viernes, 5 de junio de 2009

Sobre la interacción de las bases

04 JUNY 2009

En el Blog del Hermano Villalta “ Racó de la  Llum “ se publica esta semana este trabajo de reflexión sobre el quehacer masónico, donde el Rito juega un papel importante, y que deseo traer hasta estas páginas porque creo que empata muy bien con lo que expongo en Masonería Siglo XXI, sobre las “estructuras cerradas y abiertas” y  los restos que como masones tenemos para el siglo XXI.

No podemos olvidar de que hay ritos que desplazan el debate fuera de lugar de trabajo habitual del masón  “el taller” pasándolo a otro estadio y lugar como es el “parvis”, sin que ello deje de ser interesante, creemos que el Rito Francés debe jugar un papel diferenciador, no solo buscando la pureza del propio rito, o descontaminándose de las injerencias eclesiales y religiosas,  alas cuales se le somete y sometió, también las gentes del Rito Francés nos debemos a nosotros mismos el cumplir con    unos mínimos de reflexión critica, y autocrítica, con atrevimientos, porqué no,  de lanzar propuestas abiertas y modernas, lejos de las tenazas estructurales.

El rito Francés por tanto debe huir de los “almuecines de turno” que como un ejercito marcial se ponen al Orden más caballeresco posible y cuadran marcialmente el cuadro sin que haya la más mínima reflexión sobre el porqué y para qué.

Es muy posible, que esté un tanto descabalado en mis reflexiones, y alguien crea que este blog de estudio y reflexión sobre el RF no debiera haber este tipo de llamamientos, pero como veo que hay Hermanos que están en hondas similares, pues me he decidido a colocarlo aquí  para de algún modo marcar las diferencias, las cuales ya de algún modo ya estamos marcando, trabajando con codo Hermanos del GOTM, del GOI o yo mismo como miembro del GOdF, por acrisolar un  proyecto de base como el Circulo de Estudios Roettiers de MOntaleau

Prometo para dentro de dos semanas volver a la antigua tradición de ir entregando diversos trabajos sobre el RF.

Y desde aquí felicidades al Hermano Joaquín Villalta
Victor Guerra


Como paréntesis a algunos trabajos de estudio que tengo entre manos con la intención de finalizar en breve, quiero dedicar este post a una sentida reflexión en voz alta que más pudiera definirse como un deseo.

Meses atrás refería en este mismo espacio una percepción de positivo cambio en la forma de interacción entre los miembros de nuestra Orden. Una agradable sensación de que se estaba llevando a la práctica aspectos fundamentales para nuestra Magna Institución, que tomaban cuerpo dejando de ser puros ejercicios retóricos o malas paráfrasis de temas genuinos. Esa percepción de la Universalidad masónica es palpable en no pocos medios de expresión, que hoy día acercan pueblos y continentes a la velocidad de la luz, intercambiando virtualmente información, formación, experiencias, anhelos y, por qué no, alguna que otra desilusión.

Estos flujos internáuticos, como toda energía, pueden ser de magnífico efecto constructivo canalizados adecuadamente, y si detrás de ellos existen voluntades de acercamiento y para crear puentes (como algunos gustan denominar). Por el contrario, algunas frustraciones personales emplean su poder para arremeter cobardemente desde el anonimato a los que con la mejor de las voluntades “se mojan” poniendo nombre, e incluso cara, a opiniones que, aunque puedan ser discutidas, esperan un día hacer realidad esa Universalidad a la que arriba hacía referencia.

Estos últimos están perdiendo la batalla (dialéctica, claro está). No pueden impedir que el verdadero librepensamiento se asocie entre sí para crear una red de opinión cada vez más sólida capaz de materializar aquello que desde la simple individualidad sería solo posible como un plano o diseño ideal. Y es que los primeros tienen la razón. No se trata de una razón abstracta. La da la pura coherencia de ser fieles a los propios compromisos expresados en nuestras Recepciones y que, por amnesia, temor o ambición, algunos han dejado en la nevera. Cuan molesto resulta para ellos ciertos hermanos lúcidos, decididos (valientes, diría sin equívoco) que desde sus diversas lanzaderas de opinión despiertan en nuestras consciencias replanteamientos de qué y cómo estamos haciendo las cosas.

Nuestro trabajo personal evolutivo nos auto-exige una responsabilidad colectiva (aludiendo a la simbólica de la “colmena” que un muy Querido Hermano en ocasiones me ha referido) que nos lleva de forma natural a tomar parte activa en la configuración de las nuevas estructuras y vivencias de interacción masónica.

A efectos prácticos me siento muy dichoso tanto por las experiencias vitales apreciadas, como por la iniciativa de algunas estructuras tendentes a reunir lo disperso, y no a estigmatizar a aquel que no sigue el pensamiento único. Es en la línea de trabajo (que tomo del mismo Querido Hermano referido) propuesta desde las bases, donde puede construirse otro tipo de diseño de colaboración, enriquecimiento y crecimiento mutuo, sin que `por ello las superestructuras deban sentirse amenazadas. Si así es, es que con frecuencia el ideal de servicio a las mismas con cuyo fin fueron creadas, ha mutado o, sencillamente, sus coordinadores no dirigen con acierto la interpretación de la obra que les ha sido encomendada.

Aún quedo atónito como mentes aparentemente brillantes, acatan una sumisión, aceptada libremente, a sabiendas de lo desafinado del tema. Cómo pudiendo crear excelentes orquestas sinfónicas, algunos se obstinan en no ir más allá del litófono.

Pero de regreso al origen de mis pensamientos, hoy no tiene sentido pretender hacer callar al que en mayor o menor medida pueda alumbrar un sendero conjunto más participativo, más armónico y más universal. Hoy no puede quedar impune ante las conciencias de los demás ni ante la vista de todos, aquellos que pretendan descabezar a quienes preconizan, razonan, argumentan y practican la triple divisa de la Orden.

Es por todo ello, a la vista de la auténtica praxis de muchos hermanos y hermanas, de su capacidad de construir, organizar, relacionarse, dar, enseñar con humildad, compartir y creer en la solidez de sus principios; en vista de la puesta en práctica de muchas de sus propuestas y de los magníficos resultados revertidos en cariño y conocimiento, sigo convencido de que ese cambio se está produciendo. Imparable pese a quien le pese: sólo desde la ceguera de la vanidad puede anatemizarse al que construya para el bien común.