1767 y 1784, pero será en 1815 en función de razones particulares cuando la Gran logia toma el titulo de Gran Logia Unida de Inglaterra y por tanto modifica substancialmente el primer capitulo de las Obligaciones para darle la forma religiosa que hoy conocemos, desapareciendo de este modo el espíritu de tolerancia que se quería que tuvieran los textos reguladores de 1723.

De hecho nada nos indica, o nos sugiere en las originales Obligaciones de un Francmasón, ni en los Reglamentos Generales la obligación en una divinidad como formula para ser admitido en una logia, y es más en el original capitulo 1 dice: “El Masón está obligado por su “ternure” a obedecer la ley moral, y si debidamente comprende el Arte, el no será jamás ni un estúpido ateo, ni un “libertino” irreligioso”.

Pero es más las condiciones del artículo III, que Anderson confirma en 1738, de que no se niega la entrada en logia porque haya una no creencia, ya es bastante revelador, aunque sí observamos por ejemplo varias modificaciones con respecto al texto que se presentan de este modo en Las Obligaciones de un Francmasón (Extraídos de archivos de las logias de ultramar, de Inglaterra y Escocia e Irlanda y del uso de las logias de Londres) y cuyo capítulo 1º de 1723 se titula: Concerniente a Dios y la Religión, y se explaya de esta manera: “Pero aunque en tiempos antiguos los masones estaban obligados a pertenecer a la religión dominante en su país , cualquiera que fuere, se considera hoy mucho más convenciste obligarlos tan solo a profesar aquella religión que todo hombre acepta, dejando a cada un libre en su individuales opiniones es decir, que han de ser hombres probos y rectos, de honor y honradez, cualquiera que sea el credo denominación que los distinga” .

En cambio en la edición de 1738 podemos observar que el titulo ya es distinto se le denomina Las antiguas Obligaciones de los Masones libres y Aceptados. En ese famoso articulo primero también se observa un cambio (que subrayo) 1. Obligación. Concerniente a Dios y la Religión : Un masón está obligado por su “ternure”(carácter) a observar la ley moral, en tanto que Noachita, [una religión anterior al antiguo testamento y de dimensión universal, celebrada por un Noé transfigurado en “ un padre de todos los pueblos”] en tanto que comprende “craft” (Cofradía) no será jamás un estúpido ateo ni un libertino irreligioso.. En los tiempos antiguos los masones cristianos se tenían que conforman con las costumbres cristianas de cada país en el que ellos trabajaban o viajaban. Mas la masonería existe en todas las naciones de religiones diversas…

En 1844 se produce otro cambio importante y el texto masónico por excelencia ya vuelve a presentar otro cambio en tu titulación, ahora es: Constituciones de la Antigua Cofradía de Masones Libres y Aceptados, conteniendo sus historias, obligaciones, reglamentos originalmente compilados por orden de la Gran Logia y extraídos de los antiguos archivos y tradiciones por James Anderson.

El capitulo que estábamos tratando ahora se titula Constituciones de la Cofradía de los Masones Libres y Aceptados. V parte. Conteniendo las Antiguas Obligaciones y los Reglamentos Generales de la Cofradía y las Tablas Necesarias & Constitución de 1784. Antiguas Obligaciones Recogidas de las Antiguos Archivos, y vuelve a repetir al punto de partida de 1723 “El Masón está obligado por su “ternure” (carácter) a obedecer la ley moral, y sí debidamente comprende el Arte, no será jamás ni un estúpido ateo, ni un “libertino” irreligioso”

Como podemos ver hay toda una diferente interpretación de las Constituciones Masónicas originales que ya comienzan en la forma de titular los textos, y cuyas modificaciones nos están hablando de las diferencias conceptuales que estaban sosteniendo entre los “Antiguos y los Modernos” , las cuales finalmente se plasmaron pasando el tiempo en dos entes tan antagonistas como la Gran Logia Unida de Inglaterra y el Gran Oriente de Francia y que representan ese espíritu de los “antiguos y los modernos”.

En este sentido el Gran Oriente se proclama heredero de las Constituciones de 1717 y 1723 ya que converge con ellas en que estima que para establecer una Humanidad de lazos fraternales entre todos los hombres, no se puede imponer ninguna creencia, estimando a su vez que la cualidad masónica no implica adhesión a un dogma determinado, a diferencia de lo que determina y enuncia la Gran Logia Unida de Inglaterra.

Estaba claro que detrás de todos esos cambio, había por parte de los “antiguos” ganas enraizarse en la tradición operativa que as u vez preconizaba todo un lazo de convicciones más profundas como los condicionamientos políticos y religiosos y teológicos.

La figura de Anderson en todo esto…?

Habría que ir viendo como se desarrollan los lideratos en la Gran Logia de Londres y ver cuales eran las tendencias político religiosas de cada momento, puesto que las reuniones trimestrales que tenían para ir definiendo el futuro marco legislativo había determinadas luchas que van a configurar ese marco del que vengo hablando de la famosa querella entre “Antiguos y Modernos” y que van en parte a representar Anderson y Desaguliers, los cuales no estarán en la portada de las Constituciones, ya que no eran dignatarios de la Orden, y en todo caso la figura de Anderson entrará en la historia masónica por el desarrollo de un conflicto entre los “gentleman” de los cuales Desaguliers que es su portavoz, y que contemplaba un desarrollo de la fraternidad en base a las “clases distinguidas”, frente al operativismo (tal vez más oportunista por temas religiosos) de Anderson que además se ve favorecido por el controvertido Duque de Warthon que en 1721 es quien elimina a dos dignatarios apara escoger a dos artesanos operativos y nombrarlos sus Grandes Vigilantes, lo cual viene a indicarnos la persistencia y profundidad del conflicto que se estaba dando.

Las cosas cambian en 1723, puesto que la tendencia de Desaguliers se coloca en primer lugar colocando al conde Dalkeith que deviene en Gran Maestre, viéndose Warthon relegado a “cubrir el templo”; y aunque Daniel Ligou, plantea que el conflicto fue más personal que ideológico o religioso, no hay que olvidar todo el entramado que nos ha contado en varias ocasiones P. Negrier sobre la composición y mixtura político religiosa y los desarrollos que se dieron de forma posterior, a comentados a su vez por Roger Dachez, y Meraux, lo cual me lleva a pensar que la tesis de Daniel Ligou desarrollada en la década de los años 90, hoy poca solidez ya que hay aportaciones historiográficas que vienen a demostrarnos que sí hubo detrás de la “Querella” y de las Constituciones algo más que desencuentros personales.

El posterior ascenso del Conde Montagu hace que de nuevo Anderson cobre relieve y con él toda la vieja tradición de los “Antiguos Deberes” perdiendo pie el posible contrapeso de Desaguliers y más cuando ignoramos el rol que estaba jugando el defensor de la filosofía Natural, y portavoz de la Royal Society, en unos momentos en que el viejo Cristofer Wren dejaba paso a regañadientes a la nueva masonería.

La figura de Desaguliers ha estado siempre un tanto desdeñada en Inglaterra, pese a que le fue fiel a la masonería hasta su muerte en 1744. Y aunque personalmente siempre creí que había sido Desaguliers quien había encargado el trabajo de la redacción de las Constituciones a Andersón, resulta según cuenta y documenta Daniel Ligou, que en la instalación del Conde de Montagu de septiembre de 1721 es éste el que le encarga al pastor Anderson la redacción del texto de los francmasones, en el cual intenta enlazar los “Antiguos Deberes” con las leyendas bíblicas en las que aparecen figuras como Adán o Zorobabel, eso sí mostradas sin llamativas heterodoxias y sin anacronismos y donde el “Templo” juega todo un papel culminante.

Digamos que lo que hace Anderson es rebuscar en el viejo tronco de los “Old Charges” una rama nueva que viniera a redefinir esa nueva “operatividad” que propone emparentándola a su vez con los viejos Compañeros constructores de las catedrales.

Pero no solo es literatura lo que estaba proponiendo Anderson, detrás de toda esa cáscara vieja de los Antiguos Deberes que estaba predicando se encontraba como el concepto de autoridad, (recuérdese las frases en las Constituciones sobre el Señor y servir al señor…) con ello estaba proponiendo de nuevo un fuerte control de la vida de las logias y por supuesto poder intervenir en los litigios; como deja claro el Manuscrito Cooke, y como reinterpreta Anderson con sabiduría en la aplicación del principio de la lealtad “apolítica de la Institución” a este respecto se debe tener en cuenta la gran presencia estuardista en las logias la cual además actuaba como una fuerza política, y por tanto, Anderson se plega a todo ello adaptando las viejas obligaciones corporativas a la nieva situación, intentando a su vez realizar un síntesis entre dos exigencias operativas tradicionales pero desprovistas de sentido en la nueva realidad de 1723.

 

Víctor  Guerra. MM.:. GODF y Miembro del Circulo de Estudios RF Roettiers de Montaleau

Continuará con una III Entrega