martes, 10 de agosto de 2010

El Rito como vehículo de propiedad Universal (I)

Desde hace tiempo venimos trabajando en la traducción de Rituales de Rito Francés, pero también llevamos un tiempos realizando un trabajo que esperamos poder dar al publico lector en Septiembre , y que viene de la mano de estas reflexiones del Hermano Joaquim Villalta, y de ese murmullo que se ha dejado sentir y que siente sobre purezas rituales, y que da la sensación que se enraíza en torno  al racimo del pensamiento único, tanto ritual como Obediencial , no hay más que leer algunas misivas o decretos , sobre la idoneidad de algunos medios y la descalificación de otros por no ser afines a la idiosincrasia del Imperator de turno,

Como digo esos murmullos, ese poso de la naturaleza pura, nos ha llevado tanto al Hermano Joaquím como a mi a trabajar en dos campos uno la eterna tentación masónica hacia la deriva del Pensamiento Único, ver porqué se produce y como se proyecta, y luego ya en otro campo como el ritual ver y demostrar que cuando se habla de “purezas” en cuanto a los Rituales, por un lado se ignora bastante a cerca de su construcción  y adopción. Joaquim Villalta pone los primeros basamentos  de la reflexión que vendrán confrontados con una serie de comparativas ritualisticas  que demuestran lo que está aseverando este artículo que les adjunto : Es por eso que el concepto de “pureza” es relativo y precisa ser matizado desde distintos ámbitos, básicamente para no confundir al lector. Al respecto, un valioso hermano advertía el riesgo de adoptar actitudes de “salvaguarda de la pureza” para evitar supuestas desviaciones, actitudes muy propicias a generar el riesgo del pensamiento único, sin saber a ciencia cierta por la inmensa mayoría qué es y donde radica dicha “pureza “ para resguardar.
Víctor Guerra.

Recientemente se anunciaba la aparición oficial de unos rituales del Rito Francés en lengua castellana en su estado “más puro”. Ese adjetivo venía referido a los actuales de referencia redactados por/para una determinada obediencia, porque también están en “estado puro” los rituales del Rito Francés Moderno del Gran Oriente de Brasil, o los de la Grande Loge Nationale Française, que utilizan los suyos (y en nada se parecen a los primeros ni entre sí) y lo hacen de forma tan legítima o referente como lo pueda hacer el Gran Oriente de Bélgica o el Grande Oriente Ibérico, por mencionar algunos Chef d’Ordre del Rito Moderno.

Es por eso que el concepto de “pureza” es relativo y precisa ser matizado desde distintos ámbitos, básicamente para no confundir al lector. Al respecto, un valioso hermano advertía el riesgo de adoptar actitudes de “salvaguarda de la pureza” para evitar supuestas desviaciones, actitudes muy propicias a generar el riesgo del pensamiento único, sin saber a ciencia cierta por la inmensa mayoría qué es y donde radica dicha “pureza “ para resguardar.

Por otra parte, me parece respetable el control y distribución de dicho material ritual (además de obvio y evidente su tenencia para las logias hispanoparlantes de la oportuna correspondencia). No obstante, gracias al mercado editorial europeo (y recientemente el español), ha sido posible dar a conocer ya no solo rituales de diferentes versiones del Rito Francés o Moderno, sino que además, se han podido abordar libremente y sin ningún tipo de sumisión a ninguna “militancia”, trabajos y reflexiones inexistentes e irrealizables bajo cielo obediencial (muchos de estos trabajos editoriales son por expertos HH.•. del propio GODF, GLNF, LNF, GOB, GLB, GLRB, etc.), asegurando la independencia, pluralidad y rigor, muchas veces ausente y carente en otro tipo de trabajos “tutelados”.

Lamentablemente, la independencia “académica” no siempre es bien comprendida y suele confundirse con iniciativas para fomentar agravios o confrontaciones. Una pena.

Es un grave error masónico e histórico considerar al Rito Francés o Rito Moderno como propiedad exclusiva de una determinada Obediencia. Igual hay todavía alguien que así lo piensa, pero lamento profundamente esa visión de marketing borreguil a la que me resisto ser sometido con siglas marcadas a fuego diferenciando buenos y malos, auténticos y de “cartón piedra”. El “negocio” de la propiedad ritual o del Rito, es algo que además de poco fraterno, ha llegado a hastiarme y que tan solo interesa a unos cuantos que defienden su calidad aparente revestida de un mandil, banda o collar con un carnet, título o pasaporte confiriendo un estatus de regularidad desde tiempo inmemorial. Permítanme pensar que debe ser algo más que un sello o un acrónimo.

La legitimidad y regularidad de su uso y práctica, además de la conferida a los MM.•. MM.•. regularmente iniciados y recibidos en los distintos grados por transmisión ininterrumpida, es detentada en diversos Orientes por distintas Potencias Masónicas, denominadas "Chef d’Ordre". Todas ellas son garantes del espíritu del Rito Moderno, pero libres para reflexionar sobre sus usos y prácticas dentro de este marco flexible y de necesaria evolución inherente al Rito Moderno.

La fijación de formas rituales ha devenido herramienta para evitar excesos, pero ha coartado usos legítimos y ha deformado nuestra visión del Rito llegando a ser erróneamente contemplado por algunos de su exclusiva propiedad.

En algunas obediencias, por ejemplo, cada logia que trabaja en el seno del Rito Moderno, lo hace mediante un ritual que ella misma ha definido o heredado de su enorme tradición masónica a lo largo de la historia. Esta forma de práctica masónica nos recuerda a la practicada a lo largo del siglo XVIII en el continente europeo, libre aún de fenómenos globalizantes y centralizadores que, en uno u otro sentido, tienen ventajas e inconvenientes. Este doble aspecto funcional de libertad logial y fidelidad ritual, solo es comprensible teniendo claro la estructura fundamental simbólica y filosófica del Rito Francés o Moderno. Precisamente una de las características del Rito Francés o Moderno es la de no proponer más que un modelo, que cada logia adapta.

Para evitar el caos, tan solo precisamos de nuestra capacidad de trabajo dentro de una libertad, pero conforme al Rito, y esta conformidad pasa por nuestro necesario conocimiento de la antes citada estructura simbólica propia, que será igual en sus diversas formas rituales manifestadas, y ello exige, muy especialmente, de la búsqueda de una excelencia de todos los Maestros, que serán en definitiva quienes tienen el peso y la responsabilidad de pasar la llama a generaciones venideras.

Brasil, Holanda, Francia, Bélgica, España, Portugal, forman parte de un no muy largo etcétera subdividida en diferentes obediencias, donde, sin complejos, algunas han tomado su legado y han evolucionado siguiendo los criterios que para su seno han estimado convenientes, y han hecho uso de su libertad y legitimidad con todas las consecuencias.
La diversidad de la Oferta forma parte de la diversidad Obediencial, y pretender alguien erigirse en “auténtico” y “único” curador y “dador” del “verdadero rito pata negra”, no solo sería incierto y errático, sino que sería desconocer completamente la realidad, génesis, estructura y evolución del Rito Moderno o Francés.

Pero vayamos a la fuente, objeto y finalidad misma. Cuando el Rito no tenía nombre alguno, o por el contrario, intentemos pensar en “todos” simultáneamente. Intentemos hallar su común denominador:

Etimológicamente la palabra Rito nos conduce a las nociones de sucesión y de orden. Un rito es aquel conjunto de reglas que fija de forma específica los diferentes trabajos masónicos o ceremonias. Un ritual no pretende tener la autoridad de un libro sagrado al mismo tiempo que no pretende imponer una historicidad o unas creencias específicas. ¿Para qué sirve entonces el Ritual?
Hoy día podríamos concebirlo como aquel conjunto normativo libremente aceptado que nos indica un camino que:

- codifica las relaciones tanto dentro de las Logias como de la Orden
- facilita la libertad de expresión y de pensamiento
- permite articular distintas ideas simbólicas dentro de un espacio y un tiempo con unos específicos objetivos tanto de trabajo colectivo en logia, como de introspección individual
- privilegia las ideas sobre las formas, potenciando valores éticos y morales mediante el respeto a las diferencias, la total libertad de conciencia y el desarrollo personal intelectual y espiritual, fomentando el estudio, el análisis, la observación y la autoevaluación.

El uso del término Rito en masonería es bastante tardío, y obedece a una necesidad de diferenciar las distintas formas rituales que se fueron sucediendo con el paso del tiempo, sobretodo a partir de la proliferación de los denominados “Altos Grados” en los años 1740, distintos a los universalmente reconocidos como simbólicos (Aprendiz, Compañero y Maestro), y cuyos diferentes sistemas de reorganización, llamados en ocasiones Regímenes, condujeron al uso de calificativos que permitieran diferenciar sus particularidades, especificidades y divergencias. Este deseo de reagrupar en función de su génesis y peculiaridades, conjuntos rituales coherentes y estables, desembocó en la aparición de los distintos Ritos hoy existentes.

Po lo tanto, la estructura Obediencial correctamente concebida debe pretender, entre otras cuestiones:

a) Coordinar la ayuda e interrelación logial
b) Ser garante de la correcta aplicación de las estructuras simbólicas inherentes a todo Rito (sea el que sea) lo cual no implica inmutabilidad o evolución en sus distintas prácticas.
c) Facilitar el intercambio y el flujo de experiencias humanas y masónicas entre miembros de distintas Logias y Obediencias.
d) Contrarrestar los excesos o corregir las carencias que pueda padecer la vía iniciática en situaciones de flagrante endogamia logial.
e) Vehicular y tutelar la Tradición y modernidad, pasado y futuro, de nuestra Orden, nuestros Ritos y Rituales, garantizando una excelencia en nuestros Trabajos Logiales y en nuestra puesta en práctica vital cotidiana.
f) Trabajar por y para las Logias (y no al contrario), siendo enormemente respetuosa con la libertad de la misma y la inherente a la condición masónica de sus componentes, siempre y cuando respeten tácitamente los compromisos libremente adquiridos en ese quid pro quo.
Así pues, más allá de esa estructura “relacional”, existe el vehículo que da un ingente y auténtico valor, haciendo funcional y real el fenómeno masónico. Esto es el Ritual.
Pero, ¿cómo?, ¿cuando?, ¿donde? Y ¿por qué se crea?