viernes, 12 de junio de 2009

Rito Francés. Modernidad y Tradición frente al espejo de la post modernidad, siguiendo los pasos de Charles Porset y Maffesoli

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Es evidente que la respuesta a la cuestión planteada, después de dos siglos de exclusión recíproca, sólo es posible si esta antinomia se vuelve a poner en el contexto filosófico de la crisis de la Modernidad.

A este respecto Charles Porset plantea el problema esencial en su artículo Traditio Traditionis (Humanisme, p. 259.260,2002 2003). La vuelta a la idea fuerza de lo “espiritual”, la multiplicación de las sectas, la afirmación de una laicidad “abierta”, la cultura de lo irracional y las formas aún más retorcidas del oscurantismo; podrían llegar a pensarse que los Masones del G.O.D.F, vuelven de nuevo a otra edad que marcó el progreso de las Luces, es decir a la modernidad, que definitivamente habían descartado.

Con toda la honradez de Charles Porset, se desenvuelve evidentemente en el hundimiento de las ideologías, en la quiebra de las grandes religiones tradicionales, en la universalización de los intercambios que prorrogan prácticas que en muchas logias y talleres azules, parecían arcaísmos y que hoy se presentan como el “non plus ultra” de la cultura comprometida.

Charles Porset, en este balance crítico sobre los positivistas y los libres pensadores derrotados, remarca al igual que otros importantes y eminentes intelectuales sobre el diálogo, sobre la sabiduría, como Luc Ferry , o Conde Sponville, y todos ellos descubren la obsesiva presencia de lo sagrado en la religión civil de la República anticlerical fundada en 1902 y 1905.

Los filósofos comentan la trascendencia de lo inmanente; las iglesias oficiales se vacían y cada capilla filosófica y religiosa se otorga el derecho a escribir la llamada gramática del sentido. En su balance objetivo y honesto, Charles Porset admite que lo universal se hace particular. A su modo de ver, los valores políticos de 1789, zócalo de la moral laica de Durkheim y a Jaurès, que garantizaba un mínimo de cohesión social por la religión civil, según Rousseau, sin embargo ello parece a muchos “narcisistas ciudadanos” una realización ya pasada de moda.

Para Charles Porset el corolario de esta privatización de las conciencias religiosas, muy bien teorizada por Danièle Hervieu, sobre el comunitarismo. Éste es sensible tanto en las grandes masas que organiza la Iglesia Católica como en los movimientos carismáticos de los protestantes, ya luminosamente comentado por M. Weber en su sociología de la ética profética. Charles Porset destaca también la evidencia de esta vuelta del comunitarismo que se encuentra en los radicalismos integristas característicos por los tres monoteísmos

En este balance crítico, es necesario convenir que los Masones son los fieles reflejos de las ideas contemporáneas. Vienen a buscar a la logia el modo de atenuar el déficit de sentido que se da en la realidad cotidiana. Cualquiera que sea el régimen de pensamiento adoptado, el hecho religioso es universal; Charles Porset redescubre la gran verdad filosófica que Regis Debray sometió en su criticismo positivista que teorizaba con las metamorfosis de Dios “con o sin la gracia él no puede evitarlo” (lbid, p. 22).

Ensu balance crítico, Porset plantea el problema esencial: en el nuevo clima filosófico de los años ochenta, el hecho principal es la denegación de la modernidad, definida como doctrina del racionalismo de Kant en su pleito con las tradiciones religiosas y de sus dogmas.

En efecto, para la óptica científica adoptada por los sociólogos de las religiones como Schmuel Trigano, desde la revolución islámica en Irán, la vuelta de lo religioso es inevitable. “Retorno” que ya se producía como un fenómeno inesperado de religiosidad en la sociedad moderna. Un sentido el “religioso” que se había apostado a que en las religiones sería ineluctablemente llamado a desaparecer con la secularización… La ola de esta denominación acentúa así la confusión que arrastraba el concepto de “religión civil”: ya no se distingue la “política” ni la “religión”.

Se está en este caso, en presencia de una “operación de reescritura ” destinada a ocultar el hecho de que, a pesar de las afirmaciones de la teoría de la secularización, la religión no desapareció… La denominación de lo “religioso” sólo tendría por objeto reconocer, ocultando, la realidad obscena de la persistencia de la “religión” en la modernidad secular.

En cuanto al concepto de “retorno”, que supone que lo religioso había desaparecido sólo tendría por objeto simular el asombro de esta vuelta imprevista y y hasta sorprendente, suplemento de alma inquietante de la modernidad, espectro que vuelve de nuevo perturbarla en su dulce sosiego. La idea misma de un “retorno” imprevisto constituye en cualquier caso un reconocimiento del fracaso o, en cualquier caso, de impotencia de la teoría de la secularización y su capacidad de predicción, sin n embargo hay que reconocer que hay un fallo: la secularización, tras una vuelta de lo religioso, imprevisto y en consecuencia errático…

En este retorno se ocultaba básicamente la teoría por excelencia de la secularización, la de Weber, en la medida en que el carisma tuviera una primera aplicación en la vida política, mientras que no debería estar incluía más que en la sociedad tradicional. Esta aplicación implicaba un “désubstantialisation” de la religión así como la política.

El discurso sociológico - a menudo perplejo - de la “vuelta de lo religioso” representa en realidad exactamente la otra vertiente del discurso sobre la “religión civil”. Tiene por objeto salvaguardar siempre la pureza de la idea moderna y el principio de secularización, esta vez acampando sobre la reactualización de la religión como se pone de manifiesto con la penetrante fractura de la modernidad

Gilles Kepel, constata una “sincronía en los retornos de lo religioso en todas las religiones” hay “constante modalidad de la denegación de la modernidad”. Es el dictamen de Françoise Champion tambien esta presente “estos empujes religiosos”… aparecidos simultáneamente en los años setenta […] tienden al hundimiento del mito de la modernidad”.

Krzysztof Pomian ve como resultado “ la dislocación de las estructuras de los Estados nacionales”. Estos retornos en realidad no son pensados por estos autores como “contenido y substancia”, sino que se ven se ven desnudados de su espesor religioso. “Se está en presencia de una vuelta de lo religioso sin elaboración religiosa”. “

Estamos en presencia de una nueva versión del romanticismo que manifiesta una denegación de la modernidad dentro incluso de la modernidad”. El eje político de la sociología de la religión está siempre ahí : “Estos distintos movimientos son sustitutos políticos”, “los Nuevos Movimientos Religiosos expresan sobre todo una protesta social… [que] corresponde a una busca de nuevos métodos de socialización y racionalidad”; “Cada vez más a menudo y directamente el profano se sitúa al principio de las evoluciones religiosas”. Un retornos de la política y prórroga de la modernidad (favoreciendo el inmanencia) que no haría más que expresarse paradójicamente a través ellos…

La gran palabra de esta corriente teórica es “recomposición”. “Esta reactivación pasa por recomposiciones y reempleos”. Los NMR (se considera sigla extraña que destaca hasta qué punto la “vuelta del religioso” como un enigma) recompondrían según la necesidad los elementos de las últimas religiones, así desestructuradas, dibujando como en un almacén de accesorios simbólicos, a disposición del individuo soberano.

Esta idea, la de un epígono del concepto del “bricolaje cultural” elaborado por Claude Lévi Strauss (extraño concepto, como si ello supusiese que hay una creatividad cultural sin “bricolaje”) que tuvo un gran éxito, y que además desde una perspectiva ultra funcionalista se ve la “sustancia” religiosa como los elementos de un mecano que debe armarse…

Esta elementalidad de la vida religiosa se inscribe totalmente en el seno de las estrategias de protección de la integridad teórica del concepto de modernidad que excluye (en cualquier caso la racionalidad) todo lo que se oponga a ella

Puede ser olvidado muy deprisa lo que Durkheim, escribió escrito sobre la fe privada de los individuos, personalizada, en cierta medida, sobre las representaciones colectivas.

El concepto de “recomposición”, es la contrapartida de la “reserva simbólica”, y tiene como inconfesada finalidad de desarticular el “empuje” religioso y mantenerlo en la linde de la modernidad secularizada, para no tener que pensarlo, lo que trastornaría la idea que se hace de la modernidad. Mientras que, ayer como hoy, la trascendencia nunca desapareció de la modernidad. “Religión civil” como “vuelta de lo religioso” son conceptos encaminados a reconocer esta realidad inaceptable para la ideología moderna anulada do. A menos que haya un “punto ciego”, como diría Pierre Bourdieu, en las ciencias sociales. Lo religioso En efecto lo religioso nunca ha desaparecido de la modernidad…

Los retos de las nuevas espiritualidades Siglo XX del siglo en el contexto de post modernidad y el Rito Francés

Evidentemente con esta vuelta de lo religioso en la cual se inscribe la necesidad esencial de refundar una espiritualidad masónica articulada sobre la antítesis de Modernidad y Tradición, se añaden las observaciones de Michel Maffesoli, testigo lúcido de los cambios filosóficos del Gran Oriente de Francia . Para este gran sociólogo de lo imaginario, en el sentido bachelardiano, el Grand Oriente de Francia por la elección de los temas simbólicos de las Logias azules, se encuentra en un cambio de dirección esencial de su evolución filosófica: se vuelven hacia un pensamiento más progresivo que progresista, mientras que a la vez se reconoce como lo más progresista de las obediencias.

Las Luces prometían para el fututo un buen augurio pero ahora, como se ve, son sustituidas por la filosofía de la implicación. Se trata de una importante señal de nuestro tiempo, donde se comprendió que era demasiado hacer hincapié en la luz, ya que de este modo se amputa al hombre de su sombra esencial. Si el cartesianismo favoreció llo cognoscitivo, este último no nos resume. Somos complementariedad y ambivalencia, de ahí la gran importancia de los rituales, y de lo simbólico, una sutil llamada a la simplicidad del esquema progresista. Desde el punto de vista sociológico, Michel Maffesoli observa por otra parte una extraordinaria apetencia de las nuevas generaciones con relación a la masonería. Las distintas obediencias reclutan a su nuevo adeptos, y con bastante éxito, entre los jóvenes.

En este análisis tan penetrante sobre el cambio de dirección en el cual se inscribe la refundación necesaria del Rito Francés, Michel Maffesoli plantea una segunda cuestión inevitable: cuál puede ser la función de esta masonería republicana y anticlerical administrativa, materialista y cientifista, en una sociedad consumista dominada por la sacralidad de los individuos reducidos a la única dimensión de consumidores. ¿Esta masonería de la modernidad puede servir de cortafuego ante el peligro de estas derivas tan presentes de las democracias liberales?

Michel Maffesoli considera que es necesario hablar de post modernidad en la masonería. La paradoja del desarrollo de las “logias denominadas salvajes” es que la tendencia que reemprenden los elementos posmodernos es la vuelta de lo dionisiaco, del tribalismo, el único renacimiento de elementos arcaicos: el Arca, el fundamento, donde cada uno se siente vinculado a los otros de manera espiritual, mística, y sin vínculo institucional. Es la unicidad ante la unidad, que se reencuentra en el dogma católico de la “comunión de los santos”.

En el siglos III al IV, tiempo donde predominaban los cultos al misterio, el cristianismo tomó prestados el culto de Mithra. Gracias a la comunión, la pequeña tribu de Bolonia estuvo vinculada a la de Milán, Lutécia o Narbona, etc, hasta producir una verdadera civilización.

En el tribalismo emergente surgen entidades que van a reencontrarse, y a reconocerse. Algunos grupos de honestos masones, siguen estos nuevos logos, se rejuntan inconsciente o no, a los viejos mitos, pero en línea futurista. Eso es lo que caracteriza a la postmodernidad. Es eso es lo que se tiene de malo pensar, porque izquierdas y derechas parecen confundidas y permanecen crispadas sobre la gran idea de la sociedad, definida, por Auguste Comte, de la reducción “ad unum”, al Estado nación, a la Institución, al individuo. Modelo que hoy se encuentra saturado, mientras que lo que está en juego en nuestro mundo globalizado, es esta especie de fragmentación donde hay coherencia: ¡eso se tiene”¡

Michel Maffesoli profetiza en que una masonería en línea con su tiempo hará avanzar el mundo. ¡Al contrario del pragmatismo al anglosajón “ dando precio a las cosas sin precio! El inmaterial, el virtual, el emocional, todos los caminos de la apetencia contemporánea se da a la totalidad. La modernidad había sido esquizofrénica, porque ha sido fundada sobre la dicotomía del cuerpo y el espíritu: la razón y el materialismo consiguieron el saqueo de lo humano y de la naturaleza, mientras que la totalidad, basada en la idea de Ganzheit de Maître Eckhart, que hiciera hincapié en el espiritual.

Los esquemas antiguos han explosionado y ahí tenemos que el materialismo compensado con el racionalismo cede el lugar al sensualismo compensado con el espiritualismo: se tiene esta preocupación de lo frívolo, de la no utilidad, donde el cuerpo ya no se considera como un objeto explotable, ni la naturaleza como un objeto.

Las jóvenes generaciones son a la vez politeístas y entran en una especie de religiosidad cuyos ecos se experimentan todos los días en la sociedad. La música tecno o “gótica” obedece incluso a este paradigma de la Eucaristía, la comunión, el rito arcaico.

Así mismo para el “ new age” aunque su presencia no es fuerte amenaza con contaminar la industria, la empresa, con una n estética sincrética de zen, de budismo tibetano, de “can double” brasileño

La nueva vía del siglo, es eso: el religare, lo que me conecta al otro, como lo que conecta a mi. incluso este cuerpo y este espíritu y que hace de mi un elemento del cosmos.

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