jueves, 31 de mayo de 2012

APUNTES PARA UNA HISTORIA Y EVOLUCION DE LOS RITUALES.(1)

Una mirada sobre los usos de los “Modernos” y los Rituales de  Rito Francés  del Gran Oriente de Francia


 Introducción.-

Ya en su día lo adelantó el magnifico historiador André Doré, que el tema ritual “es un tema fastidioso y engorroso”.

Embarazoso porque hay una cuestión bastante generalizada entre los propios masones de confundir los rituales con las Obediencias y viceversa. Como si éstos,  los rituales, fueran la expresión doctrinal de los organismos masónicos, o propiedad de éstas, llegando a parecer que la Iniciación masónica en la cual se trasmiten símbolos y enseñanzas fuera algo así como un producto creado exprofeso por los organismos masónicos (obediencias, logias, o Capítulos, etc.),

Cuando la realidad es que  son  la expresión gestual vivida por el sujeto iniciado, y cuyas ceremonias más sencillas y menos complejas se realizaban mucho antes de que se constituyeran las Obediencias  tal como hoy las conocemos.

Ese famoso “Centro de Unión” que se establece a través de la Iniciación se lograba con ceremonias en general muy simples, que por supuesto no exigían la puesta en escena de un gran ritual, sino a través de la realización de unas escuetas ceremonias en las cuales mediaba la trasmisión de palabras, los signos de reconocimiento, todo ello de una forma muy sencilla y modesta pero muy didáctica tal y como nos enseñan los test de preguntas y respuestas  de los catecismos masónicos.

Para situarnos en los contextos historiográficos de los rituales nos pueden ayudar a situar algunas cuestiones para ver como algunas cosas nos van llegando a base del refino y decantación de corrientes y escuelas de pensamiento.

Por ejemplo debemos saber que el término “iniciático” no se usó hasta 1780 por tanto todo ese desarrollo del Método Masónico y la sacralización del espacio masónico, y toda la parafernalia de lo iniciático,  y las concepciones seudo esotéricas del silencio pues son producto de todas esas culturas, corrientes y escuelas  que se le han ido pegando a la masonería… solo hay que ver hasta qué punto era superficial el trabajo en logia cuando una circular de 1789 del Gran Oriente de Francia, esta Obediencia hacía llegar a todas sus logias mediante un edicto que  había  “prohibición de juegos en los locales masónicos”.


Frente a ese rechazo que parece existir de la práctica de la masonería un tanto autónoma y que se denomina:  “Bajo la Bóveda Celeste” o también con un termino algo más despectivo de “masonería salvaje” hay que exponer que por las distintas documentaciones manejadas, sabemos que la logia Centre des Amis se reunían en 1794 y que trabajaba sin “ritual”; y que por ejemplo, ahora que tanto miedo da el hecho de trabajar bajo esa solitaria “bóveda celeste”, decir que las tenidas de una importante Gran Logia como era la de Clermont, la tenemos trabajando en 1795 “Bajos los auspicios de la Naturaleza, de la ley y de la Gobernación”,  lo cual nos da la medida justa de la importancia ritual y administrativa de aquellos momentos, cuestión que a  lo largo de la historia han sido cambiando en función no de seguir pegados a la “regularidad” de los tiempos, sino al tema de la estructuración cada vez más férrea de las Obediencias

Centrándonos en los temas rituales, se ha de observar que se han generado muchos tópicos, debido al gran desconocimiento existente  sobre su procedencia y desarrollo, a lo cual hay que sumar el poco interés que han mostrado historiadores profanos, y estudiosos masones a la hora de abordar el estudio de los catecismo y de  los rituales; lo que ha contribuido en muchas ocasiones al desfiguramiento parcial de muchas realidades rituales y cuya constancia y consecuencia no solo llega hasta nosotros en forma de innumerables tópicos, sino que aún hoy es dificil damos cuenta de ello de esa realidad.

Lo cierto es que son pocos los historiadores y estudiosos los que han tratado esta temática de la ritualística masónica, entre los que cabe reseñar a Le Forestier, Le Bihan, Daniel Ligou, Patrick Negrier, Pierre Noël, Pierre Mollier, Guilly, Langlet y pocos más, eso sin menoscabar los importantes apuntes de Charles Porset, Ludovid Marcos, Roger Dachez, o Jean van Win.. o al propio Jean Charles Nehr; y lo cierto es que la nómina se nos acaba un poco más allá, al menos con relación al Rito Francés, y tampoco es que los trabajos sean prolijos.

De ahí que tengamos montones de historiografías sobre logias y masones, pero desconozcamos la mayor parte de lo relativo a  nuestra propia historia, y menos aún sabemos sobre los desarrollos rituales, ante lo cual nos manejamos con una pequeña porción de tópicos al uso.

Podemos decir sin rubor que apenas sí ha habido una profundización sobre los personajes que dieron luz en 1717 a la masonería moderna, y por supuesto desconocemos bastante, por no decir casi todo, sobre los rituales, a cuya labor de análisis y profundización se puede decir que son muy escasos los autores que se han dedicado a ello, y por supuesto, también son los trabajos consagrados al estudio profundo de los rituales, o los catecismos o las divulgaciones; y más raro aún es encontrar trabajos comparativos sobre tales sistemas de trabajo masónico, para de este modo ver sus diferencias, equidistancias, préstamos y colonizaciones...y como no comprobar su desarrollo y pervivencia como viva herramienta de la expresión masónica.

A quien en realidad he visto utilizar una metodología de trabajo comparado con el objetivo de observar esas herencias e intromisiones, o préstamos en las prácticas rituales, ha sido a Jean Solís, quien en su trabajo REAA, Rituel des trois premiers degrés selon les anciens cahiers 5829, expone sin ambages la metodología a desarrollar.

El mismo autor nos advierte, como lo hace el propio Doré [al que sigo en sus pautas en este trabajo] cuyos dos autores  nos indican que se han editado facsímiles de divulgaciones y catecismos, e incluso rituales, pero han sido exiguas las veces que se ha trabajado científicamente sobre ellos, estudiando su grafía, el corpus léxico, los moldes tipográficos, los estilos, los contenidos, las estructuraciones, lo que nos lleva a poner de relieve una vez más lo mucho que desconocemos en relación a lo que acontece en torno a los rituales.
Por poner un ejemplo claro y tal vez un tanto extremo, pero ello nos servirá ilustrarnos: hay un ritual de 1736 -1748 que a mi juicio es toda una maravilla: “Le Parfait Maçon”; cuando me encontré con dicho ritual constaté como éste rompe con muchas de las tradiciones masónicas al uso al menos con relación a su época, y pese a su coherencia y línea argumental, no puedo negar que se han puesto en tela de juicio algunas de las consideraciones que expone, y ello se ha hecho no en base a un trabajo de profundización, sino marginando tal ritual del que por otra parte apenas si existe una pequeña reflexión de historiadores de prestigio, pese a la coherencia que posee el Parfait…, así tenemos por poner un ejemplo que se le da más valor a las divulgaciones de Prichart que al propio “Parfair Maçon”.

Como bien decía su descubridor Johel Coutura, que trabajó sobre dicho documento, y cuya repentina muerte nos dejó huérfanos de unas investigaciones que iban en la línea de tener que batirnos el cobre sobre este ritual o divulgación y que los historiadores de pro bien porque no encajaba en sus trabajos, o porque este venía a romperles los esquemas que habían trazado en base a Pritchar y Hérault, pronto lo desecharon y lo calificaron “como un amaño editorial con el objetivo de despistar al personal entusiasmado con las divulgaciones de la época”.
Una cabal explicación a esta pereza a la hora de abordar el estudio de los rituales, tal vez provenga de la complejidad de poder contar con ejemplares fidedignos, ya que por un tiempo primó la prohibición de su impresión, hasta que el Régulateur rompió la brecha.

Por tanto lo que tenemos son muchas ediciones manuscritas, con una diversidad de textos y usos diferentes que hacen complicado y complejo su estudio, dadas las modificaciones conscientes e inconscientes que se encuentran en cada uno de esas copias y de las cuales tenemos también pocas noticias.

Volviendo a nuestro tema central, el sistema ritual de los “Modernos”, resulta que tenemos un paradigma, y es que en 1735, en suelo francés, la Gran Logia de Francia tampoco trabajaba ritual alguno, al menos en esos primeros momentos, sino que lo que constaba en sus anales como tal era un documento titulado “Reglas y deberes de la Orden de los Francmasones del reino de Francia


Evolución de los Rituales, paradigmas y paradojas
Si analizamos las distintas divulgaciones y catecismos que hoy tenemos, sobre manera aquellos que hemos vinculados a los “Modernos”, nos encontramos que la llamada práctica ritual no tenía nombre, en aquellos primeros momentos el “uso” era tildado de masonería, tal y como nos indican el Luquet y el Sceau Rompu (1745) y como reafirman el Gages (1763), el Berné (1.740), o el Chartres de 1784.

Es más, ni el propio Régulateur (GODF) que se edita en 1801se atreve a denominar la  base ritual que se utilizaba como Rito Francés; definición que tampoco encontramos en el Murat de 1.858.

Cuando empezamos a oír hablar de Ritual Français será a partir de las compilaciones de Amiable en 1907, y de Groussier (1946) con los cuales se da un importante giro en los rituales obedienciales que se consolidaran en los llamadas de Referencia del 6002 y 6009 que empezaran denominarse como “Rite Français de Référence del GODF” ; ya que el Rito Francés como tal se plantea desde una clave más universalista que trasciende al propio Gran Oriente de Francia; pudiendo de esta manera el GODF introducir variantes en sus bases rituales sin que estas estén sujetas a las críticas de desapego o variación de la tradición de los “Modernos”, situación que expone muy bien Ludovic Marcos en el trabajo que aquí publicamos.

Pero será a partir de la estructuración obediencial que viene de la mano del Gran Oriente de Francia, que toma el relevo de la Gran Logia de Francia, cuando la reafirmación administrativa tome cuerpo y se manifieste con toda su pujanza, por ejemplo, en las Constituciones, estas empezarán plasmando el objeto de la Orden, que no estaba tan claro ni definido en los pre-rituales de antes de 1887, que oscilaban entre la práctica de la virtud (Luquet 1745) al desarrollo de esta, como manifiesta el Chartes (1784), y su incidencia en lo ético –moral, tal y como se expresaba en el 1º artículo de las Constituciones, donde se exponía que el objeto de la masonería era el “ejercicio de la beneficencia y el estudio de la moral universal, de las ciencias y las artes y la práctica de todas las virtudes”.

Todo ello tomará una nueva orientación, con esa reafirmación estructurante de las Obediencias, y sobre manera en el seno del GODF, que será quien plasme en el Ritual de Referencia 6002, los objetivos de la Obediencia masónica, a los que se van air añadiendo más reafirmaciones filosóficas como el hecho de ser: una sociedad filantrópica, filosófica, progresiva, dedicada al estudio de la Verdad y la moral y la práctica de la solidaridad.

Viva expresión de que los Rituales son ante todo mutables, lo demuestra el ritual de Referencia del RF del GODF del 6009, donde se recoge por ejemplo lo aprobado por el Convento del GODF de ese año en relación al tema de la laicidad, concepto y defensa, que viene a sumarse como tal a los Principios de la Francmasonería (FM) que defiende el GODF.

Lo cual no deja de evidenciar una vocación evolutiva de los rituales, ya que la primera recitación de los catecismos, en general muy escueta  se habla de la  masonería  como “práctica de la virtud”,  luego podemos observar que poco a poco se irán introduciendo afirmaciones, y reglas morales que los masones se obligan a cumplir u observar, creando unas estructura, y un cierto  tempus, y una cierta rigidez, en todo lo cual no está exento el aparato obediencial que será quien obligue y determine su cumplimento, y sobre manera como ya he expuesto más de una vez cuando la filiación masónica se torne en una sociabilidad, es cuando realmente los rituales se van a convertir, al menos en el Gran Oriente de Francia , en el “arma para el futuro”.

Este juego de scoiabilidad es el que permite a su vez, en ocasiones por las influencias ideológicas y el medio político social en el que se insertan los masones, que la vida profana está presente en la logia, tal y como el mismo Ludovic  Marcos nos indica, cuando habla a cerca de como algunas logias llegaron a constituirse en un símil de los Comités Republicanos al uso, o incluso cuando se desarrolla  los primeros mimbres estatutarios de 1773.

Digamos pues, que de una concepción de la virtud  como esencia masónica  en relación a las costumbres rituales,  pasamos a la concepción mutualista de la solidaridad, lo cual hará que  paulatinamente se vaya derivando hacia una concepción de sociabilidad y fraternidad que interactúa de forma, muy interesante, sobre una cuestión capital como es la naturaleza del mensaje, que es el “ leif motiv” el cual  hace que diversos hombres se hagan masones para intentar por medio del proyecto masónico, un tanto utópico,  intentar logar una humanidad más esclarecida.

Paralelamente a esta cuestión se va dando esa mutación  de la que ya he hablado de la virtud presente en el corpus ritual se va modificando  con la creciente restructuración obediencial, que cada vez no solo tiene más  peso sino que tiene a la vez un  carácter muy centralista, y finalmente su expresión se a va a ir dejando ver en los rituales que van consignando las directrices filosófico-morales propias de la evolución de la sociedad del pensamiento la cual se retroalimenta de la propia sociedad profana, por cuyo motivo el fenómeno  masónico no es ajeno a ello y tampoco los aparatos político-administrativos obedienciales que en muchas ocasiones muestran de forma poderosa sus inclinaciones ideológico-políticas.

Podemos observar que esa evolución se plasma en los procesos rituales tal vez de una forma paradójica, como se puede rastrear en los trabajos comparativos que desarrollo y que expongo a modo de adelanto, donde ya advierto,  por ejemplo, que los textos que se han venido en denominar “pre-rituales” Luquet y el Sceau Rompu de 1745, Gages (1763), el Berné (1740), no describen cuáles son las herramientas en la recepción de los Aprendices y los Compañeros, por tanto es de suponer que no había tales herramientas, es más se habla, por primera vez de ello en un acta de la logia de Edimburgo que cita el Compás y la Escuadra.

O sea que esas herramientas que nos parecen que sin ellas la masonería se caería en pedacitos, pues resulta que es partir de 1720 cuando se van a ir introduciendo una serie de herramientas en las logias,  las cuales, las herramientas  van a ir deviniendo en símbolos, pero sin apenas  un peso específico en  cuanto al desarrollo de la arquitectura de la logia o en el discurso de sus miembros, al menos hasta que vaya calando más adelante la herencia un tanto “tópica” del operativismo que va a engrosar parte de mítica de la masonería moderna, que será lo que producirá un efecto generador entorno a una cierta veneración simbólica que vemos como se recoge con mucha intensidad en los cuadros de logia del Régulateur.

Refiriéndonos a esa evolución del Rito Francés dentro del Gran Oriente de Francia, debemos anotar sobre manera  que a partir de la “recuperación simbólica” de Groussier,  parte de estos elementos se quedarán vinculados a la logia como modelos simbólicos de cierta importancia, como la regla, el mallete o el cincel.

También podremos advertir en los Rituales de Referencia del GODF, y el trabajo comparativo que  estoy realizando,  que esa diversidad y presencia  será exponencial en otros sistemas rituales,  a la vez que se concita ese fortalecimiento administrativo y estructuración del que ya he hablado. En general, eso sí, será más limitativo ya que se usan criterios de “regularidad” dentro de las Obediencias, y como no, también con la inflexión de una fuerte leyenda historicista de corte caballeresca y la implementación de los diversos “Misterios iniciáticos” y los fuertes conceptos como el “Secreto”, que refuerza toda la trama ritual al uso.

De dicho estudio, tal y como estoy comprobando, se puede decir sin ambages que los “usos” devienen en “rituales” lo cual será el detonante de la gran explosión de ritos y grados, que a su vez van a ir aportando elementos más o menos simbólicos venidos de los más variados horizontes y escuelas, y como tal quedaran fijados en el espíritu y en el propio quehacer masónico, sin que nada de todo ello parezca importar.

Algunos de esos elementos exógenos a la masonería pasaran a ser parte constituyente o al menos de la trama argumental e iconográfica de los catecismos o los propios rituales como pudiera ser el carácter oblongo y sacralizado de la logia, o los propios cuadros de logia, sin menoscabar las columnas, las luces, las distintas herramientas, las diversas piedras, cuya presencia muchas veces no viene reglamentada por texto alguno, pero que irán conformando como elementos indispensables el trabajo ritual masónico, a este tenor decir por ejemplo que algunos de ellos tendrá su nacimiento e importancia a partir del siglo XIX, aunque a nosotros nos parezcan que tienen un lustre y linaje más mucho más antiguo. (Continuará dentro de 14 días)