domingo, 25 de enero de 2009

EL Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Rito dudoso dentro de la Jurisdicción sureña del Grado 33º

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El escritor e historiador Masón Albert Lantoine junto con Thory, Clavel y Ragón son probablemente los mejores bien informados y documentados historiadores en Francmasonería, aquí en este conciso pero exacto artículo es presentado al lector con los hechos reales alrededor del ficticio establecimiento regular del REAA, y de sus dudosos orígenes

El Gran Federico el Grande como el Dios de la Fábula

¡Federico de Prusia! ¿Qué tiene que ver Federico II de Prusia con este asunto? De nuevo lo demandamos. Los Altos Grados hicieron uso de los misterios Superiores. Carlos Eduardo se había excusado a sí, pero Federico no podría hacer más: ¡Estaba muerto! Es justamente dificultoso imaginar hoy los motivos que decidieron la adscripción de tal padrinazgo.

¿Fueron los Americanos engañados por Etienne Morin quien estaba al tanto de la iniciación de Federico antes de su partida, se jugó por entero ante el Nuevo Mundo a interesarles en esta línea Masónica?

¿O estos Americanos, en su respeto democrático por los grandes de la tierra consideraron que tamaño rey no podría demorarse con los demás en la “Cámara del Medio”, y que un “Sublime Apartamento” estaba mejor ataviado a la altura de su posición y carácter?

¿O de nuevo, para evitar las innovaciones de inventores imaginativos, y este esparcimiento en todas partes del Escocismo el cual ha marcado el siglo XVIII, fue juzgado precisamente llamado a rescatar uno de aquellos nombres, quienes no eran desobedecidos para poner cada grado en su lugar otra vez?

No lo sabemos. Pero mantener, luego de Carlos-Eduardo, que Federico introdujo la historia de los Altos Grados. ¿Deberemos expelerlo al uno mientras tengamos al otro? ¡Qué lástima! No podemos hacerlo de otra manera; no tenemos prueba alguna de su colaboración sobre los nuevos estatutos del Escocismo, y por el contrario tenemos demasiadas que lo contradicen.

No es a través de una comparación del orden sentimental, lo decimos al unísono, que hemos conectado a Federico II con el pretendiente Carlos-Eduardo; esta conexión los Escocistas la han hecho ingresar al dominio de la realidad. El Hermano Pyron dirigió una nota a Napoleón I (¡!) en la cual le invitaba como “Soberano de soberanos” a apoyar una Institución que había pasado de la familia de los Estuardos a las manos del Gran Federico.

Esta idea fue aceptada con entusiasmo por el Consejo Supremo el cual personificado con detalles ultra fantásticos en su carta Encíclica del 5 de Mayo de 1813:Carlos-Eduardo, último vástago de los Estuardos, fue el jefe de la Antigua y Moderna Masonería. Él nominó Gran Maestre a Federico II para sucederle.

Federico otorgó a la Masonería una atención cuidadosa, era objeto de su constante solicitud. A este período el RitoEscocés Antiguo y Aceptado incluía sino veinticinco grados, de los que el Príncipe del Secreto Real era el más alto. Ciertos nuevos proyectos, ciertas discordias que inesperadamente se alzaron en Alemania en 1782, le inspiraron con temor de que la Masonería se volviese presa de la anarquía y víctima de aquéllos quienes, bajo el nombre de Maestros Masones pudieran ser tentados a dejarla caer en decadencia o aniquilarla.

Cuando en 1786 Federico vio su que vida casi había recorrido su curso, decidió transmitir los poderes soberanos con los que había sido investido al Consejo de Grandes Inspectores Generales el que luego tras su muerte pudiera tomar la dirección de la Alta Masonería, conforme a la Constitución y Estatutos. El 1 de Mayo de 1786, él incrementó a treinta y tres el número de grados de la jerarquía del Rito Escocés, el cual hasta entonces contaba con veinticinco, y asignó al trigésimo tercero la designación de Poderoso y Soberano Gran Comendador General. Los poderes conferidos bajo este grado, para el gobierno y dirección del Rito, fueron concentrados en un Capítulo Soberano llamado el Supremo Consejo, etc. El 1 de Mayo de 1786, Federico estableció la Constitución y Regulaciones para los Grandes Inspectores Generales, de los que el artículo octavo estipulaba que tras la muerte de Federico los Supremos Consejos serían los Soberanos de la Masonería.

Una pequeña centella de verdad está al final de esta leyenda. En distinción al Pretendiente Escocés, Federico había sido iniciado. Nuestro encargo será el repetir aquí, lo que dijo el Barón de Bielfeld, [1] los detalles de su iniciación, la cual tuvo lugar cuando Federico era sólo un príncipe y aparente heredero.

Federico como Francmasón

Este título de Francmasón podría no parecer displicente a una juventud crítica que no tomó parte en religión y que entró a la Orden al tiempo cuando toda sociedad secreta tocada por el aliento de la libertad que había entonces comenzado a soplar sobre Europa, y tenía poco menos de honor y santidad. Al volverse Rey, no perdió interés en la Institución, y continuó por un largo tiempo, recibiendo con fraternal cortesía el homenaje dirigido a él por la Gran Logia acional de los Tres Globos y otras organizaciones Masónicas Prusianas.

Al comienzo de su reinado, todavía se entretenía a sí en su capacidad Masónica, y no había olvidado aquellas arriesgadas escapadas que hubo perpetrado de incógnito en su reino --como por ejemplo cuando sobre la ribera derecha del Rin, él apuntó con una pistola a un abate viajando en un calesín postal y clamó con aire salvaje “Volveos Francmasón o morid”. Dieudonne Thiebault [2] quien relata esta travesura, agrega que el Rey permitió al pobre asustado abate partir, diciéndole que su miedo lo hacía no merecedor de ser un “Hermano”-- lo que muestra al menos alguna estima por los Maestros Masones.

Incluso si Federico apadrinara la Francmasonería, aún si fundó Los Tres Globos, nunca fue Gran Maestre--o al menos nunca fue G.:.M.:. in partibus (“nunca se hubo ocupado particularmente con la organización y legislación”) como tal función es reconocida y entendida.

Su actividad Masónica (y esta palabra no debería ser dada al significado de asiduidad) no duró más que siete años desde la fecha de su iniciación, esto es desde 1738 a 1744. Pero la participación de Federico II en el trabajo y desarrollo de la Orden ha sido plenamente investigado por autores alemanes -existe una extensa biografía al respecto- pero todos ellos, aun cuando no están de acuerdo en ciertos puntos, son unánimes en exonerar su memoria de la creación de los Altos Grados. Detalles circunstanciales a este respecto pueden encontrarse en la Enciclopedia Masónica de Lenning.

El doctor Adolph Kohut” In Die Hozenzollern und die Freimaurerei” (Berlín, 1909) nos dice que “él estaba disgustado con las prácticas grotescas y obscuras doctrinas de la Estricta Observancia y que no escatimó en sarcasmos en hablar de ello. Pensaba que la Francmasonería no debía tener otro fin salvo la perfección de los preceptos humanos”.

Él incluso fue más lejos el 13 de Noviembre de 1780, como culpar a la Logia Real de York de haber organizado un concierto tolerante, el cual le parecía por debajo del carácter de la Institución. Treutel en su “Vie de Frederic II roi de Prusse” (Estrasburgo, 1787) nos da algunos detalles Masónicos de nuestro héroe: parece que durante los primeros años de su reinado, convocó a una Logia , donde, en la capacidad del Maestro Masón en la silla, recibió al Príncipe William, Margrave de Schwedt y Duque de Holstein.

A pesar que Federico era un Francmasón, no deseaba que los usos de la Masonería se extendieran fuera de la Logia . Algunos MM.:. habiéndole enviado una petición durante la guerra de sucesión en Bavaria tomaron en sus personas adicionar a sus firmas sus títulos y grados en la Orden. El Rey al instante envió la petición al Teniente de la Policita y prohibíosles en lo venidero usar estos títulos.

Un tapicero que estaba trabajando un día en los apartamentos del Rey trató de hacerse reconocer como un Masón; pero Federico le dio la espalda y se retiró.

Lord Dover, autor de la “Historia de la Vida Privada, Política y Militar de Federico II Rey de Prusia”, el que parece admirablemente documentado, escribe: “Aunque habiéndose vuelto un miembro de la Fraternidad, Federico no era muy amable con los FF.:. durante su reinado; parecía incluso tenerles desaprobación. Brevemente tras la muerte de su padre, él presidió sobre una de sus asambleas en la capacidad de Gran Maestre inició a su hermano, el Príncipe William, Margrave de Schwedt y Duque de Holstein, no hay evidencia que él tomara ningún interés en las acciones de esta sociedad.

Leemos en el tercer volumen de “La Monarquía Prusiana” de Mirabeau:

Es desafortunado que Federico II no tuviera celo incluso para volverse Gran MAestre de todas las Logias germanas, o al menos de las Logias prusianas; su poder pudo haber adquirido un crecimiento considerable… e incluso algunas empresas militares pudieron haber tomado otro vuelco si él nunca hubiese reñido con los líderes de esta sociedad.

Uno pudiera objetar que todos estos documentos son de naturaleza psicológica, por así decirlo, y que el secreto de las relaciones de Federico con sus Hermanos podían haber sido religiosamente, o mejor, masónicamente guardados. Pero aún si aceptamos esta improbable hipótesis, llegamos ahora contra una imposibilidad material. Aquí una vez más Mirabeau nos suple con evidencia. Puede ser encontrado en la “Histoire secrete de la cour de Berlin, ou Correspondance d’un Voyageur Francais depuis le 5 Ju 1786, jusqu’au 19 Janvier 1787” : Su (de Federico) dolencia, la que podría haber matado a diez hombres ha durado once meses sin interrupción y casi sin descanso, desde el primer ataque de apoplejía sofocante de la cual se recuperó a través de un vomitivo, y articulando con un gesto imperioso como su primer sonido estas dos palabras: “Guardad silencio…” (Carta XXVIII fechada desde Dresden, el 24 de Septiembre de 1786).

Esta información carga peso como proveniente de un testigo que estuvo allí y que vio por sí mismo. Tenemos prueba de ello en el preámbulo con el cual el vio propio al prefacio de su “”Lettre remise” a Guillaume Frederic II roi regnant de Prusse… donde estas líneas pueden encontrarse: Federico II me convocó ante él voluntariamente cuando dudé a importunar sus últimos momentos con mi deseo natural de ver tan gran hombre, y obviando la pena de habiendo sido su contemporáneo sin conocerle. Se dignó a recibirme, distinguirme, incluso a pesar que un extraño como yo no había sido admitido a su conversación.

Federico II murió el 17 de Agosto de 1786 --había revisado las Constituciones el 1 de Mayo de 1786, es decir tres meses y medio antes de su muerte.

Ahora ¿Cómo puede alguien creer que este hombre, quien de acuerdo con Mirabeau sufrió durante once meses “sin interrupción”, pudo aplicarse a una tarea tan ajena de todas sus actividades y deberes habituales bajo las constantes angustias que los cargos de la realeza le imponían? Desde Enero de 1786, él estaba condenado, y él mismo, de acuerdo a su familia, no tenía la más ligera ilusión sobre el fatal desenlace de su mal.

Discrepancias en la Historia

Los fabricantes de novelas de aventura no están acostumbrados a consultar fuentes y su imaginación nunca considera anacronismos… Los panfletistas de los Altos Grados no tenían el beneficio de ser corregidos por un editor informado. No sólo por ser la fecha más que abierta a la sospecha sino incluso la ciudad donde el generoso acto fue dado, Berlín. De nuevo aquí la larga historia se resiste a confirmar la pequeña historia. Federico II vivió en Potsdam, y murió allí, en su castillo Sans-Souci, sin haber puesto pie en Berlín después de su última visita entre el 9 y el 10 de Septiembre de 1785, cuando sus movimientos… han sido cuidadosamente reportados por sus biógrafos.

Ahora un argumento sentimental el cual merece consideración porque sustenta lo otro, es este --¿por qué no Federico II dio a sus compatriotas alguna participación en el fruto de los Altos Grados? ¿Por qué no se dio a su Logia de los Tres Globos parte alguna en su distribución? Y aún en el caso de una exclusión expedita por algún resentimiento u otro, ¿podrían sus súbditos haberse precipitado afanosamente en adoptar una reforma exaltada por su rey?

¡Qué bizarra idea, más aún, para este fanático Prusiano, tan celoso de la gloria de su propia nación hacer esto –¡y para qué motivo! Transmitir sus famosos poderes a ciertos Americanos en lugar de simplemente delegarlos a su hijo mayor y heredero Federico Guillermo!

Las Perdidas Constituciones Originales

En cuanto a estas Constituciones, ¿dónde están? ¡Esfumadas en el aire! Como testimonio de su autenticidad tenemos casi nada; sólo los discursos de Dalcho a los cuales nos hemos referido, donde entre otros alegatos igualmente fantásticos encontramos este: En 1762 las Grandes Constituciones Masónicasfueron expresamente ratificadas por el gobierno de todas las Logias de la Perfecta y Sublime Masonería.

Hay también la formal afirmación de Pyron en su « Abrege historique de l’organisation en France, jusqu’a l’epoque du ler Mars 1814, des trente-trois negrees du rit Ecossais ancien et accepte »… donde expresa: Al mismo tiempo en 1786, Federico II, Rey de Prusia, Soberano de Soberanos del Ritos Escoces Antiguo y Aceptado , y Gran Maestre , sucesor de los Reyes de Inglaterra y Escocia, deseó integrar junto el REAA por el que tenía especial afecto. Deseó instalarlo, en todo Estado e Imperio donde fuese practicado, con el poder necesario de liberarlo de cualquier obstáculo con que pudiera encontrarse sobre la parte de esta cruda ignorancia que mal representaba todo, etc.…

Consecuentemente, Federico II presidiendo en persona [estas palabras son enfatizadas por Pyron mismo. Tr.] sobre el Supremo Consejo con la ayuda del cual mandó y gobernó la Orden, el 1 de Mayo de 1786, aumentó a treinta y tres grados la jerarquía de veinticinco grados sancionada por las Grandes Constituciones de 1762.

Más tarde el General Albert Pike repitió esta afirmación por su cuenta; pero este ciudadano de la América libre tenía todo el interés en hacernos creer una afirmación que al mismo tiempo legalizaba el Consejo en Charleston, el cual sólo había sido creado, al parecer, el 21 de Mayo de 1802, mientras que su patente de Grasse-Tilly era fechada el 21 de Febrero del mismo año.

Preferimos el escrito, pero los Altos Grados son acosados por una improbable desdicha. Es con las Constituciones de Federico como con la Bula de Carlos-Eduardo instalando el Capítulo en Arras, como con la Carta de los Templarios, como con la patente del Dr. Gerbier, como con tantos otros documentos por los cuales tantas fábulas han sido basadas: el original está perdido.

¡Qué pérdida! Albert Pike en sus Memorias y al servicio de la historia de la Francmasonería en Francia, publicó y con ello intenta calmar nuestra ansiedad: Poseemos, escribe él, la copia de las Constituciones de Federico el Grande, y certifico que es conforme con el original que, por infortunio, ha desaparecido y sobre el cual la augusta firma había sido eclipsada por el agua del mar.

El mar nada respeta. Los infortunios nunca vienen solos; mirad, tras la augusta firma, incluso el documento mismo desaparece. ¡Así el embajador que llevaba tan preciado documento lo perdió! ¡Y ni siquiera conocemos el nombre de este desdichado, quien no sólo expuso el manuscrito al rocío sino que también lo dejó llevar por el viento! No por el viento en general --por el estamento podría parecer demasiado sospechoso. ¡No! Algunos buenos colegas han visto el maravilloso papel, y citan los nombres de otros signatarios, difícilmente descifrables, pero descifrables justo iguales. El Hermano Jottrand escribió en 1888: [3]

De acuerdo a la descripción de la copia auténtica referida en 1834 al Supremo Consejo de Francia con los nombres de aquéllos quienes han constituido en Berlín el primer Supremo Consejo de 33 grados sólo cuatro son legibles; en el quinto la inicial D es todavía legible; los otros, así prosigue el proceso descriptivo, verbal, son ilegibles por causa de la fricción o del agua del mar a los cuales, escritos en pergamino, han sido accidentalmente expuestos a tiempos severos. La inicial D es ciertamente del italiano Denina, profesor en la Universidad de Tusin, autor de una historia de las Revoluciones Italianas y Griegas, a quien Federico había llamado a unirse a su Academia. Los nombres legibles son aquellos de Stark, Woellner, Willelm y d’Esterno.

Pero los archivos dejados por Woellner, quien en ese periodo era Supremo Maestro Escocés, han sido examinados no encontrando nada en relación a este tan importante conferencia con Federico. Stark vivió en Wismar, y en su Justificación, publicada en 1787 en Leipzig y Frankfort-on-Main, él confiesa la pequeña participación suya desde 1777 en el trabajo de los Francmasones e incluso (una falta admitida es fácilmente perdonada) su indiferencia al trabajo.

En cuanto a Denina a el concierne que no era sólo el autor de la historia de la Revolución de Grecia e Italia como el Hermano Jottrand dice, sino que escribió un” Essai sur la vie et regne de Frederic II, roi de Prusse (Berlín, 1788)” , donde describe en pocas palabras su iniciación en la Francmasonería “una sociedad reconocida hoy día la cual empieza a hacer algún ruido en el mundo” (páginas 36-37) y (página 453) dedica estas pocas palabras a los Francmasones: Los Francmasones dentro de cuya sociedad Federico había sido recibido diez años antes de ascender al trono, no se encontraron con ningún marcado favor, como tal vez ellos hubieran esperado. Pero mientras fueron perseguidos en Italia, Bavaria y otros países, ellos disfrutaron de completa libertad en Prusia. Si el Rey no hizo algo más por ellos, fue porque temió favorecerlos demasiado para que no encontrasen el final de las fraternidades religiosas y sacras de la Edad Media. Sin embargo, asegurados de su protección por una carta del 16 de Julio de 1774, los Francmasones contaban en Berlín con cinco Logias bajo diferentes nombres, y tenían un suficiente largo número en las provincias.

Si Denina había colaborado con Federico en la elaboración de las Grandes Constituciones ¿podría no existir una alusión o al menos podría no haber hablado de la Orden Masónica con un interés más aparente?

El asunto es fastidioso, sin embargo, es que todos los autores que sostienen esta creencia han olvidado concordar entre ellos mismos. Fue en 1887 que Albert Pike anunció el crimen de lesa majestad cometido por el agua del mar, y en 1818 un llamado Marguerite aseveraba que las Constituciones estaban en las manos de un Caballero Escocés y que habían sido firmadas in la propia mano de Federico el Grande, Rey de Prusia.

Inconsistencias en la Tradición

Se ha investigado en todas partes, aún donde parecían poder encontrarse las evidencias más verosímiles, llámese en Prusia. ¡Desperdiciado esfuerzo! La Gran Logia Nacional de los Tres Globos Terrenales en Berlín, cuestionada en una carta del Hermano De Marconnay fechada en Nueva York, el 26 de Mayo de 1833, hizo una respuesta la cual Findel vio y de la que él registró este pasaje: [4]

La Gran Logia Nacional de los Tres Globos Terrenales en Berlín fue fundada el 13 de Septiembre de 1740, bajo la autoridad de Federico el Grande, quien fue también su primer Gran Maestre. Este monarca, sin embargo, no se ocupó particularmente con la organización y legislación. Ninguna de las aseveraciones concernientes a sus propios actos o aquellos del Supremo Senado Masónico que pudo haber fundado en 1785… tienen la menor base histórica.

Es incluso hoy necesario probar lo que Los Tres Globos afirman, porque “esta gran falsedad de la Orden”, usando las palabras de George Kloss, [5] han aún sido repetidas en nuestro propio tiempo por el Muy Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo Escocés, el Hermano J. M. Raymond, quien dice en su “Resume historique de l’organisation des travanx du Supreme Conseil du Rite Ecossais ancien et accepte pour la France et ses dependances: (Paris, 1908)”

El 1 de Mayo de 1786, Federico II, Rey de Prusia, en su capacidad Masónica como Soberano de Soberanos, definitivamente estableció las Constituciones, Estatutos y Regulaciones de la Orden Masónic Escocesa.

¿Cómo puede tal leyenda ayudar y haber ino ganado crédito entre los Francmasones cuando se encuentra a sí misma todavía propagada por ciertas “luminarias”?


[1] de Bielfeld – Lettres Familiares et autris… 1763

[2] Thiebault – Souvenirs de vingt ans de sefour a Berlin

[3] Jottrand – Sur le Constitutions de 1786 du Rite E. A. et A. 1888.

[4] Findel Histoire, páginas 486-487

[5] Kloss – Geschichte der Freimaurerei in Frankreich, etc. 1852-