jueves, 31 de diciembre de 2009

REVISTA CULTURA nº2 dedicado al RITO FRANCES

Lo cierto es que no sí alguien me hubiera dicho hace tan solo tres años que en España habríamos  sido capaces de sacar una Revista exclusivamente al dedicada  al RITO FRACES y además en una revista como CULTURA MASONICA, no me lo hubiera podido creer.
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http://masonica.es/cm/revista_cm_enero_2010.pdf
Ha sido una concomitancia de factores los que al final han cooperado a que este pudiera suceder, por un lado la alianza establecida con el Hermano Joaquín Villalta  del GOI, con el cual con su inestimable ayuda y empuje se pusiera en marcha el Circulo de Rito Francés Roëttiers de Montaleau, luego que se nos fueran juntando otros hermanos mejicanos como Lila y Rodrigo, y finalmente que un editor como MASONICA.ES creyera que era el momento de darle una oportunidad al Rito Francés, en medio de todo el mundo masónico español  y de habla castellana  que nos rodea,  que está fundamentalmente dedicado al Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA) tal y como hemos podido ver estos días en dos revistas como CLIO y MAS ALLA, que han sacado sus numero estos días a la masonería, y en las cuales apenas si se menciona el Rito Francés ni el trabajo que se está llevando a cabo en pro de otros sistemas rituales.

Lo mismo ha pasado con la película que estos días se estrenó en Barcelona, y de la cual me hacía eco en Masonería siglo XXI, todo está mediatizado en función del REAA, que es mayoritario, lo cual no obsta para que haya lugar para otros sistemas rituales.

Por eso que cuando se me presentó la oportunidad de coordinar este número, no dudé un minuto, conjuntar a las máximas figuras nacionales e internacionales en pie de igualdad  hablando de Masonería y Rito Francés, me pareció que era importante para el ámbito ritual y sobre manera para los ámbitos geográficos territoriales de habla castellana, que demandan continuamente trabajos, rituales, herramientas de formación, etc, y que ha obligado a que una Revista como CULTURA MASONICA, haya tenido, al igual que nuestros blogs, a cubrir en ocasiones terrenos y lagunas que debieran cubrir las propias Obediencias.
La demanda de rituales, de trabajos sobre Rito Francés, es un clamor que llega cada día a nuestros emails, es por ese motivo por la falta de respuesta de algunas instituciones masónicas por las cuales el Círculo de Estudios de Rito Francés Roëttiers de Montaleau, se ha  propuesto dotar a la comunidad masónica y estudiosa de los temas rituales, de documentos y trabajos precisos , que sirvan para galvanizar al sistema ritual de los “modernos”el cual guarda una gran pureza.

El trabajo lo han de juzgar ustedes como lectores,la idea del editor y la mía, era dar desde esta plataforma voz a la pluralidad geográfica,  ritual y Obediencial y que desde esa peculiar posición cada uno pudiera dar cumplida cuenta de su encargo en la libertad absoluta de expresión y versión. Ha sido una pena no contar con todas las voces, algunas fueron invitadas y declinaron, otras no llegaron a poder cumplir con su compromiso, como ha sucedido con la “regularidad masónica del Rito Francés” que fue invitada a colaborar en la Revista, Cada uno hace opción de su libertad y de su capacidad, y la nuestra es dar lugar a la pluralidad.

Creo que se ha conseguido calidad y pluralidad, en ellos han colaborado una pléyade de escritores como:  Porset, Marcos, Dachez. Van Win,  Rodrigo Álvarez, Joaquín Villalta , Javier Otaola, o la hermana Lila  Lorenzo, todo un elenco de reflexiones que ahora ponemos a vuestro alcance.

Espero que vuestras expectativas sean satisfechas.y espero vuestros comentario y como no vuestras críticas.

Víctor Guerra. MM.:. RF del GODF

domingo, 27 de diciembre de 2009

LA TRADICIÓN… ¿ TRAICIONADA..?

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Cuando las cosas no salen como se quiere o se persigue, o cuando el grupo que lidera un taller desea acabar con las voces discordantes, o críticas,  se suele ir a la aplicación “sensu strictu” de las leyes,  en en nuestro caso es  la aplicación de los llamados Reglamentos Obedienciales.
Eso de enrocarse en la aplicación a rajatabla de los Reglamentos es toda una tentación que está como bastante extendida en el seno del desarrollo logial y Obedencial, y lo vemos muy a menudo.
Es más, me da la sensación que cuando algunos acuden o invocan  los Usos y Costumbres, o sea la Tradición, que debe formar parte de un taller junto  los Reglamentos de la Orden, y el  Reglamento Particular, noto que hay como una cierta tendencia a pensar que se está invocando una tradición que parece estar fuera de ciertas órbitas obedienciales, máxime de carácter  liberal,  pues hay quien adjudica esos Usos y Costumbres  como patrimonio exclusivo de masonería ortodoxa,  o mal llamada “regularidad”.
Esto de la ausencia de Reglamentos Particulares, y la aplicación de un régimen tan general como las Constituciones y ceñirlo a la logia siempre nos afectará de un modo u otro. Soy de la opinión de que siempre hubiese un marco más cercano  y ceñido a la realidad cotidiana, y que estuviese siempre presente en la logia como ya he dicho conformando una parte importante junto con los Reglamentos Obedienciales.
Unos “Usos y Costumbres” a modo de Reglamentos Particulares, que no deben estar  evidentemente en contraposición con los Estatutos y Reglamentos de la Orden, pero que ayudarán a la hora de organizar y articular un buen desarrollo de la vida logial y que deben recoger los acuerdos y el “ser y estar” de la logia, para que haya menos hueco a los personalismos y las interpretaciones leguleyas de las leyes.
Los Usos y Costumbres, no significa otra cosa que recoger y plasmar, unas reglas del juego para ese caso en que no llegan  los Reglamentos, los cuales deben además  formar parte de nuestro bagaje a trasmitir, y no es menos cierto que  a veces esos parámetros de uso y aplicación por no estar escritos se pierden como una referencial vital de la propia masonería.
En este sentido quiero traer hasta este pizarrón un  artículo de un Maestro Masón de la Gran Logia de Francia, de cuya Obediencia me queda por decir que siempre se han significado por tener una membresía de una alta talla intelectual, en general muy equilibrados, es por ese motivo por el cual aporto el trabajo del Hermano Jean-François Pluviaud, que publicó en el en el Nº 133 de Points de Vue Iniciatiques, que es la Revista oficial de la Gran Logia de Francia., y que viene a situar muy bien el contexto de la Transmisión y la Tradición y el papel que juegan en la vida logial y cuya conceptualidad debiera empaparse esa confección del Reglamento Particular de “Usos y Costumbres” logiales.
Dice el Hermano Pluviaud:
La Transmisión es una de las palabras fundamentales de la Masonería. Se nos presenta como un deber inexcusable, una de las finalidades específicas de la Orden. Como ocurre con la mayor frecuencia, le compete a cada masón (es algo intrínseco a nuestro método) descubrir qué es aquello que está obligado a transmitir, cómo debe transmitirlo y, sobre todo, a quién debe transmitirlo.
En primera instancia, la transmisión tiene que ver con la perpetuación de la vida; pero también, por extensión, con la perpetuación en el tiempo, a través de una cadena de transmisión humana, de una idea o de un comportamiento determinado. ¿Qué sentido cobra entonces la transmisión en la Masonería? Un masón no debe conformarse con cualquier respuesta a esta cuestión, con una idea vaga; pues requiere de una reflexión para encontrar y dar el sentido correcto a la palabras y a las ideas.
La Orden Masónica halla su fundamento en una Tradición, que contiene y da expresión a lo esencial de la vida iniciática y en particular a cuanto concierne al papel y al lugar del hombre en el universo. La Tradición no es “la Verdad”, objeto de la búsqueda de los masones. La Tradición es, simplemente, la búsqueda de una respuesta para la pregunta primera que ya debió plantearse el hombre al convertirse en sapiens-sapiens : “¿Quién soy? ¿Por qué estoy aquí?”.
La Tradición es obra de los hombres, lo que quizás no resulte demasiado gratificante para algunos de ellos. Pero una Tradición es algo muy diferente a lo que solemos llamar “las tradiciones”. La Tradición es original, fundacional; las tradiciones contienen y expresan las creencias de un grupo determinado y son generadas por ese mismo grupo; dependen de la existencia de éste, son contingentes. A la misma pregunta, única, constante y universal, se ha dado una diversidad de respuestas de diferente naturaleza y de ellas han surgido las distintas religiones y, en consecuencia, las civilizaciones. En Occidente, la respuesta más frecuente ha recurrido a la verdad revelada y al correspondiente teísmo. Otras posibles respuestas se apoyan en postulados metafísicos y espiritualistas acompañados de todo un sistema moral y del comportamiento y de las implicaciones que de él caben deducirse.
En la Orden Masónica los diferentes Ritos se prefiguran en función de las tradiciones a las que están asociados, todas ellas interpretaciones específicas de una misma Tradición primera y sus diferencias atañen también al modo en que son puestas en práctica. La propia Orden es la responsable de la Tradición fundacional, cuyo olvido o modificación supondría una desnaturalización del pensamiento masónico en su conjunto y afectaría incluso al sentido mismo de nuestro compromiso con él. La primera responsabilidad de la Orden consiste, pues, en asegurar la transmisión de la Tradición, expresión del fundamento de nuestro empeño y camino iniciático, de la doble naturaleza del hombre –espíritu y materia-, y de la necesidad absoluta que éste tiene de restablecer el equilibrio entre ambas naturalezas, si quiere cumplir su proyecto de transformación de la humanidad.
Pero si la Orden es la responsable de la Tradición, esto no implica que la haya recibido en depósito oficial ni que sea su propietaria exclusiva. En caso contrario no nos hallaríamos muy lejos de una forma de revelación, acontecimiento totalmente antinómico con el hecho masónico. La masonería es una propuesta que se hace a los hombres para que encuentren el sentido de sus vidas y nunca ningún masón ha pretendido que se trate de la única respuesta posible o de la única solución imaginable; es una vía entre otras, aunque su coherencia y sobre todo las perspectivas que ofrece le confieren un atractivo innegable.
La Masonería ha heredado un método que, a través de los siglos, se ha ido enriqueciendo con cierto número de procedimientos, de maneras de ser que ya le son propios y que suponen un modo de llevar a la práctica una metodología iniciática universal. El conjunto constituido por la búsqueda de respuesta a la cuestión existencial, más todas las implicaciones derivadas de esa misma búsqueda –incluyendo elementos comportamentales- es lo que se denomina por extensión como “Tradición masónica”.
La Tradición de la que la Orden es depositaria ha sido elaborada a partir de una interpretación propia de la Tradición primera, de una lectura específica de ella, y de la tradición humanística de la que se reclama el pensamiento occidental, con una mirada particular que nace de una sensibilidad también particular. Quienes nos adherimos a la Masonería lo hacemos por afinidad con esta visión de la naturaleza del hombre y de su misión existencial; una visión con la que nos identificamos con precisión y que nos identifica, una visión de la que nuestra Orden es depositaria y responsable, una visión que la misma Orden ha construido. No hay en ella presencia alguna de la revelación: son los hombres, armados sólo de su inteligencia, de su “espíritu” y su incoercible necesidad de saber, quienes han formulado las etapas de esta búsqueda destinada a conjugar su angustia vital. Para el hombre que ingresa en la Masonería, aquél que comienza a hacerse preguntas y, evidentemente, a imaginar las respuestas sobre la naturaleza de sus mismos aspectos constitutivos, se produce una especie de revelación a partir de este acceso a la conciencia de sí mismo: la revelación de la idea.
Esta Tradición, que constituye el alma y el corazón de la Masonería, es lo que debe ser transmitido. Sin embargo, debemos tomar conciencia de que dicha transmisión sólo puede realizarse en el tiempo, en el largo plazo, no en el espacio de una sola vida sino a escala de todo el género humano. Para que pueda llegar a convertirse un día en una realidad para todos los hombres, es necesario que esta Tradición permanezca inmutable a través del espacio y del tiempo; por tanto, es necesario que sea transmitida en toda su integridad y su autenticidad. Y tal es la misión de nuestra Orden.
Para asumir su elevada misión, a partir del principio anteriormente insinuado (“sólo lo vivo transmite y sólo lo vivo puede ser transmitido”), la Orden masónica hace vivir la Tradición en los seres gracias a la vivencia de los principios masónicos. Al dotarlos de vida, la Masonería logra que esos principios puedan ser transmitidos ya que “estar vivo” es la única condición indefectible para la transmisión.
La Masonería, por sí misma, no transmite nada: forma hombres, iniciados en la vivencia de sus principios y son estos hombres quienes, a su vez, los transmitirán a otros hombres formando una cadena de iniciados que, ésta sí, asegura y garantiza la transmisión. No hay que confundir el principio fundador y el mensaje que contiene en su seno (mensaje que, a pesar de las vicisitudes de la Historia, debe mantenerse vivo y atravesar el tiempo) con los procedimientos de formación del hombre en tanto instrumento de la transmisión. Son procedimientos idénticos en su esencia pero contingentes en su forma. La Masonería suscita y construye hombres que darán vida a los principios al vivenciarlos, y así lograrán transmitirlos. Sin la acción de tales hombres la Masonería sería letra muerta, una mera curiosidad intelectual.
Es esta la Tradición que estamos obligados a transmitir como mensaje a todos los hombres de buena voluntad.
El deber de la ejemplaridad.
La cuestión no es, pues, la de saber qué se ha de transmitir, sino cómo podemos transmitirlo. Hoy, los masones dejamos a nuestros sucesores unos trazos e indicios muy concretos: escritos, rituales, procedimientos.., lo que los masones operativos denominaban un “saber hacer”.
Todo eso es muy útil e importante, pero no es suficiente; porque, a pesar de todas nuestras precauciones, ese “saber hacer”, ese método, se perderían o se desviarían si no alcanzamos a transmitir su razón de ser. El conjunto de nuestra Tradición no puede resumirse o traducirse a unos cuantos discursos, palabras o escritos. Ser masón es un estado, una manera de pensar y de vivir. El método adecuado para transmitir esta esencia es simple. De hecho, sólo hay uno: vivir. Vivir la Masonería en todo cuanto implica. Lo que da forma a eso que conocemos como “ejemplaridad”: Seremos creídos sólo si somos creíbles; seremos respetados sólo si somos respetables.
Esta forma de transmisión, la “ejemplaridad”, es la primera y más importante de todas. Sin ella, sin los comportamientos que implica, todo resulta una simple ilusión. Cualquiera que sean nuestros principios y teorías, no serán sino letra muerta si no los practicamos, si no los vivimos.
Cada masón está llamado a transmitir la Masonería viva. Y la transmitirá siendo él mismo Masonería, pues los masones no somos, ni individual ni colectivamente, más que transmisores, ejemplos vivos. Nuestros comportamientos son los responsables de la supervivencia de la Orden.
Transmitir, si, pero… ¿trasmitir a quién? Si dijéramos que a todos los hombres, diríamos una profunda verdad. Sin embrago, tal respuesta ha de ser convenientemente modulada.

A los Hermanos masones, en primer lugar, además de los principios que constituyen lo que podríamos denominar “la gran idea”, hay que transmitirles el método, los usos y costumbres, los comportamientos, los procedimientos y el vocabulario de la Orden. Esta transmisión intenta explicar el sentido profundo y la razón de ser de nuestra manera de actuar y de comportarnos; y las razones que nos llevan a adoptarlas. En una palabra, debemos explicarles la Masonería, instruirlos en Masonería. Depende de nosotros que se conviertan en buenos masones, pues la naturaleza y la calidad de nuestros discursos son con la mayor frecuencia determinantes en la evolución de los demás. A ojos de los Hermanos, de todos los Hermanos, somos enseñantes; pero enseñantes que no enseñan lo esencial y que son conscientes de la imposibilidad de hacerlo. Ayudamos, señalamos el camino, rectificamos… pero cada uno ha de recorrer su propio camino.

En segundo lugar, en lo concerniente a los profanos, nuestro papel no es el mismo; no podemos, evidentemente, mostrar la Masonería de la misma manera. Por definición, los arcanos de la Orden, el detalle de sus procedimientos, debe permanecer en el secreto reservado sólo a los masones. Hemos jurado no revelarlos. El secreto es el fundamento mismo del método, del descubrimiento de sí mismo conforme se va progresando. Revelar este secreto abiertamente, sin ninguna precaución, supondría la negación misma de nuestro sistema.

Como contrapartida, se puede decir algunas cosas, mostrar cuál es nuestro ideal, expresar nuestros principios, recordarlos o proclamarlos, dirigirnos a lo que hay de más elevado en cada persona.

Todo esto quiere decir, una vez más, que la transmisión no puede existir ni cumplirse si no es por medio de la ejemplaridad.

Cualquiera que sea la calidad o la elevación de nuestros discursos, si las palabras no están de acuerdo con los actos no servirán de nada. Logramos transmitir cuando somos precisamente aquello que queremos transmitir, “mostrándolo” antes que “diciéndolo”. Sin excluir por ello, obviamente, el decir: Hay que decir, decir incansablemente… y mostrar, y poner al alcance de los ojos. Esta ejemplaridad debe ejercerse en todos los dominios. No se pueden mantener dos actitudes diferentes según se trate con masones o con profanos, pues no hay más que una actitud posible: ser conforme a los propios principios.

Se puede por tanto afirmar que es necesario transmitir y que de ello depende la supervivencia de la especie, la pervivencia del espíritu; que no podemos elegir, que estamos ante una necesidad vital. Al igual que transmitimos la vida biológica debemos transmitir la del espíritu, de manera que ambos, armoniosamente equilibrados, avancen a un mismo ritmo, que es la condición esencial para la realización del progreso de la humanidad.

Debemos transmitir nuestra Tradición, nuestra visión del hombre, de su papel y de su lugar en el mundo, debemos transmitir el espíritu. A la pregunta: “¿según qué método de transmisión?” sólo hay una posible respuesta: siendo ejemplares, encarnando los principios que queremos transmitir.
Y debemos transmitir a todos los hombres sin ninguna restricción, por cuanto somos universales.
Debemos transmitir un mensaje único en el espacio y en el tiempo. En el espacio, esto es, en toda la superficie de la tierra, y en el tiempo, es decir, a todas las generaciones futuras. Y en eso consiste nuestra misión.”
Texto recogido por Víctor Guerra MM.:. del GODF