viernes, 24 de junio de 2016

La Rosa-Cruz escocesa. Perfecto y Libre Masón: Las dos fuentes de la sabiduría iniciática en los «Modernos» (I)

.virtudes-teologales

Hace un tiempo en este mismo blog y el de REAA, se fueron publicando varios trabajos propios y ajenos, sobre manera traducciones . sobre trabajos versados sobre el significado grado que en su tiempo fue «nec plus ultra» de los grados capitulares, como el grado 18º Soberano Príncipe Rosacruz, que presidio con tanto ahínco los Capítulos Escoceses.

He tratado el tema de tal grado (18º) Caballero y Soberano Príncipe Rosacruz relacionado con sus referencias con el cristianismo, así como las visiones de varios estudiosos sobre el tema, por lo cual digamos que hay una amplia panoplia de visiones.

Un tema que me ha preocupado es la relación de tal grado con la practica de una masonería secularizada y descristianizada y las complicaciones y contradicciones, conceptuales , éticas y morales que para diversos tipo de masones acarrea el desarrollo de este importante grado, el cual por ejemplo el Gran Capitulo General del Rito Francés del Gran Oriente de Francia, obvia para colocar el acento en otro grado que no cree contradicciones a los miembros no creyentes de los Capítulos de Rito Francés.

Es un tema interesante que a buen seguro que cuando concluyan estas entregas pues pergeñare a modo de una experiencia vital masónica de estos últimos tiempos.

Ahora traigo hasta ustedes queridos lectores, una amplia y profunda reflexión de un buen amigo y Hermano Pierre Besses, sobre la visión del grado Caballero Rosacruz (18º)  en el seno de aquellos que conformaron el rito de fundación «los Modernos» y que el titula en su largo trabajos como: La Rosa-Cruz escocesa. Perfecto y Libre Masón: Las dos fuentes de la sabiduría iniciática en los «Modernos»

Es un acercamiento que a buen seguro que les resultará interesante, sobre manera para los practicantes del Rito Francés y Rito Moderno.

Victor Guerra 

La sabiduría de la Rosa-Cruz escocesa quedó ceñida durante tres siglos al ternario: Fe, Esperanza y Caridad.

El Rito Francés jugó un papel esencial a la hora de secularizar para su uso por los ciudadanos de la República de los Derechos del Hombre, las tres Virtudes Teologales. La República con este ternario rosacruz volvió a reescribir un rito escocés en base a la enseñanza de una nueva sabiduría: en la cual se debía articular la estética de Schiller y la filosofía de la secularización según Luc Ferry; la paradoja del racionalismo moderno era hacer posible que los Rosacruces pudieran tener un retorno a la sabiduría iniciática de la reliance propuesta por Michel Maffesoli.

«Los Rosacruces: Un grado masónico cristiano en el siglo de las Luces p.172-173.

Para Pierre Mollier: Rosa Cruz sólo es un grado masónico cristiano en el siglo de las Luces.

En el reino de Francia dominado por el poder de la Iglesia Católica, erigida contra la Inglaterra protestante newtoniana, el ensamble de las ceremonias rituales del grado Soberano Príncipe Rosa Cruz es alegóricamente el paso de la muerte a la resurrección de Jesucristo, por tanto, «el Perfecto Mason es la alegoría del Redentor, por ese motivo se exige que todos los sujetos que lo reciben han de ser cristianos. Los otros grados se puede dar a personas que conocen el antiguo templo; pero sólo se puede dar a los que están sumisos a la nueva yo. La fiesta principal es el Jueves Santo».

Por lo tanto, no es sorprendente que el ritual rosacruz del Marqués de Gages, indique que se toma el título de Caballero Cristiano. 

Para Pierre Mollier, el carácter profundamente cristiano de los rosacruces es más importante y esencial que su presentación como grado último de la Orden, o sea la culminación, el nec plus ultra de la masonería. En este caso en Lyon, en 1761. 

Esto es lo que desprende del manuscrito del Marqués de Gages que desde 1763 venía dirigíendo un cierto número de cartas al Conde de Clermont que llegaron hasta 1766. Estas van firmadas «Tu hermano Clermont, Rosa- Cruz Perfecto Masón. El Gran Maestro de la francmasonería francesa marca de esta manera su gran interés en este prominente grado, y felicita al primer Vigilante de su logia al Marqués de Gages, su corresponsal, puesto que ha «humillado a un visitante muy respetable, de la Logia de la Maison du Roy, con todos los grados que él poseía y se le negó el título de la Rosa-Cruz».

La naturaleza cristiana del grado Rosa- Cruz se subrayaba ya en el siglo XVIII.

Así, en 1766, tal y como recoge el ritual L´Etoile Flamboyante del barón de Tschoudy escribe: «El Rosa- Cruz propiamente dicho o el Masón de Heredon, deviene de una masonería renovada, o de un catolicismo puesto en guardia. Me gustaría, y estoy seguro de que su nacimiento a geminado de espinosas circunstancias relacionadas con el Arte Real que le han servido como envolvente de verdaderas alegorías a los principios de la sociedad».

Desde esta misma perspectiva histórica, para Irène Mainguy (pg.225), la palabra Fe proviene de la palabra latina fides, que quiere decir Fe, Confianza, Creencia, Lealtad, que corresponde a la fidelidad, exactitud, a la hora de mantener su palabra, para cumplir sus compromisos, y las promesas.

El tema de la fe se introdujo en el lenguaje de la especulación filosófica para designar esta calidad de completo, absoluto e invencible que le damos a ciertas verdades no susceptibles de ser demostrables. Esta extensión que se extiende a la palabra Fe, y que anteriormente pertenecía casi exclusivamente al lenguaje de la religión y a la teología, fue determinada por el deseo de extender el dominio de la fe y autorizar su intervención dentro de las cosas que constituyen la esfera de las ciencias y la razón.

Ello nació de ese antagonismo de dos cuestiones opuestas que diversos escritores quisieron establecer entre la fe y la razón, con el fin de destruir la primera y luego la segunda. Kant denomina con el nombre de fe moral una creencia racional, aunque no demostrable como la libertad, la existencia de Dios y la inmortalidad del alma.

La Fe, solicitada al caballero Rosa- Cruz corresponde a una buena fe usada a modo de una intención recta y honesta, o sea una especie de franquicia. Fe no siempre está asocia a una fuerte creencia religiosa.

Así en el derecho, se contraen en la obligación la «buena fe»; del mismo modo cuando se escribe al final de un certificado o una certificación se dice: «en testimonio de lo cual, emito este certificado, a utilizar para hacer valer ese derecho. También se llama «línea de fe» en cuanto al nivel de la línea que une el cenit con el nadir, trazando una cruz, por la línea de intersección en su encuentro con el nivel horizontal. 

Para Irène Mainguy, la práctica de estas virtudes (llamadas Teologales, que también podrían haberse llamado antropologales) estarían estrechamente relacionadas con la búsqueda de la Palabra Perdida.
En el ritual de Marqués de Gages, se demanda esto en las preguntas y en las respuestas:
  • P - (Muy Sabio): Muy Excelente, ¿Qué se debe hacer para encontrar la palabra misteriosa?
  • R - Usted lo sabe mejor que yo. Debemos abrazar la Nueva Ley y estar plenamente convencidos de las tres virtudes que son las columnas, la base y el principio.
  • P - (Muy Sabio): ¿Cuáles son estas tres columnas?
  • R – La Fe, la Esperanza y la Caridad.
  • P- (Muy Sabio): ¿Cómo encontraremos estas tres columnas?
  • R- Viajando errantes hacia la oscuridad más profunda. La fe es la primera de las virtudes teologales. En el Antiguo Testamento, se consideraba que la fe era noción de la alianza y elección, mientras que el Nuevo Testamento se considera que la fe es un don de Dios, ahora accesible a todos. (Ritual de 1763, Marqués de Gages)
Según el Diccionario de la Espiritualidad, la fe es el fundamento de toda vida espiritual, al igual que el concepto de vida sobrenatural reposa todo sobre la fe.

Es el sentido inmediato donado por el Volumen de la Ley sagrada, la tradición lo ha recogido y desarrollado haciendo de la fe el principio y la raíz de toda la vida espiritual, en su realidad más profunda y más secreta como en sus actos más abiertos... la mente humana internaliza la fe y la refrenda. Se «aferra» al alma. Se convierte en un modo de acción (Col.1.23), convirtiéndose en un modo de comprensión y visión. Como toda virtud, se integra con la existencia espiritual y es un poder y un deseo de expresar la verdad de que Dios es testigo, una disposición, así como una inclinación a comprender a Dios.

La vida de la fe es, por tanto, una «intención» sobrenatural, en el sentido de que esta es en el fondo una orientación de que Dios, crea y mantiene estable el alma de creyente.

Sin embargo, la integración de la fe en la vida interior, se realiza precisamente porque la fe es un verdadero regalo, y que implica a todas las facultades: al amor, la inteligencia, la memoria, afecta a todas las potencias humanas en sus aplicaciones y su desarrollo temporal.

Irène Mainguy explica las ideas recogidas y codificadas por la iglesia católica oficial, como pilar ideológico de la monarquía absoluta: la fe es la vida espiritual en comparación con un ideal de perfección. La palabra «perfecto» empleada en los escritos evangélicos designa la conformidad con Jesucristo, tal y como refiere Romanos 8:29.

Toda persona que busca la eternidad se esfuerzan por alcanzar este requisito de progresión individual. La Fe puede definirse como una fidelidad activa y confiada en un principio. La Fe también se define como una fidelidad tal y como nos refiriere a Éxodo 24:7.

Para cualquier Maestro Masón, a posteriori para cualquier Príncipe Caballero Rosacruz, hay una confianza, una adhesión a la Orden, una fe en su propia capacidad de agente de la perfectibilidad, de tal modo que es un acto de fe en la perfectibilidad de cada ser. 

Fe de Israel, es el ambiente donde el Eterno y el hombre se encuentran, porque el Eterno es sostenido de ese modo como, presencia y luz. Si no hubiera ningún credo de fe propuesto a Israel, en revancha el pueblo hebreo confiesa ciertas verdades y así inicialmente se diferencia de otros pueblos. Él cree que Dios es el Maestro de la historia, y que esta historia tiene un significado establecido por el Señor, en la cual Israel ocupa un lugar privilegiado en el sentido de que cree que el reino de Dios está por llegar.

En el prólogo de San Juan, la adhesión a la verdad se hace en Jesús, que se presenta como la verdadera luz, la Verdad y el Verbo principal. Tradicionalmente, los capítulos escoceses trabajan con el Volumen de la Ley sagrada, abierta por el prólogo de San Juan. Este texto tiene un sentido espiritual con múltiples conexiones con el Génesis (ibid.p.229). 

Este acercamiento a la verdad está ligada a la ley interior de quién está escuchando o viendo a Jesús, en tanto que manifestación del Verbo divino. Se puede considerar que es caracterizado como un discernimiento conocido a través de las realidades sensibles, y guiarse por los resquicios a los que uno es invitado a mirar. Con razón Irène Mainguy, utiliza la cita martinista que ofrece una definición detallada de esta segunda virtud teológica de los rosacruces en las misiones del Caballero cristiano contra los enemigos de la fe, el campo volteriano de los deístas. Según Furetière, la esperanza es una virtud teologal por la que esperamos la recompensa que Dios ha prometido a sus elegidos, a saber, la bienaventuranza eterna.

Claude Louis Saint-Martin cree que la esperanza es una fe incipiente. La fe es una esperanza completa. La caridad es acción viva y visible de la esperanza y la fe.

La esperanza requiere una fe que es una forma de confianza en otro futuro que no puede ser mejor. Sin embargo, dos obstáculos se oponen a la esperanza, el primero es la presunción, forma de pretensión y orgullo donde la persona confía en sí misma sin la participación de la Providencia; la segunda es la desesperación, que es una forma destructiva y angustiosa a que elimina cualquier energía estimulante y constructiva y como su nombre indica está privada de toda esperanza.

«La esperanza no es sólo una virtud, es una sensación de energía motora de cualquier acción constructiva. ¿No es ella la génesis del universo un elemento fundamental que habita en el espíritu humano? (I. Mainguy, ibid. p. 232). A veces se pide a los creyentes a esperar contra toda esperanza. 

Si tomamos por ejemplo el silencio de un Dios omnipotente antes del triunfo de la injusticia, de actos de barbarie de la opresión, el silencio es desesperante, o aún la aparente victoria de los opresores en Cristo que aparece como una derrota. Esperar «contra toda esperanza» (Romanos 4:18) lo cual reposa por supuesto sobre un magistral acto de fe. De esta fe viene la esperanza, hasta tal punto que consigue confundirse con ella mostrando que está estrechamente relacionado. Si el Eterno se identifica con lo bello, con el bien, la verdad y el amor, es la proyección de un acto de fe y esperanza, y esto nos lleva a identificarlo con estos valores. Esperanza no sería un sinónimo de optimismo, pero en la práctica a menudo se confunden estos dos términos. Aunque hay una sutil diferencia entre los dos, puede ser definido con la esperanza del estado de ánimo del que espera. 

Pierre Besses. Importante masonólogo francés (traducción libre de Victor Guerra)

Nota : La segunda entrega de este trabajo  versará sobre: El Rosa-Cruz escocés para los Modernos, un grado masónico humanista del siglo XIX. El cual se publicará dentro de 15 dias

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